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Noviembre 27, 2009

Posted by auroradelprado in psicología.
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RAZAS

En la actualidad compartimos nuestras vidas con personas de otros países, diferentes por el físico, por el idioma o por la cultura. La mayoría de las personas acepta esta convivencia con normalidad, sin darle mayor importancia; también nosotros hemos emigrado a lo largo de nuestra historia a diferentes países por distintos motivos, unas veces políticos y otras veces por necesidades económicas, por lo tanto no deberíamos olvidar que también muchos españoles fueron emigrantes.

Pero, sin embargo, hay una minoría a la que parece que sí le molesta que vengan extranjeros a nuestro país y usurpen los puestos de trabajo, ya que, según ellos, se los están quitando a nuestra gente. No obstante, tenemos que comprender que ellos no están aquí por gusto, sino por necesidad y nuestro deber es tratarles con humanidad; no olvidemos que la calidad humana está por encima de las diferencias, de la riqueza, de la belleza y hasta de la inteligencia.

 Desde que nos conciben, estamos condicionados, condicionados por el sexo. Nadie elige el sexo con el que quiere vivir; no podemos elegir ser hombre o ser mujer. También estamos condicionados por el color de la piel: no podemos elegir ser blancos, negros o amarillos. Y condicionados por la familia en la que nacemos y por la educación que nos dan, tampoco la elegimos. Y, finalmente, condicionados por el sitio donde nacemos. Todo ello queda fuera de nuestro alcance.

Un famoso escritor recibió un premio importante por uno de sus libros y al final de la ceremonia un paisano suyo se le acercó emocionado para decirle que él también era de la ciudad donde aquél había nacido, pero el escritor le respondió “Lo siento, pero en eso yo no tuve nada que ver, no intervine en absoluto”.

 Algunas personas creen que los genes responsables del color de la piel, de la forma del cabello, de la forma de los ojos, de la estatura, etc., se distribuyen al libre albedrío a lo largo y ancho de la tierra que habitamos.

Pero sabemos que la frecuencia responsable del color oscuro de la piel crece gradualmente cuando nos desplazamos desde el sur de la Europa Mediterránea, a lo largo del Nilo, o a través del Sahara hasta África central.

También sabemos que la incidencia de los pliegues epicánticos de los párpados (repliegues cutáneos gruesos sobre los ojos), aumenta gradualmente del oeste al este a través de Asía, mientras que la frecuencia del cabello ondulado se incrementa en dirección opuesta, hacia Europa.

Estas distribuciones se denominan “Clinas” y han de entenderse no como resultado de la “mezcla racial”, sino de la evolución.

Antiguamente se creía que las razas actuales habían existido ya en el pasado. Los biólogos anteriores a la teoría de la evolución, creían que las especies no estaban relacionadas entre sí y que cada especie tenía su naturaleza inmutable fijada por Dios.

 En la actualidad, el concepto que tenemos de raza lo basamos en los caracteres externos y superficiales, como el color de la piel, la forma del cabello, el color de los ojos, etc. Pero tenemos que tener en cuenta que estos caracteres no dejan huella en los cráneos, ni en los huesos fósiles, que son los que nos indican cómo era el homo sapiens arcaico.

Por lo tanto, es muy difícil saber qué razas existían hace 50.000 años y no podemos comparar las razas actuales con las de nuestros antepasados, porque, probablemente, la mayor parte de nuestros antepasados no fueran ni negros, ni blancos, ni asiáticos, ni nada parecido.

 Se han realizado estudios relacionando las diferencias de las distintas razas con la temperatura, la humedad y otros factores climatológicos.

La nariz larga y estrecha de los europeos está relacionada con la necesidad de calentar el aire, que suele ser frío y húmedo, antes de que llegue a los pulmones.

Sin embargo, las personas de los países cálidos suelen tener una nariz corta y pequeña, porque no necesitan calentar el aire que llega a sus pulmones, ya que está lo suficientemente caliente.

Los esquimales suelen ser gordos como una consecuencia de su adaptación al frío extremo, ya que una figura redondeada y gruesa supone un máximo de masa con un mínimo de superficie corporal, facilitando tanto la producción del calor como su conservación, mientras que la máxima pérdida de calor se produce en una figura alta y delgada, es decir, cuando hay un mínimo de masa corporal en una superficie grande. Esta teoría explica, por qué son tan altos y delgados los africanos que viven en regiones de intenso calor seco, como Kenia.

