COMPRENSIÓN diciembre 25, 2011
Posted by auroradelprado in Comprensión.Tags: compartir, COMPRENSIÓN, empatía, escuchar, interacción, rechazo, TOLERANCIA
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Desde que nacemos comenzamos a interaccionar con los demás y está demostrado que el ingrediente absolutamente indispensable para llevarse bien con los demás es la comprensión.
Es cierto que las relaciones humanas suelen deteriorarse cuando no hay comprensión. Existen muchas personas que se niegan a aceptar las diferencias en todos los niveles. Lo diferente puede alertar en sentido negativo. Una persona nueva en una empresa puede sentirse rechazada porque para algunas personas representa un peligro: no la conocen, tienen miedo, creen que de alguna manera les puede desestabilizar y la perciben como una amenaza. De hecho, la persona nueva suele sentirse rechazada injustamente sin recibir el apoyo de sus compañeros que, por supuesto, en esos momentos le haría tanta falta para integrarse adecuadamente.
Marta acababa de terminar la carrera en una ciudad de provincia. Se había trasladado a Madrid porque le daban la oportunidad de ejercer su carrera en una de las empresas más reconocidas de su sector. Ella estaba ilusionada, -no todo el mundo consigue trabajo nada más terminar la carrera-, y además iba a trabajar en lo suyo. Al mismo tiempo se sentía insegura debido al cambio tan drástico de vivir toda la vida en la misma ciudad, a vivir sola en una ciudad tan grande como Madrid. Cuando comenzó a trabajar, se sumó a todo ello el rechazo de sus compañeros, y la total falta de compañerismo. Cuando le preguntaba algo le solían decir: “Aquí todos nos sacamos las castañas del fuego solos”. Esta situación deshumanizada la comentó en mi consulta con evidentes síntomas de ansiedad. Como veis, en estas situaciones, la comprensión brilla por su ausencia, desgraciadamente.
También hay personas que se molestan cuando no opinas igual que ellas; creen que si no compartes sus puntos de vista, estás en contra de ellas. Esto es absurdo, pues una persona te puede caer fenomenal, parecerte buena e interesante y, sin embargo, no compartir algunas de su opiniones.
Por tanto, la falta de comprensión en las relaciones humanas suele producir enfados, frustraciones, conflictos y separaciones.
Para comprender a los demás es necesario escucharles con atención y al mismo tiempo tratar de ponernos en su lugar intentando descubrir cómo se sienten dentro de la situación y empatizando con sus emociones.
También existe una costumbre en numerosas culturas, que consiste en juzgar día y noche a los demás. Siempre se ha dicho “que medio mundo habla del otro medio”.
Cuando las personas no actúan como nosotros creemos que deberían hacerlo, nos enfadamos, los criticamos, rompemos la relación. Esto demuestra una baja tolerancia a la frustración, porque podríamos decir, “me gustaría que se hubiera comportado conmigo como yo quería, pero si no ha sido así, me puedo sentir molesto pero no terriblemente molesto”.
Por lo tanto, los principales motivos de irritación en la vida están provocados generalmente por los demás, y se demuestra que las relaciones con personas pueden provocar constantes conflictos y frustraciones. Cuando se reacciona constantemente ante todos los acontecimientos que conllevan discrepancias a nivel cotidiano, podemos convertir la vida en una auténtica guerra sin fin. Esto, sin darnos cuenta, nos lleva a un deterioro físico importante, pues se sabe que las actitudes negativas en la vida disminuyen la capacidad del sistema inmunológico y en determinadas ocasiones llega a ser la causa de una verdadera enfermedad.
¿QUÉ PODEMOS HACER?
Tenemos que aprender a escuchar, a comprender y a saber que no podemos vivir controlando constantemente las situaciones, las circunstancias y las personas, porque es imposible, por mucho que nos empeñemos, y se nos irá la vida en ello.
Pero lo que sí podemos controlar son nuestras actitudes y comportamientos con una actitud de comprensión. Además de proporcionar tranquilidad y bienestar a nosotros mismos, se la proporcionaremos a los demás, y con ello podemos reducir, incluso eliminar ansiedades, inquietudes e inseguridades, porque la comprensión es lo que realmente las personas necesitan y quieren.
La gente siempre trata de buscar la compresión de los demás. Se dice: “la mente humana busca la compresión de los demás tanto como la flor busca el sol”.
