Caso de corrupción de Coslada Mayo 26, 2008
Posted by auroradelprado in autoridad, corrupción policial, coslada.Tags: abuso, autoridad, corrupción, coslada, extorsión, Ginés, poder, policías, prostitución
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Hace unos días los medios de comunicación se hacían eco de la situación que vivía Coslada desde hace más de 20 años. El jefe de Policía llamado Ginés y algunos policías más extorsionaban a gente del pueblo en sus negocios o se aprovechaban de su condición de policías para abusar sexualmente de algunas prostitutas. Además, hay personas que se han quejado de haber recibido palizas por parte de dichos policías.
Cuando surge este tipo de noticias todos nos preguntamos ¿por qué no se denunciaba esta situación? Y también ¿por qué estos policías obedecían a Ginés, el cual se hacia llamar “El Sheriff”, sabiendo que lo que hacían no estaba bien y además era abuso de autoridad?
Está comprobado que cualquier persona sádica que obtiene una posición de autoridad puede ocasionar muchos sufrimientos a sus congéneres, especialmente cuando dicha autoridad está respaldada por el Estado o la Iglesia. Esto, por supuesto, no significa que todos los torturadores de la inquisición fueran sádicos. Simplemente hacían lo que les ordenaban, en la creencia de que el Santo Oficio no podía equivocarse.
En un contexto histórico posterior, muchos criminales de guerra nazis invocaron el pretexto de obediencia a la autoridad como atenuante de su comportamiento cruel y destructivo. También, seguramente, los soldados americanos acusados de cometer atrocidades en el Vietnan esgrimían pretextos similares.
El Doctor Jerome Frank, en su libro “Sanity and Survival”, explica los experimentos de S.Milgran. Preparó una situación en la cual una cantidad de jóvenes americanos normales creían estar estudiando los efectos del castigo en el aprendizaje. Con este propósito se les solicitaba que administraran choques eléctricos a un sujeto cada vez que cometía un error en un simple proceso de aprendizaje. Además, se les pedía que debían aumentar después de cada error la fuerza del choque.
El resultado fue muy interesante, pero a la vez muy alarmante, ya que estos estudiantes normales continuaron administrando al sujeto este tratamiento, sabiendo que era bastante doloroso e incluso potencialmente letal, a pesar de las advertencias marcadas en el aparato. Ellos lo hacían simplemente porque el experimentador les ordenaba que así lo hicieran.
Lo que demuestra, que la tendencia humana a obedecer a la autoridad resulta mucho más fuerte que la tendencia, igualmente humana, hacia la compasión.
La tendencia humana a obedecer a la autoridad está ligada, probablemente, con el hecho de que la obediencia es un hecho biológicamente adaptativo para los animales que viven en grupos. La mayor parte de los primates forman jerarquías de dominio conforme a las cuales el grupo resulta controlado por un superjefe, o bien por una oligarquía integrada por los machos más fuertes. Estos individuos dominantes tienen derecho preferencial a la comida y al acoplamiento con las hembras.
La tendencia humana hacia la obediencia sin cuestionamiento a la autoridad es un rasgo biológicamente arraigado, originariamente adaptativo por cuanto favorecía la supervivencia del pequeño grupo tribal que constituía la unidad social del hombre primitivo. La obediencia aún es adaptativa.
Sólo hay que imaginar el caos que sobrevendría si los individuos no obedecieran las órdenes de los policías, las normas de tráfico, o desoyeran las indicaciones de individuos mucho menos trascendentes que disfrutan de una autoridad temporal, como los organizadores de conciertos o reuniones públicas.
Por lo tanto, una de las características más notables de la turba humana radica en su tendencia corderil a seguir a un líder; mucho más que en su ocasional descontrol.
¿Qué hay detrás de un paidófilo? Mayo 26, 2008
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La agresividad erótica o sexual ha experimentado un gran incremento social durante los últimos años, por la progresiva difusión y desarrollo de la pornografía en todas sus modalidades.
Se ha demostrado que el contenido del material pornográfico cada vez tiene mayor número de conductas sexuales anómalas o aberraciones sexuales. Cada vez se vende más material pornográfico relacionado con la paidofilia, favoreciendo de este modo el desarrollo de esta práctica sexual. El mercado de la pornografía explota unos deseos.
