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AMAR POR AMAR Diciembre 22, 2008

Posted by auroradelprado in psicología.
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María estaba casada, tenía siete hijos y sabía que su marido tenía relaciones con otras mujeres. La ciudad donde vivían era pequeña, por lo que las andanzas de su marido eran conocidas por todos. Sufría en silencio su humillación, porque si alguna vez le insinuaba algo sobre sus infidelidades, él decía que eso era cosa de hombres y seguía su vida alegremente sin tener en cuenta el sufrimiento que le estaba ocasionando a su mujer e, indirectamente, a sus hijos también. María seguía con él, en primer lugar, porque según ella le seguía queriendo a pesar de todo, porque era el padre de sus siete hijos, y porque nunca había trabajado y con el trabajo de la casa, no tenía tiempo tampoco. Un día, una vecina le dio referencias sobre la mujer con la que últimamente se estaba viendo su marido. María, armándose de valor, cogió a su hija pequeña en brazos y fue a la casa de la nueva amante de su marido. Cuando estuvo frente a ella, le dijo “Soy la mujer de Manolo y sé lo vuestro y te vengo a decir que lo dejes en paz”. La amante, mirándola fijamente, le respondió: “¡Ah! ¿A ti te gusta tu marido, verdad? Pues a mi también, y no tengo más que hablar contigo”, y cerró la puerta de un portazo. María, cabizbaja, se fue a su casa; se sentía humillada, infravalorada y con la autoestima por los suelos. Su calvario no tenía fin, su vida era horrible y ella tremendamente infeliz al lado de un ser tan desconsiderado y despreciable como su marido.


Esta historia, aunque los nombres no son los auténticos, es real, por desgracia. Es un claro ejemplo de una mujer que está amando sin límites. Tiene una idea errónea de lo que significa el amor y vivir en pareja.


Vivir en pareja no significa vivir con sufrimiento. Cuando formamos pareja es para que la vida sea más agradable, más feliz, no para que nos martiricen y nos humillen constantemente. No se debe mantener una relación a cualquier precio; por nuestra propia dignidad, pero también por la de las personas que nos quieren. Nuestra obligación es estar bien en la vida. Si le preguntásemos a las madres para qué tienen hijos, la mayoría dirían que para que sean felices. Estamos aquí para procurar ser felices, no para ser unos amargados y menos dejar que otros nos amarguen la vida, ¡faltaría más!


Muchas mujeres hacen que su vida gire en torno a la de su pareja, se olvidan de ellas mismas y la mayoría de las conversaciones que tienen son acerca de su relación; tratan siempre de buscar justificación a su mal humor, a su indiferencia y a sus desaires. Normalizan comportamientos por los que pueden sentirse ofendidas. Desarrollan tal aguante que su personalidad va anulándose poco a poco, sin que ellas se den cuenta.


Amar sin límites puede parecer algo típicamente femenino, porque los hombres tienden a obsesionarse con el trabajo, los deportes, los coches, o los hobbies. Sin embargo, para las mujeres, la relación de pareja es algo muy importante: muchas se obsesionan con una persona que probablemente no sea la más adecuada.


A las mujeres nos han instruido desde nuestra infancia para amar, ayudar, recuperar y consolar a los demás. Tenemos almas de redentoras y algunas lo llevan hasta las últimas consecuencias, creyéndose las salvadoras; se dejan llevar por la naturaleza, aunque muchas veces no obtienen los resultados deseados y entonces todavía ponen más empeño para conseguirlo.