 Asimismo, el color de la piel parece debido a procesos adaptativos. Las pieles más oscuras son más frecuentes en zonas subtropicales y tropicales. Sabemos que el color oscuro de la piel está provocado por la melanina. Cuando la piel está bien pigmentada se protege de la penetración de la radiación ultravioleta. En los países donde no hace calor y el sol la mayoría de las veces brilla por su ausencia, las personas no necesitan tener la piel bien pigmentada de melanina, de hecho son bastante blancos.

Esta radiación puede ser beneficiosa o perjudicial dependiendo del tiempo de exposición. Sin una mínima exposición ultravioleta, el cuerpo humano no puede sintetizar la hormona calciferol (vitamina D3) y la carencia de ésta inhibe la absorción del calcio, produciendo raquitismo e impidiendo el crecimiento de los huesos.

Por otro lado, si la exposición a la radiación solar es exagerada puede provocar cáncer de piel. Esto explica el aumento de melanina entre los africanos, por la protección que les supone contra los rayos directos del sol.

 Hay, no obstante, algunas distribuciones anómalas del color de la piel, por ejemplo, entre asiáticos y esquimales emigrantes que mantienen la misma pigmentación vivan donde vivan, cuya explicación, según Marvin Harris, puede deberse a los efectos de la “selección cultural”, más que a los de selección natural. En efecto, si algunas poblaciones adoptaron el patrón estético de “lo negro es hermoso” y otras de “lo blanco es hermoso”,  una vez iniciado este proceso de selección cultural, tendría un efecto en el incremento de porcentajes de negros o blancos muy superiores a los que se obtendrían por la selección natural.

 En cualquier caso, ninguna población posee un paquete de caracteres inmutables (que se transmiten sin variación) como se defendía en el concepto tradicional de “raza”, ni está compuesta de individuos “pura sangre”. Y, además, la antropología no cree que la voluntad de los individuos pueda modificar las creencias y las prácticas culturales que estén profundamente condicionadas y, de hecho, viene a decir que: “Para cambiar el mundo hay que tratar primero de comprenderlo”.

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COMPRENSIÓN Noviembre 10, 2009

Posted by auroradelprado in psicología.
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COMPRENSIÓN

COMPRENSIÓN

Desde que nacemos comenzamos a interaccionar con los demás y está demostrado que el ingrediente absolutamente indispensable para llevarse bien con los demás es la comprensión.

Hace algunos años me llamó por teléfono María, yo no la conocía, era la madre del compañero de mi hija. Me llamaba porque mi hija, que se sentaba con su hijo, lo tenía prácticamente de cara a la pared todo el tiempo; el niño se lo había contado a su madre y ella me llamaba para que yo hablara con mi hija y le preguntara cuál era el motivo de dicho comportamiento. Intenté trasmitirle mi comprensión: evidentemente, era una situación que estaba sufriendo su hijo, y necesariamente mi hija debía darnos una explicación de tal hecho. Cuando hablé con mi hija, se mostró totalmente convencida de que estaba haciendo lo correcto. Al niño en cuestión le olía muy mal la boca, por lo tanto no lo dejaba que se dirigiera a ella, ni siquiera que volviera la cabeza hacia su lado. Con esta explicación llamé de nuevo a María, y le comenté lo que mi hija me había dicho. María, sin enfadarse, me dijo: “Pues tiene razón tu hija: es cierto que le huele mal la boca, lo voy a llevar al médico”. El problema de halitosis, por supuesto, se solucionó. Pero de aquella situación surgió una gran amistad entre María y yo: ella percibió mi comprensión y mi predisposición a solucionar el problema entre nuestros hijos. Hoy por hoy es una de mis mejores amigas.

Es cierto que las relaciones humanas suelen deteriorarse cuando no hay comprensión; existen muchas personas que se niegan a aceptar las diferencias en todos los niveles. Lo diferente puede alertar en sentido negativo. Una persona nueva en una empresa puede sentirse rechazada porque para algunas personas representa un peligro: no la conocen, tienen miedo, creen que de alguna manera les puede desestabilizar y la perciben como una amenaza. De hecho, la persona nueva suele sentirse rechazada injustamente sin recibir el apoyo de sus compañeros que, por supuesto, en esos momentos le haría tanta falta para integrarse adecuadamente.