Los consumidores de este tipo de material no consideran que dañen a los menores, aunque el 30% de los adictos acaban cometiendo abusos sexuales a menores. Un menor cae en las redes de la pornografía infantil por razones psicológicas en los países desarrollados y económicas en los más pobres.
Se denomina paidofilia al trastorno psicosexual caracterizado por el interés erótico hacia los niños, mientras que la pederastia se define como el abuso deshonesto cometido contra los menores.
Los pederastas se sienten atraídos por niños menores de 13 años; los adultos por lo general les suelen dar miedo. Tienen un problema de relación sexual y de falta de habilidades sociales con adultos y recurren a los niños.
Las personas que presentan este trastorno y que abusan de los niños, según sus impulsos sexuales, algunas veces se limitan simplemente a desnudarlos, observarlos, exponer sus propios genitales a ellos, masturbarse en su presencia o acariciarlos. Otros son más agresivos, haciéndoles a los niños penetraciones anales o vaginales y otras variaciones no menos agresivas, utilizando la fuerza y la violencia para conseguir sus fines.
Muchos pederastas amenazan a sus víctimas para que no cuenten nada de lo que les hacen; otros llegan a matar al niño del que han abusado, por miedo a ser descubiertos. Como los pederastas son reincidentes, el que acostumbra a matar a sus víctimas se convierte en un asesino en serie.
Otros ganan a los niños con regalos, incluso llegan a ganarse la confianza de la familia para acercarse más a la víctima y así consumar su deseo irrefrenable.
Nadie nace siendo un pederasta, ni un exhibicionista, ni un violador; estas conductas dependen de una serie de factores, que van a contribuir en el futuro comportamiento , es importante conocerlos.
Las explicaciones propuestas sobre el origen de este comportamiento sexual, se deben a factores de educación y aprendizaje, y experiencias asociadas a la conducta sexual ocurridas durante la infancia y la adolescencia, el haber sido sometido a una educación sexual de carácter negativo, represivo o culpabilizador, creando inhibiciones que los convierten es seres enfermizos psicológicamente. No deja de ser significativo que el 25% de los niños abusados sexualmente en su infancia se convierten ellos mismos en abusadores cuando llegan a ser adultos. No se conoce, sin embargo, ninguna enfermedad ni trastorno orgánico que lleve unido necesariamente el desarrollo de esta alternativa sexual.
En algunas familias el tema sexual se ignora lamentablemente, y jamás se habla de nada relacionado con la sexualidad, incluso si los hijos preguntan algo del tema sexual se les trata como si fueran unos pervertidos. Los niños van asumiendo que todo lo relacionado con lo sexual es malo, es sucio, a pesar de la curiosidad que el tema les suscita, han de reprimirla, pues es un tema prohibido.
Esta represión se refuerza muchas veces en el colegio, porque algunos profesores demonizan todo lo referente al sexo. Con lo cual los niños crecen con una idea tergiversada de lo que en realidad es la sexualidad, que es algo natural en las personas y forma parte de nuestra personalidad como seres sexuados que somos desde que nacemos hasta que morimos.
Sabemos que la represión siempre va unida a la obsesión, y esto dependiendo como sea la persona puede determinar su vida.
Más tarde, cuando aparecen los caracteres sexuales secundarios, hacia los 12 años en la época de la pubertad, comienzan a segregar hormonas sexuales y surge el impulso sexual, comienzan a masturbarse y sienten placer, les agrada enormemente. Esto puede desconcertar muchísimo, sobre todo a las personas cuya educación se ha basado en la represión y la prohibición, por un lado, les han enseñado que todo lo relacionado con el sexo es malo, es sucio, pero por otro lado sienten sensaciones placenteras cuando se acarician sus genitales, aunque se pueden sentir sucios y malos por hacerlo, lo hacen, también comienzan a sentir atracción sexual por otras personas.
Esta contradicción con la que viven, les produce verdadero sufrimiento, un sufrimiento que se traduce en una auténtica obsesión producida por la extremada represión. La consecuencia es una gran ansiedad, que tienen que canalizar para liberar tensiones. La educación errónea sobre la sexualidad, junto con la carencia de habilidades sociales y el temor a las personas adultas genera desde la infancia graves desequilibrios emocionales, llegando a considerar a los adultos como personas represoras y autoritarias, con las cuales les va a resultar muy difícil relacionarse durante el resto de su vida.