Luisa rondaba ya los cuarenta, se había casado muy joven, su novio bebía, pero ella pensó que una vez casados lo dejaría, porque ella se iba a encargar de cambiarlo. Lo que sucedió, una vez casados, fue todo lo contrario, pues el marido comenzó a beber más, los hijos suponían más responsabilidad y el alcohol le servía de consuelo. Al cabo de unos años enfermó del hígado y murió. Luisa, después de un tiempo prudencial, se enamoró de nuevo, pero al poco tiempo de formar pareja con el nuevo amor, comenzaron los problemas. Estaba fuera de casa demasiado tiempo y su comportamiento no era adecuado con los niños: finalmente se enteró de que era drogadicto. Después de un tiempo de problemas y discusiones diarias, decidió poner fin a la relación, por ella y por sus hijos.


Luisa seguía su vida, y nuevamente se volvió a enamorar ya con cuarenta años, pero los problemas no tardaron en aparecer de nuevo. Le faltaba dinero de casa, y además, echaron a su nueva pareja del trabajo acusándole de robo. Ella comenzó a investigar la vida de su novio y no tardó en descubrir que era ludópata. Cuando vino a mi consulta lo había echado de casa y en esos momentos él estaba durmiendo en la calle, en el coche, y no estaba dispuesta a admitirlo nuevamente en su casa porque no reconocía el problema que tenía y era obvio que necesitaba ayuda para recuperarse.


Este es un ejemplo claro de cómo Luisa sentía una especial predilección por los hombres problemáticos. Su instinto de redentora, de salvadora, estaba ahí latente, pero sus esfuerzos no daban resultados, y estas relaciones la hacían infeliz.


Cuando las personas aman sin límites, muchas veces no son capaces de distinguir cuándo alguien no es bueno para ellas. Se obsesionan con un hombre, a esa obsesión la denominan amor, se dejan llevar por las emociones que les hacen sentir en esos momentos, se dejan envolver en una burbuja. Creen sentirse seguras y protegidas porque muchas tienen miedo a estar solas y a sentirse abandonadas. Consideran que vivir en pareja es la mejor forma de vivir y buscan ese estado como sea.


Muchas de las mujeres que aman sin límites han sufrido carencias afectivas en su infancia, tienen miedo de que no las quieran, de sentirse ignoradas y solas. Aman desesperadamente, con la intención de que el hombre al que dan su amor les corresponda, entre otras cosas para que supla sus carencias y miedos, y les de lo que tanto les ha faltado desde su infancia, que es el cariño incondicional de alguien que nunca llegaron a tener.


Estas mujeres que en su infancia sufrieron carencias afectivas, se sienten obligadas a dar afectividad y precisamente a hombres que para ellas son seres necesitados de cariño y de su ayuda y que necesitan cambiar.


Generalmente, las mujeres que aman sin límites, provienen de familias desestructuradas, con problemas y, habiendo vivido en un hogar cuyos padres no eran cariñosos ni comprensivos, tratan de cambiar a los hombres que se cruzan en su camino y que quieren formar pareja con ellas. Despliegan entonces todo un arsenal de estrategias dirigidas por amor, a intentar ayudar, cambiar, y recuperar a la pareja. Están dispuestas a hacer lo que haga falta para que la relación funcione, antes de sentirse abandonadas.


Como han sufrido tanto por la falta de afectividad, tienen una enorme paciencia, tratan de obedecer, de transigir, incluso se responsabilizan de las discusiones que surjan dentro de la pareja; en definitiva, tratan de complacerle en todo momento para evitar la temida ruptura.


Algo muy significativo en ellas es la baja autoestima, se consideran ciudadanas de segunda clase, se culpabilizan por todo lo que acontece dentro de la relación, y al mismo tiempo tratan de vigilarlo todo. Son auténticas centinelas de la relación para suplir la poca seguridad que vivieron durante la infancia. Por encima de todo necesitan sentirse útiles, el mero hecho de tener un hombre al lado les hace sentirse afortunadas.


La mayoría, idealizan la relación que viven, para no ver la realidad. Tienen la tendencia de acercarse a hombres que tienen problemas, que les van a causar daño. Y al relacionarse con hombres problemáticos, se olvidan de la consideración que merecen para ellas mismas como responsables que son de su persona.