Se ha demostrado que la mayoría de las parejas se rompen precisamente por la falta de comprensión; se sienten incomprendidos, respectivamente, y muchas veces oímos la famosa frase “en casa no me comprenden”. Detrás de estas declaraciones, generalmente hay frustración, soledad e insatisfacción en su vida de pareja.
La comprensión también hay que transmitirla; esto es fundamental en todo tipo de relaciones. Las personas agradecen que, en un momento dado, alguien les diga “comprendo cómo te sientes”, “tienes todo el derecho a expresar lo que sientes”. De esta forma, la persona se sentirá apoyada y al mismo tiempo le proporcionaremos tranquilidad.
La comprensión podría considerarse una habilidad más que una actitud: es como abrir más los ojos, y darnos cuenta de que como seres humanos que somos, a veces actuamos inadecuadamente; la mayoría de las veces nos solemos comportar con impulsividad más que guiados por la lógica y la racionalidad.
La comprensión también tenemos que utilizarla para interpretar que cuando una persona se comporta de forma irracional, muchas veces hay un motivo que explica su conducta, y tenemos que pensar que si nosotros nos encontráramos en esa misma situación probablemente actuaríamos de forma parecida.
La tolerancia es otro factor fundamental en la comprensión: es necesario aprender a tolerar el comportamiento a veces molesto de los demás. También es importante tener una actitud abierta, aprender a disfrutar y respetar los diferentes estilos de vida, los valores, las actitudes, las culturas, razas, edades y las discrepancias con los demás.
Sabemos que hay algunas personas a las que les molestan muchísimo las diferencias de razas; no son conscientes de que la variabilidad es la clave para comprender la evolución genética. Con la excepción de los miembros idénticos de partos múltiples, cada uno de nosotros es un experimento genético único, que nunca se repetirá. La variación genética dentro de una especie es la base del proceso evolutivo.
Nosotros también tenemos la capacidad de elegir la opción de ser tolerantes, porque somos los dueños de nuestros pensamientos. Podemos elegir odiar, criticar y juzgar, o podemos elegir ser tolerantes con los defectos de los demás, con los comportamientos molestos de quienes nos rodean, tratando de magnificar lo bueno y minimizar lo malo. La tolerancia es algo muy importante, pero al mismo tiempo es muy sencillo, es simplemente, “aceptar a la gente como es”.
La mayoría de las personas tienen virtudes y también defectos, tienen cosas positivas y también negativas, tienen ventajas pero también tienen inconvenientes. Pero existe una tendencia a esperar que las personas sean perfectas. Cuando lo que la persona espera no se ajusta a la realidad, se siente decepcionada y frustrada. Esta situación suele suceder en algunas parejas una vez finalizado el período de enamoramiento.
Tenemos que aprender a aceptar a las personas tal y como son: no somos perfectos, porque la perfección no existe, por lo tanto, es muy saludable intentar buscar lo bueno en los demás. Lo encontraréis seguro.
Hemos de adquirir la costumbre de pensar en positivo. Si desde por la mañana positivizamos el día, solemos terminarlo sintiéndonos mejor con nosotros mismos; sin embargo, cuando nos levantamos pensando en negativo, nos enfadaremos por todo, decepcionando a los demás y al final del día nos sentiremos agotados mental y físicamente, con el consabido deterioro de nuestras defensas.
Aprender a aceptar y soportar los defectos de los demás sin enfadarse ayudará a conseguir el equilibrio emocional. Pero comprender a la gente no significa que tengamos que justificar las malas acciones y los comportamientos indeseables: la actitud de comprensión consiste en “detestar el hecho, no a la persona”.
Intentar comprender a las personas indeseables, prepotentes, chismosas, egoístas, desconsideradas, maleducadas e irónicas, supone poseer una gran dosis de comprensión. Es difícil intentar comprender a este tipo de personas; hay que hacer un gran esfuerzo para entender que estas personas probablemente han sido maltratadas por otras y viven amargadas. Alguien ha hecho que pensaran que no sirven para nada, que son unas inútiles, seguramente no se han sentido queridas ni respetadas, y se creen menos que los demás por infravalorarlas. Por tanto, hemos de ir contra las causas, no contra las personas que padecen las consecuencias.
La empatía, la capacidad de ponernos en la piel de los demás, con todas las consecuencias, nos ayudará a desarrollar nuestra capacidad de comprensión. Está claro que para convivir en paz hemos de poseer, empatía, tolerancia y sobre todo comprensión.