La represión, desarrolla en la persona una necesidad de satisfacer su sexualidad de forma errónea y prohibida.
Por lo tanto, las personas tienden a canalizar este caos de diferentes formas. Pero, por desgracia, una de ellas puede ser la desviación hacia la pederastia. Los pederastas son personas terriblemente reprimidas sexualmente, pero que a la vez están obsesionas con el sexo; la desviación sexual la encauzan hacia los niños porque éstos son seres más indefensos y vulnerables y con ellos se sienten más seguros. Y porque temen a los adultos.
Para este tipo de personas los niños son ideales, jamás los van a delatar. En cambio, los adultos les imponen, les recuerdan a las personas que siempre les prohibían todo lo relacionado con el sexo y que no mostraban cariño y comprensión por ellos; por lo tanto, los niños son las víctimas inocentes que eligen, sin pensar en las consecuencias negativas que un acto sexual con un niño pequeño pueda tener para la futura vida de éste.
El trastorno empieza a manifestarse en la adolescencia. Los individuos pederastas tienen el doble de preferencia por su mismo sexo que por el contrario.
La mayoría de los pederastas son hombres y muchos llegan a casarse para cubrir las apariencias.
Ingran (1979) entrevistó con detalle a 11 hombres que habían sido condenados por sus implicaciones sexuales con niños. Todos ellos manifestaron un pasado común, represión, mala relación con las madres, temor y distanciamiento con el padre. Todos confesaban haber tenido una infancia carente de amor y de relación cálida con su grupo de referencia, en definitiva, una infancia infeliz. El autor concluyó que esto podría haber facilitado su tendencia a implicarse con niños indefensos.
Influyen también varios factores, incluyendo la proximidad, los traumas o privaciones sexuales, represión, abuso sexual y emocional, carencias afectivas. Puede también haber otros elementos que determinan la selección sexual de un niño como objeto: como ellos han sufrido dominación en su infancia necesitan utilizar también la dominación y ésta ejerce un fuerte influjo en la mayoría de los casos.
El seductor escoge a un niño como objeto de sus insinuaciones porque no se siente lo bastante poderoso como para obtener lo que desea de una persona adulta.
En una relación niño-adulto la estructura de dominación está incorporada desde un principio, en virtud de la fuerza y tamaño superiores del adulto. El adulto débil, inseguro, al acercarse a un niño se siente aliviado de la carga de competir en términos igualitarios o afirmarse como macho adulto para requerir una respuesta femenina adulta.
El pervertido es, esencialmente, una persona que no ha logrado afirmarse en términos igualitarios con respecto a los otros machos, o bien que no ha logrado competir con ellos. De aquí que su principal preocupación se relacione no sólo con la sexualidad o la satisfacción de sus ansias de placer, sino con el establecimiento, necesariamente previo, de un estatus dominante. Sólo cuando lo logra se encuentra en condiciones de gozar de su sexualidad.
Otras características de los pederastas:
Suelen ser personas retraídas, con escasas habilidades sociales, e inseguros.
Provienen de ambientes familiares muy cerrados; no aprenden otras pautas sociales de comportamiento.
No tienen amigos, son personas raras, introvertidos, tienen baja autoestima, se creen incapaces de gustar a alguien.
Tienen serias dificultades para relacionarse con los adultos.
Causándoles problemas de ansiedad las relaciones sociales, tienen miedo al rechazo y al ridículo.
Algunos tienen complejo, o inseguridad, respecto al tamaño del pene.
Consideran el problema como una adicción, como algo que no pueden evitar.
Los pederastas no son personas enfermas, son personas con una fuerte represión sexual y emocional, son egoístas, sólo piensa en ellos, no piensa en el daño que puede hacer a los niños; para ellos son meros objetos sexuales que sirven para satisfacer su impulso y deseo sexual, los cosifican, tienen una perspectiva errónea de la realidad.
Las carencias afectivas, el no haber tratado con naturalidad lo relacionado con la sexualidad, en definitiva, la falta de información sobre educación sexual, han hecho que se produzca una alteración en el proceso de su sexualidad, canalizando su impulso de forma errónea.