La depresión a veces hace mella, pero tratan de compensarla con la excitación que les produce una relación insegura e inestable. Para ellas, los hombres formales, que son responsables, fieles, que no suelen dar problemas, que estarían dispuestos a hacerlas felices, no les atraen en absoluto. Este tipo de hombres son sosos, aburridos, simples, no les dicen nada.


Pero a pesar de que se dan cuenta que la relación problemática no satisface sus necesidades, no se atreven a romperla, porque por encima de esas necesidades están otras todavía más fuertes, como las de sentir que están sufriendo por alguien y, al mismo tiempo, se sienten útiles, ya que se han erigido como salvadoras y tienen que cumplir el cometido que se han impuesto.


Se ha demostrado que cuando se sufren carencias afectivas durante la infancia, no aprendemos a querernos a nosotros mismos porque nadie nos enseña a querernos, y lo peor de todo es que creemos que nos lo merecemos.


El amar sin límites se puede convertir en una auténtica adicción. La búsqueda constante de estar con alguien para sentirnos bien con nosotras mismas. Pero esto tiene también la otra cara de la moneda, porque si nos centramos tanto en la relación, va a ir en detrimento de todo lo demás relacionado con nuestra vida como el trabajo, nuestras relaciones, nuestra familia, nuestros entretenimientos… Utilizan, en cierto modo, la relación de pareja para calmar los miedos, las inseguridades y la baja autoestima.


Para ellas un hombre con problemas les resulta mucho más atrayente, pues saben que tienen que hacer un buen trabajo y lo asumen como un auténtico reto. Un hombre que se está divorciando, necesita alguien con quien hablar de su problema. A un hombre que tenga mal humor le será de mucha utilidad tener al lado una persona con paciencia y comprensión. A las mujeres siempre les han atraído mucho los típicos canallas, ellas siempre van a estar ahí para ayudar. Pero un hombre formal, serio, fiel, etc., no necesita ayuda de ninguna clase. No les sirven, pues a este tipo de hombres no los pueden amar sin límites.


Tenemos que tener muy claro que la caridad empieza por uno mismo. Si no nos queremos a nosotros mismos, no podemos querer a los demás de verdad.


Hay que afrontar nuestras limitaciones, trabajarlas para tener mayor calidad de vida. Pensar en uno mismo es bueno, cuidar y enriquecer nuestra personalidad es mejor, no sólo para nosotros, sino para todas las personas que nos rodean. En numerosas ocasiones, se nos va la vida pensando en los demás constantemente, olvidándonos de la persona más importante, que en este caso eres “tú”.


La persona con la que formamos pareja, si realmente tiene problemas, debe solucionarlos ella misma. Nosotros podemos estar a su lado, pero la responsabilidad es suya no nuestra, y tampoco tenemos que permanecer obligatoriamente junto a alguien que no tome ninguna medida para poner fin al problema que tenga y que, además, nos haga la vida imposible.


Algunas mujeres han estado tan volcadas en la vida de su pareja, que han llegado a olvidar sus propias emociones. Se sienten tan anuladas como mujeres, que los incidentes que terminan en broncas, silencios interminables, o escapadas, les producen cierto desasosiego o excitación, y a veces precisan de estos problemas para volver a sentir algo como personas. Es así de triste.


La vida es lo más importante que tenemos. Y estamos obligados a llevarla al mejor puerto posible, por nuestra propia dignidad, pero también por la dignidad de las personas que nos han puesto aquí y que se merecen todo nuestro respeto, nuestros padres.


Tenemos que responsabilizarnos de nuestra propia vida y de nuestra felicidad porque ya tenemos edad para ello, sin depender de nadie. Formarnos, cultivarnos para sentirnos más seguras y autosuficientes, porque se sabe que cuanto menos se necesite a una pareja para ser feliz, mejor pareja serás, y te atraerán y atraerás a personas más sanas.