CONTROLAR EL ENFADO diciembre 25, 2011
Posted by auroradelprado in Controlar el enfado.Tags: calma, conflicto, discusión, enfado, impulsividad, ira, pensamiento negativo, relajación
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En numerosas ocasiones surgen discusiones, por diferentes motivos, que se pueden controlar desde la calma y la serenidad.
Cuando comienza una discusión intensa o violenta, es importante que la situación no perjudique a ninguno de los participantes en la misma; por tanto, es recomendable que el más prudente se aleje del lugar de conflicto, no sin antes hacer ver al otro que es conveniente aplazar el desacuerdo y retomarlo cuando ambos estén más calmados y puedan intentar negociar razonablemente.
De esta forma, se consigue que la controversia no suba demasiado de tono y se puedan decir cosas de las cuales nos podamos arrepentir. Además, frenaremos los pensamientos negativos que tanto daño hacen y, al tomarnos este “tiempo muerto”, la mente se distrae y se distancia de la situación. Y nos iremos calmando poco a poco, haciendo algo agradable para olvidarnos más fácilmente del altercado, porque el enfado es incompatible con el estado de bienestar.
Se pueden utilizar diferentes estrategias, como irnos a otra habitación y mirar el correo, o leer el libro que tenemos a medias, ver la televisión o salir a dar un paseo. Es muy importante quedarse a solas para que el enfado se vaya diluyendo poco a poco. La relajación diafragmática también es muy recomendable al reducir la excesiva excitación fisiológica producida por el disgusto y permite que el cuerpo retome sus constantes al calmarse.
Los pensamientos negativos pueden seguir atormentándonos, haciéndonos sentir mal, irritados y con rabia. Pero uno de los objetivos de alejarse del escenario del enojo y distraerse es, justamente, evitar esos pensamientos que nos perjudican. Por ello, es importante “parar” dichos pensamientos y cambiarlos por otros positivos. No olvidemos que la mayoría de los seres humanos tiene un 90% de cosas favorables en su vida y solo un 10% desfavorable, pero, a menudo, se centra uno en este 10%.
Hay personas que creen erróneamente que expresar la ira, el enfado, la hostilidad, es algo sano
Estas personas creen que si no manifiestan abiertamente su cólera, su irritabilidad y sus protestas, la rabia que sienten puede salirles por otro lado, llegando, incluso, a enfermarles.
Sin embargo, se ha demostrado que dicha teoría es totalmente falsa y que lo saludable y lo razonable es justamente lo contrario. Expresar el enfado dando rienda suelta a la rabia provoca más enfermedades cardiovasculares y potencia la indignación. Porque si se hace demasiado hincapié en las emociones negativas, estas acaban multiplicándose y atrapándonos en un círculo vicioso. De modo que la hostilidad, en general, correlaciona positivamente con el infarto de miocardio.
Sin embargo, la falta de tiempo, la competitividad o reprimir la rabia no parecen ser determinantes en el aumento de los infartos.
Se realizó un estudio con 255 estudiantes de medicina, a los cuales se les evaluó la hostilidad mediante un test de personalidad. Los resultados después de 25 años mostraron que los más iracundos sufrían, aproximadamente, cinco veces más cardiopatías que quienes lo eran menos.
Otro estudio demostró que los hombres con mayor probabilidad de sufrir infarto de miocardio eran los que acostumbraban a levantar la voz al menor contratiempo, los que más se irritaban, mostrando su ira abiertamente.
Es sano reprimir la rabia
Cuando se reprime la rabia, o se muestra amabilidad como respuesta ante una ofensa, la presión sanguínea disminuye, mientras que cuando se hace lo contrario aumenta.
Si aprendemos que desde la calma y la serenidad vamos a actuar mejor que desde la alteración y la impulsividad, ello nos ayudará a lo largo de nuestra vida a afrontar las dificultades y conflictos con inteligencia y responsabilidad, sin perder en ningún momento los papeles y sin dejar que nada ni nadie nos saque de quicio.
Aunque esto no se va aprender de un día para otro, con paciencia y práctica lo conseguiremos y lo incorporaremos a nuestra forma de ser como algo natural, logrando llegar a ser asertivos, que es la mejor forma de comunicarnos con los demás.
¿DÓNDE ESTÁ LA FELICIDAD? diciembre 24, 2011
Posted by auroradelprado in ¿Dónde está la felicidad?.Tags: felicidad, infelicidad, libertad, pensamientos, pensamientos negativos, sentimientos, sufrimiento, tristeza
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La felicidad está dentro de nosotros mismos por lo que resulta inútil buscarla en el exterior. Asumiendo esta realidad, podemos intentar alcanzarla utilizando todos los medios que nos dirijan a su consecución.