Estas personas carecen de la capacidad de empatía, no han desarrollado la capacidad de ponerse en lugar de los demás. La empatía y la compasión deben inculcarse dentro de la familia, por los padres, porque si esto no se aprende dentro de la familia es muy difícil aprenderlo en otro contexto. Es en la familia donde se trasmiten las actitudes, los valores y los comportamientos; no olvidemos que la familia es la primera escuela de aprendizaje.
El problema ya no sólo es para la persona en sí, sino, aun peor, es el daño que puede ocasionar a otras personas, en este caso a seres indefensos como los niños. El pederasta nunca va dejar de serlo. Esta distorsión errónea que se ha producido en su mente, causándole verdadera ansiedad, va a llenar prácticamente su vida al estar constantemente obsesionado en conseguir víctimas para saciar su apetito sexual. Creen que se reducirá su ansiedad en sus relaciones con los niños, pero lo cierto es que nunca llegan a estar satisfechos y siempre estarán buscando víctimas nuevas como una verdadera obsesión.
Son individuos realmente obsesionados; en Alemania se conoció el caso de un pederasta reincidente; había sido encarcelado por largo tiempo y el mismo pidió que le castraran físicamente para así evitar abusar de nuevo de los niños. El resultado fue que al poco tiempo el pederasta volvió a abusar de nuevo de niños sexualmente. La castración asegura una notable reducción de andrógenos, sin embargo, algún estudio demuestra de un 10 a un 34% de los varones pueden continuar con cierta actividad sexual tras la intervención.
También se puede reducir el interés sexual de forma farmacológica, pues el apetito sexual y el deseo dependen de la concentración de andrógenos, por lo tanto, se puede disminuir el deseo sexual alterando sus bases hormonales.
Para manipular el proceso hormonal, se suele utilizar el acetato de medroxiprogesterona y el acetato de ciproterona.
Se ha demostrado una reducción importante de los niveles de testosterona por el tratamiento de ACP y AMP; esta reducción se traduce en disminuir el impulso sexual, las fantasías y el comportamiento sexual desviado. Se han utilizado estrógenos con este propósito. Los estrógenos son hormonas que pueden producir efectos secundarios en los hombres, como náuseas y ginecomastias, que pueden derivar en tumoraciones malignas y trombosis.
Otra opción han sido los progestágenos, que tienen menos riesgos y efectos secundarios que los estrógenos, pero también se han observado alteraciones en la espermatógenesis.
Es decir, la castración química no sería eficaz para terminar con este tipo de trastorno, pues además de los efectos secundarios que producen dichos tratamientos, deberían seguirlos el resto de sus vidas, pues en el momento en que se interrumpa el tratamiento, los niveles de testosterona volverían a ser normales y el impulso y el deseo sexual regresarían de nuevo. Por otro lado, este tipo de comportamientos sexuales suele ir acompañado de factores, como los comentados anteriormente, para los que los fármacos no tienen utilidad.
El recurrir al control de los individuos por medio del tratamiento farmacológico puede derivar en problemas éticos si se hace sin su consentimiento. Pero si la persona en cuestión lo demanda y se responsabiliza de las consecuencias es factible hacerlo, sabiendo que sólo es efectivo mientras se siga el tratamiento. En el momento en que se interrumpa, el peligro aparecerá de nuevo.
Los individuos pederastas generalmente no quieren someterse voluntariamente al tratamiento y raramente lo hacen si no son forzados por la ley y la sociedad.
No se puede establecer ni generalizar un tratamiento único, hay que tener en cuenta las propias características específicas de cada caso, que son las que han de determinar las pautas del tratamiento a seguir ante cada problema.
La mayoría de estas personas no llegan a rehabilitarse nunca. En EEUU se han gastado enormes cantidades de dinero para rehabilitar a este tipo de personas y los resultados han sido negativos.
Hay un porcentaje de recaídas muy alto. Pero el tratamiento psicológico es necesario, porque se pueden prevenir problemas mucho más graves.
Hay que prever este tipo de comportamientos desde la educación.
Todas las investigaciones subrayan la posibilidad de modificar la crueldad y destructibilidad del hombre prestando atención a la crianza infantil.
