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ESTRÉS: CÓMO AFRONTARLO julio 31, 2012

Posted by auroradelprado in psicología.
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estres

Se define como la respuesta de ansiedad que experimenta una persona cuando tiene que hacer frente a unas demandas del medio que le resultan excesivas.

Es la incapacidad para adaptarnos adecuadamente a las tensiones de nuestro entorno. La persona no se siente capaz de superar lo que se le demanda.
 Pero el estrés no siempre es perjudicial. En su justa medida, es necesario para nuestro buen funcionamiento, porque añade sal a nuestras vidas. Sin él, nuestras vidas serían muy aburridas. Sin estrés dejaríamos de saltar cada día por la mañana de la cama.

Una adecuada cantidad de estrés nos beneficia
Al aumentar la tensión o estrés, se eleva la actividad emocional y mejora el rendimiento. Enfrentarnos con éxito a una dificultad o a un problema estresante, es decir, resolverlo, nos produce una sensación de triunfo personal.

 Incluso, se ha demostrado que con un estrés moderado también se disfruta, como los hinchas. Y que una escasez de estrés conduce al aburrimiento y a la apatía y debilita la concentración.

 Una entrevista de trabajo, la primera cita, acudir a un dentista, competir en algún deporte, o hacer un examen, son situaciones que nos alteran. Notamos cómo el pulso se acelera, la respiración va más rápida y el corazón late más deprisa. La cuestión no es que tengamos que evitar esta reacción totalmente, esto sería imposible de conseguir, sino que debemos saber que es una respuesta propia de estrés y vivirla como tal, pero tratando de controlarla. Que se quede ahí y no vaya a más.

Síndrome general de adaptación GAS
El concepto de estrés surge en 1956 cuando Hans Selye, que fue el primer investigador del estrés en el mundo, inventó el concepto de este estado de tensión.

 Para  Selye el estrés es una respuesta orgánica a una presión exterior y explica cómo esos estresores producen una sobrecarga en el organismo que este intenta superar, generando una conducta de hiper-respuesta que Selye denominó “Síndrome general de adaptación”, o GAS.

 Esta respuesta produce un incremento del ritmo respiratorio y cardíaco, una mayor producción de glucosa y un aumento en las tasas del colesterol, que sirven para afrontar el esfuerzo necesario para superar la sobrecarga. Por tanto, es una respuesta adaptativa y útil y se considera un estrés positivo.

Cuándo se convierte el estrés en un problema
Nos sentimos estresados cuando lo que se espera de nosotros va más allá de nuestras posibilidades, fuerzas o tiempo.

 Cuando el organismo tiene que enfrentarse a diferentes tipos de estresores y tiene que responder con frecuencia, o durante largos periodos de tiempo, el individuo, entonces, se agota y no puede afrontar tal sobrecarga, y es cuando sobreviene la enfermedad física y mental, o, incluso, la muerte. Este es el estrés negativo.

 Deberíamos descansar, pero muchos siguen agotando las reservas físicas y mentales, exigiéndose cada vez más y sintiéndose cada vez peor. Comenzamos a perder el sueño, nos sentimos deprimidos y con los nervios a flor de piel. Nuestra concentración decae y al más mínimo estrés adicional se produce una crisis nerviosa.

 Caballos de carrera o tortugas
 Para Selye hay dos tipos principales de seres humanos: los “caballos de carreras”, que medran con el estrés y sólo son felices si viven intensa y apresuradamente, y los “tortugas”, amantes de la paz, del silencio y de los ambientes generalmente tranquilos, algo frustrante para la mayoría de las personas del primer tipo.

 Por tanto, según Selye, el peligro radica en que algunas personas confunden el tipo al que pertenecen y se exigen a sí mismas más de lo que le permite su resistencia normal al estrés. En el estrés existen diferencias individuales, de modo que cada individuo es el mejor detector de sí mismo y puede llegar a reconocer cuándo está sobrepasando el nivel de estrés que le conviene.

 Estresores desencadenantes
En la mayor parte de las ocasiones son de carácter psicosocial. La respuesta del sujeto tiene efectos fisiológicos y también cognitivos. Los estresores pueden ser físicos, socioculturales, laborales, educativos, económicos, interpersonales y personales.

 La pérdida de empleo, la pérdida de un ser querido, un divorcio, una enfermedad incurable, una mudanza, una fobia social, incluso, las vacaciones, pueden ser causas de estrés cuando no se ajustan a lo que esperábamos.