Marta acababa de terminar la carrera en una ciudad de provincia. Se había trasladado a Madrid porque le daban la oportunidad de ejercer su carrera en una de las empresas más reconocidas de su sector. Ella estaba ilusionada, -no todo el mundo consigue trabajo nada más terminar la carrera-, y además iba a trabajar en lo suyo. Al mismo tiempo se sentía insegura debido al cambio tan drástico de vivir toda la vida en la misma ciudad, a vivir sola en una ciudad tan grande como Madrid. Cuando comenzó a trabajar, se sumó a todo ello el rechazo de sus compañeros, y la total falta de compañerismo. Cuando le preguntaba algo le solían decir: “Aquí todos nos sacamos las castañas del fuego solos”. Esta situación deshumanizada la comentó en mi consulta con evidentes síntomas de ansiedad. Como veis, en estas situaciones, la comprensión brilla por su ausencia, desgraciadamente.

También hay personas que se molestan cuando no opinas igual que ellas; creen que si no compartes sus puntos de vista, estás en contra de ellas. Esto es absurdo, pues una persona te puede caer fenomenal, parecerte buena e interesante y, sin embargo, no compartir algunas de su opiniones. Por tanto, la falta de comprensión en las relaciones humanas suele producir enfados, frustraciones, conflictos y separaciones. Para comprender a los demás es necesario escucharles con atención y al mismo tiempo tratar de ponernos en su lugar intentando descubrir cómo se sienten dentro de la situación y empatizando con sus emociones.

También existe una costumbre en numerosas culturas, que consiste en juzgar día y noche a los demás. Siempre se ha dicho “que medio mundo habla del otro medio”. Cuando las personas no actúan como nosotros creemos que deberían hacerlo, nos enfadamos, los criticamos, rompemos la relación. Esto demuestra una baja tolerancia a la frustración, porque podríamos decir, “me gustaría que se hubiera comportado conmigo como yo quería, pero si no ha sido así, me puedo sentir molesto pero no terriblemente molesto”.

Por lo tanto, los principales motivos de irritación en la vida están provocados generalmente por los demás, y se demuestra que las relaciones con personas pueden provocar constantes conflictos y frustraciones. Cuando se reacciona constantemente ante todos los acontecimientos que conllevan discrepancias a nivel cotidiano, podemos convertir la vida en una auténtica guerra sin fin. Esto, sin darnos cuenta, nos lleva a un deterioro físico importante, pues se sabe que las actitudes negativas en la vida disminuyen la capacidad del sistema inmunológico y en determinadas ocasiones llega a ser la causa de una verdadera enfermedad.

¿QUÉ PODEMOS HACER?

Tenemos que aprender a escuchar, a comprender y a saber que no podemos vivir controlando constantemente las situaciones, las circunstancias y las personas, porque es imposible, por mucho que nos empeñemos, y se nos irá la vida en ello. Pero lo que sí podemos controlar son nuestras actitudes y comportamientos con una actitud de comprensión. Además de proporcionar tranquilidad y bienestar a nosotros mismos, se la proporcionaremos a los demás, y con ello podemos reducir, incluso eliminar ansiedades, inquietudes e inseguridades, porque la comprensión es lo que realmente las personas necesitan y quieren.

La gente siempre trata de buscar la compresión de los demás. Se dice: “la mente humana busca la compresión de los demás tanto como la flor busca el sol”.

Se ha demostrado que la mayoría de las parejas se rompen precisamente por la falta de comprensión; se sienten incomprendidos, respectivamente, y muchas veces oímos la famosa frase “en casa no me comprenden”. Detrás de estas declaraciones, generalmente hay frustración, soledad e insatisfacción en su vida de pareja. La comprensión también hay que transmitirla; esto es fundamental en todo tipo de relaciones. Las personas agradecen que, en un momento dado, alguien les diga “comprendo cómo te sientes”, “tienes todo el derecho a expresar lo que sientes”. De esta forma, la persona se sentirá apoyada y al mismo tiempo le proporcionaremos tranquilidad.

La comprensión podría considerarse una habilidad más que una actitud: es como abrir más los ojos, y darnos cuenta de que como seres humanos que somos, a veces actuamos inadecuadamente; la mayoría de las veces nos solemos comportar con impulsividad más que guiados por la lógica y la racionalidad.

La comprensión también tenemos que utilizarla para interpretar que cuando una persona se comporta de forma irracional, muchas veces hay un motivo que explica su conducta, y tenemos que pensar que si nosotros nos encontráramos en esa misma situación probablemente actuaríamos de forma parecida. La tolerancia es otro factor fundamental en la comprensión: es necesario aprender a tolerar el comportamiento a veces molesto de los demás. También es importante tener una actitud abierta, aprender a disfrutar y respetar los diferentes estilos de vida, los valores, las actitudes, las culturas, razas, edades y las discrepancias con los demás.