Nuestros líderes, en su preocupación por los temas importantes, deberían prestar más atención a la investigación que relaciona el comportamiento adulto con los métodos utilizados en la crianza y educación infantil.
El problema que genera destructividad humana desgraciadamente todavía no tiene una respuesta concreta. Sólo nos cabe la esperanza de que una mirada más detenida en la educación y el desarrollo del animal humano, termine por producir alguna modificación en nuestra violenta y destructiva especie.
EL PADRE MONSTRUO DE AMSTETTEN Mayo 6, 2008
Posted by auroradelprado in Padre Amstetten.Tags: abuso, amstetten, austria, elisabet, encierro, incesto, maltratador, monstruo, natacha, terapia, violación, zulo
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El año pasado nos conmocionamos con la noticia de Natacha, una niña que había sido secuestrada a los diez años y permaneció encerrada durante ocho años hasta que pudo escaparse. Hace uno días hemos conocido la macabra historia del padre de Elísabet a la cual secuestró durante 24 años, violándola reiteradamente. Fruto de estas violaciones nacieron siete hijos, uno de los cuales murió al nacer por carecer de los cuidados pertinentes, y el padre-abuelo quemó el cadáver en una caldera.
Por los medios de comunicación sabemos todos los detalles de esta horrorosa historia. ¿Pero porqué suceden estas historias o por lo menos las que conocemos concretamente en Austria? Según parece, en Alemania, Austria, y ciudades nórdicas en general, las personas son muy celosas de su vida íntima; el padre monstruo vivía rodeado de vecinos cerca de su casa, y les había prohibido terminantemente acercarse a su garaje, el cual no estaba exactamente debajo de su vivienda, sino en un cobertizo cercano, que era donde había construido el bunker, donde tenía secuestrada a su hija y demás niños fruto del incesto. Esta es una de las razones por las que nadie oyó nada, ni siquiera su propia familia. Las familias viven en ambientes muy cerrados, no se relacionan fácilmente, y este tipo de ambientes son un caldo de cultivo idóneo para que individuos como el monstruo de Amstetten cometan tales atrocidades, que no serán de las últimas que hablemos desgraciadamente.
Hay algo que está muy claro, y es que este padre es un auténtico psicópata; carece de sentimientos, de empatía, es egoísta, vive sólo para él sin importarle nada más. Estas personas creen que están por encima del bien y del mal, son completamente conscientes de que lo que están haciendo está mal, incluso fuera de la ley. Sabía perfectamente que estaba abusando de su hija, pero no le importaba lo más mínimo, ya que para los psicópatas lo más importante son sus propios intereses, que están por encima de todo y harán lo necesario para que así sea .
El padre-mosntruo, según se ha sabido, no mantenía relaciones sexuales con su mujer, ya que no le gustaban las mujeres obesas. Por lo tanto, se aseguró de satisfacer su impulso sexual eligiendo, por desgracia, a su hija, que le atraía sexualmente, y por su visión distorsionada la cosificó como objeto sexual.
Comenzó a abusar de Elisabet con tan sólo 11 años. Ella se rebelaba y amenazaba con irse de casa. El padre psicópata la consideraba un objeto sexual, no una hija, y no dudó en drogarla y secuestrarla a los 18 años para obtener placer sexual cuando el quisiera; pensaba erróneamente que era algo suyo y por lo tanto podía hacerlo. El psicópata disfruta tanto o más con el poder de subyugar, de apresar, de dominar, de poder burlar al mundo con su inteligencia que con lo meramente sexual. Para él su propia hija era claramente su esclava sexual.
Vivimos en el siglo XXI, y el padre-monstruo sabía que si mantenía relaciones con su hija, ésta podría quedarse embarazada, como así ha sido. Si este hombre organizó todo tan minuciosamente para satisfacer sus deseos sexuales, y ató todos los cabos para que no le pillaran, ¿cómo no se le ocurrió que su hija tomase anticonceptivos, o usar preservativos, precisamente para evitar males mayores? Es, sin lugar a dudas, un comportamiento absolutamente aberrante.