Schopenhauer decía: “Es prudente dejar sentir, de cuando en cuando, a las personas que podemos pasarnos muy bien sin ellas. Esto fortalece la amistad, y hasta con la mayoría de las personas no es malo deslizar de tiempo en tiempo un tonillo desdeñoso respecto a ellos, y así hacen más caso a nuestra amistad (Quien no estima, llega a ser estimado, dice un proverbio italiano). Si alguien tiene mucho valor real a nuestros ojos, es preciso ocultárselo, como si fuese un crimen. Esto no es muy grato, pero es así”.


Es importante hacernos valer. Ir de “perrito faldero” por la vida, no suele dar buenos resultados, porque los hombres no valoran a este tipo de mujeres. Todo lo contrario, las utilizan. En cuanto se dan cuenta de lo importante que es esa relación para la mujer, y que están dispuestas a aguantar todo para salvarla, comenzará el calvario.


CUANDO NOS VOLVEMOS MÁS SANAS Y EQUILIBRADAS ATRAEMOS A PAREJAS MÁS SANAS Y EQUILIBRADAS.

LA RUPTURA AMOROSA Diciembre 2, 2008

Posted by auroradelprado in psicología.
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Después de una ruptura amorosa, hay que volver a empezar. No podemos quedarnos lamentándonos, preguntándonos qué es lo que hemos hecho mal, o que nos lo merecemos, etc. Este comportamiento sólo nos lleva a sentirnos peor, más tristes y con más depresión.

Podemos considerar la ruptura como una desgracia más en nuestra vida, pero al igual que cuando hay terremotos, incendios, o inundaciones, la gente no se queda en el lugar lamentándose, llorando por lo sucedido y preguntándose por qué me ha sucedido esto a mí, y diciéndose no me lo merezco. Lo que hacen, una vez que ha pasado la catástrofe, es comenzar a buscar un nuevo sitio donde vivir una nueva vida; hay que seguir y empezar a vivir de nuevo. A pesar de las pérdidas materiales e incluso humanas, la vida sigue y nuestro deber es intentar vivirla dignamente, de la mejor manera posible. Por lo tanto, después de una ruptura amorosa, hay que volver a empezar, no podemos quedarnos pasivos ante la desgracia. Hay que actuar siempre.

La autoestima es un factor importante que nos va a ayudar a superar mejor una ruptura, porque cuando se acaba una relación no debemos pensar que es el fin; una relación no es la vida, es una parte de nuestra vida. Una separación puede ser el inicio de una vida más interesante y enriquecedora. Tampoco es correcto pensar “que me ha dejado”; esta frase suele hacer sufrir mucho a las personas, porque se creen culpables, no merecedoras del cariño del otro, pero la realidad es que nadie deja a nadie, lo que se deja es la relación, no a la persona. La persona sigue siendo igual de valiosa en todos los sentidos sin la pareja a su lado, no se deteriora ninguna capacidad, y puede ser agradable y maravillosa para otra persona en otro momento determinado de la vida.

Por lo tanto, la fórmula pasa por aprender a quererse a uno mismo, tenemos que valorarnos como personas humanas, únicas e irrepetibles, y sentirnos seguros de nosotros mismos; el que una relación nos haya salido mal no quiere decir que no sirvamos para vivir en pareja, y que el resto de nuestra vida tengamos que resignarnos a vivir solos obligatoriamente.