Sabemos que hay algunas personas a las que les molestan muchísimo las diferencias de razas; no son conscientes de que la variabilidad es la clave para comprender la evolución genética. Con la excepción de los miembros idénticos de partos múltiples, cada uno de nosotros es un experimento genético único, que nunca se repetirá. La variación genética dentro de una especie es la base del proceso evolutivo.

Nosotros también tenemos la capacidad de elegir la opción de ser tolerantes, porque somos los dueños de nuestros pensamientos. Podemos elegir odiar, criticar y juzgar, o podemos elegir ser tolerantes con los defectos de los demás, con los comportamientos molestos de quienes nos rodean, tratando de magnificar lo bueno y minimizar lo malo. La tolerancia es algo muy importante, pero al mismo tiempo es muy sencillo, es simplemente, “aceptar a la gente como es”.

La mayoría de las personas tienen virtudes y también defectos, tienen cosas positivas y también negativas, tienen ventajas pero también tienen inconvenientes. Pero existe una tendencia a esperar que las personas sean perfectas. Cuando lo que la persona espera no se ajusta a la realidad, se siente decepcionada y frustrada. Esta situación suele suceder en algunas parejas una vez finalizado el período de enamoramiento. Tenemos que aprender a aceptar a las personas tal y como son: no somos perfectos, porque la perfección no existe, por lo tanto, es muy saludable intentar buscar lo bueno en los demás. Lo encontraréis seguro.

Hemos de adquirir la costumbre de pensar en positivo. Si desde por la mañana positivizamos el día, solemos terminarlo sintiéndonos mejor con nosotros mismos; sin embargo, cuando nos levantamos pensando en negativo, nos enfadaremos por todo, decepcionando a los demás y al final del día nos sentiremos agotados mental y físicamente, con el consabido deterioro de nuestras defensas.

Aprender a aceptar y soportar los defectos de los demás sin enfadarse ayudará a conseguir el equilibrio emocional. Pero comprender a la gente no significa que tengamos que justificar las malas acciones y los comportamientos indeseables: la actitud de comprensión consiste en “detestar el hecho, no a la persona”.

Intentar comprender a las personas indeseables, prepotentes, chismosas, egoístas, desconsideradas, maleducadas e irónicas, supone poseer una gran dosis de comprensión. Es difícil intentar comprender a este tipo de personas; hay que hacer un gran esfuerzo para entender que estas personas probablemente han sido maltratadas por otras y viven amargadas. Alguien ha hecho que pensaran que no sirven para nada, que son unas inútiles, seguramente no se han sentido queridas ni respetadas, y se creen menos que los demás por infravalorarlas. Por tanto, hemos de ir contra las causas, no contra las personas que padecen las consecuencias.

La empatía, la capacidad de ponernos en la piel de los demás, nos ayudará a desarrollar nuestra capacidad de comprensión. Está claro que para convivir en paz hemos de poseer, empatía, tolerancia y, sobre todo, comprensión.

LO SEXUAL NO SE REDUCE A LO GENITAL Enero 7, 2009

Posted by auroradelprado in psicología.
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El modelo universal sexual es masculino y la rebelión de la mujer está en no aceptar ese modelo.

Detrás de las campañas referentes a lo sexual no suele haber ningún profesional de la sexología. Esto se demuestra porque dichas campañas suelen ser reduccionistas, limitando las relaciones sexuales a la mera penetración, que ha sido y sigue siendo el modelo sexual universal masculino de toda la vida.

Las campañas que proponen el uso del condón, aunque su finalidad es positiva, ya que intentan prevenir, evitar los embarazos no deseados y combatir las enfermedades de transmisión sexual, sin querer, también están induciendo a los jóvenes a la práctica coital como única manera de mantener relaciones sexuales placenteras.

También los métodos de planificación familiar se basan en proporcionar métodos anticonceptivos como la píldora, o el dispositivo intrauterino, que los aconsejan como los más eficaces presuponiendo el coito como única práctica de relación sexual. Pero existen otras formas de mantener relaciones sexuales aconceptivas, que son mucho más eficaces y sobre todo más baratas.