El psicópata no es un enfermo mental; tiene una visión distorsionada de la realidad. Este tipo de personas, por lo general han tenido una infancia donde ha habido probablemente abusos sexuales y emocionales, la educación que han recibido se ha basado seguramente en el autoritarismo, y los psicópatas acumulan un gran resentimiento a lo largo de su vida. Ellos se construyen su propia realidad a su medida, creen que lo que hacen es justamente lo que tienen que hacer; de hecho, este padre-monstruo justificaba el encierro de su hija porque así la protegía de los peligros de la droga, como si así le hiciera un favor. Se sentía un dios todopoderoso.
Este tipo de personas son fundamentalmente narcisistas; sólo se quieren a ellos mismos. Un ejemplo más son las vacaciones del padre-monstruo en Tailandia sin su mujer e hijos: se fue en compañía de un amigo para disfrutar a sus anchas de lo que todos ya sabemos, teniendo a su hija y sus hijos-nietos encerrados bajo tierra.
Si hacemos un ejercicio de empatía, y nos ponemos en el lugar de Elísabet, imaginaos el día que la encierra en el bunker. Probablemente ella pudo pensar que era algo temporal, pero que su padre la dejaría salir en algún momento. Seguro que al principio no era consciente de la ilimitada crueldad de su padre, pero cuando pasa el tiempo y su padre la viola con frecuencia, la golpea, la trata como a una cosa, y el tiempo pasa, ella se desespera y llora constantemente, y un día se da cuenta de que además está embarazada, y el niño es de su propio padre. ¿Os imagináis el sufrimiento de Elísabet? Nueve meses en la mazmorra bajo tierra, viviendo su embarazo sola y sometida sexualmente a todo tipo de vejaciones por su monstruoso padre. Probablemente en algún momento se le pasó por la cabeza la idea del suicidio. Se preguntaría una y mil veces ¿qué habré hecho yo para merecerme esto? Cada vez que oyera el ruido de la puerta de entrada se horrorizaría, pensando que una vez más el padre monstruo venía una vez más a abusar de ella. Estos 24 años para Elísabet han debido de ser horribles. ¿Cómo puede volver a confiar en alguien si su propio padre la ha defraudado tanto?
Será muy difícil la recuperación de Elísabet y de los otros tres niños, pero sobre todo de Elísabet, porque ella había vivido durante 18 años una vida normal con su familia, sabía lo que había fuera. Los niños no lo conocían porque habían permanecido siempre en el bunker, desde su nacimiento.
Las personas que los están tratando creen que tendrán que someterse a ocho años de terapia para recuperarse. Les deseo lo mejor y que el resto de su vida recuperen parte de la felicidad que les han robado de la manera más cruel que se puede hacer, privándoles de libertad sin haber cometido ningún delito. El único delito o la mala suerte, fue el haber sido hija de un padre-monstruo. A éste le han preguntado si se arrepiente de lo que ha hecho; su contestación ha sido que él no tiene que arrepentirse de nada porque siempre se ocupó de ellos. ¿Os dais cuenta de lo distorsionada que percibe la realidad?
Este monstruo necesita terapia urgente: que esa capacidad de empatía, compasión y comprensión que todos poseemos, y que es necesario desarrollar para luego poder aplicarlas en la vida en nuestra interacción con los demás, las desarrolle aunque sea tarde. Hay que aprender a ser buenas personas desde la infancia en el seno de la familia; hay que confiar en que nunca es tarde para aprender. El terapeuta que le trate tiene que intentar que el padre-monstruo se ponga en el lugar de su hija y de sus hijos-nietos para que se de cuenta del daño que les ha infligido condenándoles a vivir bajo tierra durante tantos años.
Este tipo de personas son muy difíciles de tratar puesto que ellos piensan que no tienen ningún problema, que los problemas los tienen los demás. Actúan con coherencia respecto a cómo perciben la realidad a su manera monstruosa, más en este caso.
Desgraciadamente seguirá habiendo monstruos, muchos, desgraciadamente en el entorno familiar; a lo mejor, no llegan al extremo del monstruo de Amstetten, pero los niños y niñas que los sufren quedarán con graves secuelas para el resto de sus días, y serán infelices si no acuden a terapia. Solo se denuncia un 10% de los abusos a menores, pero sabemos que la mayoría no se denuncian. Es preciso denunciar; si no se hace, se favorece al acosador, nunca a la víctima.