Teniendo en cuenta que podemos controlar nuestros pensamientos y que los sentimientos provienen de nuestros pensamientos, parece claro que también podemos controlar nuestros sentimientos.
No es difícil darse cuenta de lo primero, es decir, que nosotros controlamos nuestros pensamientos, porque nuestro cerebro podemos usarlo como queramos. Si queremos pensar en una playa, aparecerá en nuestra mente una playa; si pensamos en un gatito, en nuestra mente se representará un gatito; siempre traeremos a nuestra mente aquello que deseemos pensar.
Por su parte, un sentimiento siempre es una reacción física a un pensamiento, de modo que todas las sensaciones que tengamos vienen precedidas de un pensamiento.
Según este razonamiento, la felicidad está “en nuestras manos”. Si nuestros sentimientos están condicionados por nuestros pensamientos, tenemos que trabajar sobre nuestros pensamientos y estar atentos, sobre todo, a los “pensamientos automáticos negativos”, que suelen entrar en nuestra mente uno detrás de otro, porque si no los detenemos a tiempo, nos pueden amargar el día. En cambio, si logramos parar el primer pensamiento negativo que tengamos, cambiándolo por otro positivo, conseguiremos un mayor bienestar y lograremos alcanzar más fácilmente la felicidad.
Cuando nos sentimos mal, tristes, enfadados, desorientados o desesperados, es importante saber que ello es debido a lo que estamos pensando en esos momentos y que tales pensamientos nos pueden hundir en un sufrimiento innecesario e inútil. Lo que debemos hacer, en casos como estos, es “parar los pensamientos negativos” para introducir otros más positivos que nos lleven al bienestar.
Nosotros somos los responsables de nuestro estado de ánimo
Cuando nos sintamos enfadados, molestos o desengañados con algo o alguien de nuestro entorno, no debemos pensar que ellos son los responsables de nuestras desgracias, sino que lo somos nosotros mismos, porque son nuestros pensamientos respecto de las cosas y la gente lo que nos hace infelices.
Un acontecimiento, o una persona no es, pues, la causa de la emoción que sentimos, como la mayoría de la gente piensa. La causa directa de nuestras emociones son los pensamientos, las creencias y las ideas que tenemos acerca de dichos acontecimientos o personas.
Si queremos cambiar nuestras emociones tenemos que cambiar nuestros pensamientos, creencias o ideas. Somos responsables de nuestros estados emotivos, porque podemos modificarlos con un entrenamiento y un esfuerzo apropiado.
Tenemos muy poco control sobre el mundo que nos rodea y ninguno sobre las ideas de los demás
Pero, en cambio, sí podemos controlar nuestros pensamientos. Si nos sentimos mal a consecuencia de un juicio ajeno, la causa de nuestra depresión está en nosotros, ya que depende de la importancia que demos a esa opinión.
Si nos entrenamos, podemos evitar experimentar la ansiedad, la angustia, la depresión, la culpabilidad, la desesperación, los sentimientos de inferioridad y demás sentimientos desagradables.
De esta forma, aunque no podamos ser completamente felices, podemos aspirar a serlo lo más posible o, si se quiere, a ser lo menos desgraciados posible. Para ello, hemos de maximizar las emociones positivas y minimizar las negativas.
Y, para empezar, no debemos culpar a los demás de nuestra infelicidad. Tenemos la capacidad de elegir cómo queremos sentirnos a través del autocontrol, sin dejar que nos influya el exterior.
Para llegar a ser una persona sana y libre hay que aprender a pensar de forma diferente. Cuando consigamos modificar los pensamientos, entonces empezarán a surgir nuevos sentimientos y será el primer paso hacia el camino de la felicidad.
La mayoría de los sufrimientos son innecesarios
Seguramente, saber que la felicidad está en nuestras manos, concretamente en nuestros pensamientos, nos ayudará a comprender la auténtica dimensión de la “libertad” del ser humano.
En cualquier circunstancia que vivamos, siempre tendremos la libertad de pensar lo que queramos pero, para ello, a veces será necesario que nos entrenemos en el control de nuestros pensamientos. Adquirir nuevos hábitos requiere esfuerzo y constancia, pero los resultados merecen la pena.