Es importante diferenciar lo que es mera información sexual de lo que es Educación Sexual. Muchos creen que hacer educación sexual es informar sobre la prevención (sida, embarazos…), pero con esta fórmula se refuerza cada vez más la idea de que sexo es sinónimo de coito.

Los que han querido construir la universalización del modelo del goce masculino, extendiendo ese modelo a las mujeres, lo hacen aceptando la pauta de un cuerpo femenino genitalizado. La rebelión de las mujeres está en no aceptar el modelo sexual de universalización masculino, el modelo genital; no sólo porque sea masculino, sino porque es insuficiente para el goce femenino.

Las mujeres se han dado cuenta de que si no se rompía el modelo genital no gozaban, porque ese modelo no se adecua al cuerpo de la mujer. El clítoris pone de relieve que la mujer no es genital, porque su cuerpo es metagenital, pero la construcción histórica de lo masculino es el acomodo genital.

Los científicos lo corroboran entre ellos:

Alfred Kinsey, médico y sexólogo de prestigio universal, afirmaba “que el clítoris desempeña un papel importante, si no único, en la respuesta orgásmica de la mujer, y que el orgasmo vaginal es una imposibilidad biológica”.

Mary Jane Sherfey en su libro “Naturaleza y evolución de la sexualidad femenina” dice: que los orgasmos vaginales son infrecuentes, debido a las carencias de terminaciones de nervios sensitivos en el cuerpo principal de la vagina, aunque algunas mujeres confunden con facilidad un orgasmo vaginal con uno clitoral.

El clítoris es el órgano sexual y la vagina es, principalmente, el órgano de la reproducción.

Existe un nutrido número de hombres y de mujeres que aceptan la ecuación orgasmo vaginal = normalidad. De aquí la incidencia cada vez mayor de sentimientos de culpa, de temor de resentimiento en mujeres, por lo demás sanas, que se sienten incapaces de alcanzar el ilusivo premio. También nos encontramos frente al formidable obstáculo de un gran bloque de opiniones profesionales y públicas porque la gente, a su vez, quiere que el orgasmo vaginal exista y no el clitoral.

La vagina constituye el receptáculo para el pene y el semen, también sirve como canal para el parto, pero no para participar en la creación o alivio de la tensión sexual.

La estimulación accidental de la zona clitoral produce a menudo sensaciones eróticas. La estimulación del tercio inferior de la vagina, tal como la producida por tampones, puntas de irrigadores, etc, no produce sensaciones eróticas similares, aun cuando estos procedimientos se ejecuten en la segunda mitad del ciclo.

Un tampón vaginal mal colocado toca el tercio inferior, y aunque el contacto con la mucosa del tercio inferior sea leve, nunca origina sensaciones eróticas, sino que produce irritación. Si el contacto es prolongado, causa dolor.

Según el informe Hite “Estudio de la sexualidad femenina”, corrobora que: “Se ha demostrado que sólo el 30% aproximadamente de las mujeres comprendidas en este estudio podían sentir el orgasmo con regularidad a través del coito. En otras palabras: la mayoría de las mujeres no tienen orgasmo con regularidad como resultado del coito. Para la mayoría de las mujeres tener orgasmo durante el coito y como resultado de éste exclusivamente, es una experiencia excepcional, no habitual.

Muchos hombres prefieren creer en un “Punto G”, más bien imaginario, en el interior de la vagina, que intentar hacer algo que las mujeres aseguran que les produce mayor placer, es decir, la estimulación del clítoris. De hecho, hace poco se ha demostrado que el llamado “Punto G” no existe en sentido anatómico: no me sorprendió teniendo en cuenta mis investigaciones con mujeres.

Las mujeres actuales, en general, no creen tener algún defecto terrible si no tienen un orgasmo durante “el acto” porque saben que pueden alcanzarlo sin problemas de otras formas.

El sistema clitoridiano es semejante al pene, pero es interno, mientras que el pene es externo. Obligar al cuerpo femenino a adaptarse a la estimulación vaginal para que tenga un orgasmo durante el coito, como el hombre, distorsiona la identidad sexual de la mujer y la presiona para que finja el orgasmo. No hay razón para que las dos personas tengan que alcanzar el orgasmo al mismo tiempo. El sexo puede ser igual de placentero, e incluso más, cuando se produce una relación sincera y erótica. Necesitamos redefinir el sexo, no convertir en un problema médico a las mujeres.