También lo son tener que ocuparse de la familia al mismo tiempo que se trabaja fuera de casa, trabajar en una empresa donde no se nos valora, convivir con la frustración cuando no llega el ascenso que esperamos, quedar bloqueado en un atasco, etc. La forma en que impactan estos acontecimientos en el sujeto es lo que, realmente, les producen las consecuencias negativas, como la enfermedad.

 Asimismo, se ha demostrado que no solo son los grandes acontecimientos los que importan en la producción de respuestas estresantes, sino la acumulación de pequeños hechos que  causan insatisfacción a lo largo del día y de la vida. Igualmente, la ausencia de acontecimientos positivos en el día a día, también es causa de estrés en las personas, interfiriendo en su satisfacción personal.

El organismo revela indicios de estrés
 Tanto los humanos como los animales, cuando somos sometidos a situaciones de estrés, mostramos mayor actividad física, gesticulamos más y se nos acelera el ritmo cardíaco. También se produce insomnio e irritabilidad. Por tanto, no es difícil reconocer el estrés si nos conocemos a nosotros mismos.

Hay personas que tienden actuar con nerviosismo ante cualquier acontecimiento nuevo o desconocido. Los pesimistas, piensan que todo les va a salir mal, tienen miedo, creen que tendrán mala suerte. También están los que confían poco en sí mismos y en su capacidad para hacer frente a las dificultades.

 Causas del estrés
En las grandes ciudades se ha dado gran importancia al tiempo y a su aprovechamiento, lo que genera un estado de activación continua. En la sociedad se producen cambios constantes. Hay inseguridad ciudadana, accidentes, problemas de tráfico.

 Más de 50 millones de personas sufren estrés laboral. La tecnología nos exige cada vez mayor capacitación profesional. Las situaciones pueden ser vividas de forma diferente y la interacción entre las características personales y las del suceso explican la aparición de las respuestas al estrés.

 Consecuencias del estrés
Las consecuencias son fundamentalmente de carácter psicológico y fisiológico. Las personas que responden siempre de una manera estresante desarrollan problemas de ansiedad, depresión, colon irritable, cardiovasculares o respiratorios.

 El estrés interfiere en nuestro sistema inmunológico, provocando un descenso en nuestras defensas que nos hace vulnerables a cualquier infección. Hasta el cáncer está íntimamente relacionado con el estrés.

Qué hacer ante el estrés
Lo primero es averiguar si uno es caballo de carreras o tortuga, y vivir de acuerdo con ese modelo.

Debemos saber elegir bien las propias metas y asegurarse de que son realmente propias y no impuestas por los demás.

Hemos de saber a lo que nos enfrentamos y sus consecuencias. Conviene prepararse para cada situación, valorando las propias actitudes.

Es importante tener una vida saludable. Una persona que tiene salud podrá enfrentarse mejor a las dificultades que la que se encuentra enferma y débil.

Es fundamental ser positivos y tener seguridad en uno mismo; si no confiamos en nosotros, difícilmente podremos confiar en nuestra capacidad para solucionar problemas. Y tener apoyo social: es importante contar con los otros.

 Cómo se supera el estrés
Las técnicas de relajación son fundamentales. La relajación es incompatible con la ansiedad y el estrés.

Tenemos que dedicar diariamente un tiempo para las propias aficiones: leer, oír música, pasear, ir al cine, etc. Debemos querernos, buscar un tiempo para nosotros, para hacer lo que nos gusta, o para no hacer nada, simplemente.

Si nos sentimos solos, hemos de buscar la comunicación con otras personas, porque el apoyo de los demás es terapéutico.

No agobiarse, hacer una cosa cada vez, como un reloj de arena y no empezar una nueva cosa sin haber acabado la anterior.

No querer abarcar más de lo que podemos, y evitar las responsabilidades excesivas. Aceptar aquello que no podamos controlar, tratando de mejora la situación.

 Hay que ser egoísta altruista: cuidar de uno mismo, pero intentar hacerse necesario a los demás.
Todos podemos ser necesarios a los demás. Esto se consigue siendo un buen amigo, un buen vecino, una buena pareja, un buen cocinero, un buen profesor. Debemos esforzarnos en ser cada vez mejores y más útiles, teniendo metas, ilusiones y entusiasmo, lo que, sin duda, nos protegerá de uno de los peores males de la causa social de estrés: la falta de objetivos.

 

 

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