Muchas personas en estas circunstancias se suelen sentir abandonadas y este sentimiento produce mucho sufrimiento, ya sea hombre o mujer quien lo padezca. Realmente es un sufrimiento innecesario, porque si racionalizamos la situación, la persona que abandona es alguien que por circunstancias de la vida conociste en un lugar determinado, surgió algo entre ambos, formasteis pareja un tiempo y luego terminó la relación. Es importante recordar que a cada persona nos van muchas personas que probablemente no conozcamos en toda nuestra vida, pero que están ahí; la naturaleza es muy sabia y no le interesa que sólo nos vaya una persona de los 6600 millones de personas que pueblan este mundo. Por lo tanto, es cuestión de conocer a gente y surgirá entonces otra persona que nos atraiga para formar pareja nuevamente. Lo que es cierto es que nunca nadie nos va a decir que la pareja que elijamos es la ideal y con la que el resto de nuestra vida vamos a ser feliz. Tenemos que arriesgarnos, en la vida no hay certeza, más bien hay incertidumbre. ¡Es lo que hay!

Conocí a un matrimonio que por circunstancias de trabajo cambiaban de ciudad cada dos o tres años, tenían 4 hijos adolescentes, estos se echaban novias en la ciudad donde vivían; las circunstancias les obligaban. Estuvieron en Galicia unos años, y allí se sintieron atraídos por las chicas del lugar, al cabo de un tiempo trasladaron al padre a otra ciudad, comenzaron a formar parejas con las chicas de la nueva ciudad. Esto es así, el mundo entero está lleno de gente buena e interesante y en cualquier parte surge la atracción entre las personas, porque es biología pura y dura; la naturaleza nos utiliza generalmente para sus propios fines: hacer que la especie siga hacia delante. La naturaleza, en la mayoría de las ocasiones, necesita esa estratagema para lograr sus fines; por desinteresada e ideal que pueda parecer la admiración por una persona amada, el objetivo final es en realidad la creación de un nuevo ser determinado en su naturaleza, y lo que lo prueba así es que el amor no se contenta con un sentimiento recíproco, sino que exige la posesión misma, lo esencial, es decir, el goce físico. El que cierto hijo sea engendrado, ése es el fin único y verdadero de toda novela de amor, aunque los enamorados no lo sospechen.

Está demostrado que la ruptura de una pareja supone una pérdida emocional. Los efectos son similares a la muerte de un ser querido. Al principio duele intensamente, parece que no nos vamos a recuperar nunca, pero lo cierto es que el dolor y la tristeza poco a poco se van extinguiendo, y con el tiempo el recuerdo deja de hacernos daño.

La ruptura, por lo tanto, supone hacer un duelo por la pérdida que se ha sufrido. El tiempo de superación depende de la persona, pero se estima de un año a año y medio. A la persona que no desea la ruptura de la relación, le costará aceptar la separación de la persona que ha querido, y deberá comenzar a pensar en su pareja como un recuerdo, pero sin añorarlo, porque esto le hará daño.

El duelo no se puede alargar para el resto de la vida, porque no se puede añorar persistentemente a alguien que ya no nos quiere y que además no se lo merece, porque esa persona ha decidido seguir su vida sin la nuestra. La mayoría de las parejas ponen mucho de su personalidad en la otra persona, y cuando uno de ellos decide irse por el motivo que sea, la otra persona se suele sentir sola, desvalida, se encuentra perdida, no entiende nada y tiene que intentar, en medio de todo el caos que está viviendo, recuperar todo aquello que había puesto generosamente en la otra persona; tiene que comenzar a aprender a vivir sin la pareja, y sobre todo volver a ser uno mismo.

Pero lo que es cierto es que el tiempo del duelo es absolutamente necesario; durante este tiempo no es recomendable iniciar una nueva relación, porque se necesita un tiempo de recuperación, de reflexión, para empezar algo nuevo, lo primero es estar bien con uno mismo en todos los sentidos. Por lo tanto, no es bueno precipitarse con la primera persona que se cruce en nuestro camino, porque normalmente será un nuevo fracaso en nuestra vida.

