Un teléfono para el maltratador Julio 12, 2008
Posted by auroradelprado in psicología.Tags: Add new tag, agresión, machista, maltrato, violencia
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Para el año que viene entrará en funcionamiento un teléfono para el maltratador. La iniciativa parte del Ministerio de Igualdad, y la idea es que el teléfono sirva al maltratador para canalizar su agresividad, y para informarse de cómo modificar el comportamiento violento hacia la mujer. Afirman también que el maltratador es el único responsable de dicho comportamiento.
Por supuesto que respeto todas estas afirmaciones, pero no las comparto. Los maltratadores no nacen por generación espontánea; este comportamiento es aprendido dentro de la propia familia, que es donde se forman los futuros maltratadores. Tenemos constancia de que los factores familiares influyen notablemente en el desarrollo de este tipo de personalidad agresiva. Las prácticas de crianza inadecuadas como son el autoritarismo y la permisividad resultan dos métodos nefastos en la educación de un niño.
Los maltratadores no van a desaparecer con el endurecimiento de las penas, ni aumentando las medidas de alejamiento. Estas medidas, evidentemente, son necesarias y muy importantes porque hay que proteger a las víctimas siempre, pero no son suficientes para erradicar el problema, porque éste, insisto, se origina en el seno de la familia. Por lo tanto, hoy por hoy ya hay una serie de maltratadores que están en camino, que se están formando y que actuarán en su momento.
Por lo tanto, ¿qué podemos hacer? Si dentro de la sociedad surgen este tipo de personas, algo debemos estar haciendo muy mal. En nuestra sociedad, por desgracia, aunque estemos en el siglo XXI, todavía existe mucho machismo y desigualdad. Es muy habitual aún la imagen del hombre autoritario, que es el que toma siempre las decisiones en el hogar y critica y humilla a la mujer delante de los hijos y de otras personas. Ésta no se puede rebelar en ningún momento, porque él le recrimina con el “no empecemos”, o “no me provoques”, y la mujer aguanta y no se atreve a contradecirle; es más, cuando la humilla y la desvaloriza, baja la cabeza.
Estos comportamientos que se siguen dando en algunas familias, son observados y aprendidos por los hijos. Creen erróneamente que el hombre debe tratar con superioridad a la mujer, que la puede humillar, incluso pegar si se le provoca. Incluso las hijas también aprenden que la mujer no debe rebelarse contra su pareja, que es mejor callar y aguantar; y estos modelos se transmiten de generación en generación.
Está demostrado que es a edades tempranas donde los niños aprenden a reproducir los estereotipos sobre los roles de género que observan en el hombre y en la mujer. También sabemos que los hijos de padres maltratadores son futuros agresores en potencia con sus parejas. Según indican estudios realizados en E.E.U.U., Inglaterra, Escocia, Francia y Holanda, la violencia es un comportamiento aprendido, y el 81% de los hombres maltratadores fueron testigos o víctimas de malos tratos en su niñez.
Por lo tanto, es fundamental la educación; la familia es la primera escuela para el niño, es donde se trasmiten los valores, los comportamientos y las actitudes. Los padres son el ejemplo continuado para los hijos, y el modelo de familia que aprendan será el que lleven a su futura familia.
Es importante concienciar a los padres para que se relacionen en un plano de igualdad, con respeto y consideración, desterrando de la convivencia la violencia física y psicológica, porque nadie tiene derecho a ejercerla contra nadie. Así, los niños crecerán en armonía, sin aprender que un sexo es superior al otro.
Todos nacemos con la capacidad de compasión, abnegación, generosidad y empatía, pero necesitamos potenciarlas con una buena educación dentro de la familia, que constituye el entorno más favorable para ello.
Hay que hacer hincapié en la conciencia de igualdad dentro de la familia, pero también en la escuela, no fomentando la discriminación entre los sexos. Y es a partir de una buena educación donde podríamos intentar erradicar de una vez por todas los malos tratos de nuestra sociedad.
Con respecto al “Teléfono para maltratadores”, sinceramente dudo mucho de su eficacia, porque los maltratadores generalmente no se consideran como tales; si actúan con violencia es porque según ellos se les provoca, ellos creen que es la forma correcta de actuar.
Tienen una visión distorsionada sobre su pareja, la cosifican. Para ellos es una cosa suya y por lo tanto pueden hacer con ella lo que quieran, carecen de empatía; esta capacidad no la han desarrollado en su infancia, por lo tanto son incapaces de ponerse en el lugar de la mujer. Ellos las maltratan porque piensan que se lo merecen; incluso creen que les hacen un favor porque así las corrigen; les están enseñando a hacer las cosas como ellos quieren que se hagan y piensan que así aprenderán para la próxima vez.
Los maltratadores, al haber tenido, en general, una mala infancia son personas resentidas, frustradas, e infelices; todo esto se traduce en agresividad contra su propia pareja, que parece ser la fuente de todos sus males. Después de producirse un episodio violento, el maltratador suele sentir un gran alivio de la tensión acumulada, y este alivio suele hacer de reforzador de dicho comportamiento violento, haciendo que se vuelva a repetir por la sensación de bienestar que le ha suscitado.
Esta forma de relacionarse con la mujer, generalmente aprendida en su familia de origen, creen que es la única forma posible de relacionarse en pareja. Por lo tanto, los maltratadores necesitan en primer lugar asumir que tienen un problema; que no es mental sino aprendido, que deben someterse a un programa de “Reeducación de Maltratadores”, y que pueden aprender a ser responsables porque es fundamental modificar dicho comportamiento. Pero también es imprescindible que desaprendan esa serie de roles machistas que muchos hombres todavía llevan consigo de sus ancestros, modificando las distorsiones erróneas, aprendiendo a manejar la ira, y a resolver los conflictos y a comunicarse de forma no violenta, y que aprendan en definitiva que existe otra forma de relacionarse en pareja de forma pacífica sin maltrato ni físico ni psicológico.
La buena noticia es que los maltratadores que se someten a un programa de rehabilitación en el 70% de los casos no se ha producido reincidencia.