Existe una trampa en la que caen muchas personas, que es la frase que repiten muy a menudo: “le sigo o la sigo queriendo, a pesar de todo”. Tratan de convencerse de que a pesar de todo, le siguen queriendo. Nadie puede seguir queriendo a alguien que te ha hecho sufrir, que no te ha valorado, que ha pasado de ti y que para esa persona ya eres historia. Estas personas, en realidad, siguen queriendo a la persona de la que se enamoraron al principio, pero esa persona ya no existe; ahora ha cambiado, es otra diferente y ya no siente lo mismo.

Algunas personas se sienten heridas en su orgullo y deciden por su cuenta luchar para recuperar su relación a cualquier precio; no es que sigan queriendo a su pareja, lo cierto es que no soportan el cambio. Necesitan que alguien les siga queriendo porque la mayoría de las personas no soportan estar solas, se les cae el mundo encima.

Uno de los errores que se comete muy a menudo es buscar a alguien a quien gustar, en lugar de buscar a alguien que te guste, y algunas personas hasta pueden fingir no ser ellas mismas pensando que de esa manera pueden gustar más. Esta forma de actuar tan artificial, les hace sentirse inseguras y con miedos a repetir anteriores historias desagradables, produciéndoles temor a un nuevo fracaso.

Por eso, algunas tiran la toalla y deciden que no necesitan a nadie y tratan de refugiarse en otras actividades para ocultar de esa manera su insatisfacción y su soledad autoimpuesta. Pero es importante que las personas reconozcan que no son responsables de que las quieran, pero sí son responsables de mostrarse tal y como son, de manifestar lo que les gusta y lo que les disgusta. La seguridad en uno mismo es una de las cualidades más atrayentes y las personas con las que comuniquemos lo percibirán como algo positivo y valioso.

Da mucha seguridad y alegría agradar a alguien, por supuesto, pero es mucho más importante que la persona elegida te agrade.

La ruptura en sí ya es lamentable, pero además hay que añadir los cambios que se originan en la vida a raíz de una separación, la incertidumbre que nos cae como una losa, la soledad, la baja autoestima, pero irremediablemente hay que continuar, dejar atrás las costumbres y rutinas anteriores y comenzar una nueva vida. No podemos meter la cabeza debajo del ala: ya no somos niños, hemos de madurar y comenzar a actuar lo antes posible y no sumirnos en el dolor.

Lo positivo que tienen las crisis es que nos dan la posibilidad de cambiar, de encontrar algo nuevo, algo mejor, de volver a empezar. Cuando nacemos comenzamos a caminar en el camino de la vida. Al principio lo hacemos con nuestra familia, luego decidimos seguir el camino nosotros solos; de repente, conocemos a alguien que quiere acompañarnos en ese camino y nos sentimos felices porque nos agrada la compañía, y el sentimiento es mutuo, pero si al cabo de cierto tiempo, el camino no es agradable para alguno de los dos, pues se decide seguir por separado. Pero el camino de la vida continúa y podemos seguir el camino solos, no pasa nada; o si volvemos a encontrar a alguien bueno y agradable que quiera acompañarnos, pues lo haremos en compañía.

Es importante hacer cosas que nos gustan, favorece el sistema inmunológico y hace que nos sintamos mejor, recordar algo que siempre nos ha gustado y volver a hacerlo.

No encerrarse en casa, hay que salir, relacionarse y mostrarse como uno es. Mejorará nuestro equilibrio emocional.

Volcarse en las demás parcelas de la vida, los amigos, el trabajo, la familia, las aficiones… Hay que cultivarlas todas para cuando una nos falle poder refugiarnos en las demás y así nunca nos sentiremos solos.

No hay que convertir al que se ha ido en el hombre o en la mujer ideal. Tenemos que aprender a ver la realidad, quitarnos la venda de los ojos, hay que desilusionarse y dejar de quererle de una vez.

Si tu pareja no reconocía tus valores y tus actitudes, probablemente te equivocaste al hacer tu elección, porque la persona que no te valora, no te quiere y si no te quiere tu tampoco debes quererle de pareja; la relación requiere reciprocidad.

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