Para Albert Ellis, uno de los psicoterapeutas más influyente del siglo XX: “Las mujeres pueden tener orgasmos de muchas formas distintas, especialmente si se manipula la región del clítoris, no la vagina. La vagina es relativamente insensible al estímulo sexual, porque si fueran sensibles al estímulo sexual, las mujeres no serían capaces de tener niños, ya que el parto sería dolorosísimo, mucho más de lo que es ahora, siendo una zona relativamente insensible”.

Pero, por suerte, tienen un clítoris que es muy sensible y puede darle orgasmos, pueden causárselos ellas mismas o sus parejas y también si piensan algo excitante.

Los griegos distinguían entre Doxa y Episteme: la Doxa es la opinión de la calle, Episteme es el lado científico. En todas las ciencias hay mitos, como en sexología. Por ser una ciencia que engloba prácticamente la esencia del ser humano, y por tener tantas implicaciones sobre nuestras vidas se suele opinar creando mitos que no se ajustan a la realidad. Son numerosísimos los ejemplos que distorsionan las teorías reales debido a una desinformación y una falta de interés científico en lo sexual.

Reconozco que es muy difícil enseñar educación sexual. Hay que reemplazar muchas opiniones que están arraigadas dentro de nuestra cultura y que llevan tanto tiempo que al final han cristalizado como verdades.

Culturalmente las relaciones sexuales hombre-mujer se han reducido a la genitalización; es lo que nos han transmitido. Está científicamente demostrado que, para las mujeres, las relaciones sexuales sin penetración pueden ser igual, o incluso más placenteras que las relaciones que implican penetración, debido a que las zonas excitables se hallan en los órganos externos, y por lo tanto, para su estimulación no es necesario la penetración.

La educación sexual, aparte de prevenciones, ofrece unos valores como: la fecundidad con racionalidad, el placer humanizado, y la sexuación como diversificación.

Pero es preciso ir más a la raíz. A un valor que sirve de tronco a los anteriores y les confiere todo su sentido. Porque antes del ejercicio de la fecundación o la vivencia del placer, un sujeto se hace a sí mismo como hombre o como mujer de forma evolutiva y a través de unos procesos.

La sexuación consiste en uno de esos procesos biográficos, y no solo biológicos, a través del cual los individuos se van sexuando, es decir se van configurando como masculinos o femeninos, identificándose con un sexo preponderante en relación al otro y viceversa.

La prevención no tendría por qué sustituir o anular lo importante. De esta forma la educación sexual como inducción al estudio y conocimiento del hecho de los sexos, y no del sexo, o de lo que se ha generalizado como tal, puede perfectamente formar parte en el conjunto del proyecto educativo.

Para conseguir un desarrollo óptimo de la sexualidad, hemos de procurar que la sexualidad se acepte como una dimensión positiva de nuestra personalidad que integra posibilidades de placer, ternura, comunicación, afecto, y procreación.

En sexología hay cuatro conceptos fundamentales que siempre hay que tener en cuenta, que son: el respeto, la tolerancia, la ética y la responsabilidad.

AMAR POR AMAR Diciembre 22, 2008

Posted by auroradelprado in psicología.
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María estaba casada, tenía siete hijos y sabía que su marido tenía relaciones con otras mujeres. La ciudad donde vivían era pequeña, por lo que las andanzas de su marido eran conocidas por todos. Sufría en silencio su humillación, porque si alguna vez le insinuaba algo sobre sus infidelidades, él decía que eso era cosa de hombres y seguía su vida alegremente sin tener en cuenta el sufrimiento que le estaba ocasionando a su mujer e, indirectamente, a sus hijos también. María seguía con él, en primer lugar, porque según ella le seguía queriendo a pesar de todo, porque era el padre de sus siete hijos, y porque nunca había trabajado y con el trabajo de la casa, no tenía tiempo tampoco. Un día, una vecina le dio referencias sobre la mujer con la que últimamente se estaba viendo su marido. María, armándose de valor, cogió a su hija pequeña en brazos y fue a la casa de la nueva amante de su marido. Cuando estuvo frente a ella, le dijo “Soy la mujer de Manolo y sé lo vuestro y te vengo a decir que lo dejes en paz”. La amante, mirándola fijamente, le respondió: “¡Ah! ¿A ti te gusta tu marido, verdad? Pues a mi también, y no tengo más que hablar contigo”, y cerró la puerta de un portazo. María, cabizbaja, se fue a su casa; se sentía humillada, infravalorada y con la autoestima por los suelos. Su calvario no tenía fin, su vida era horrible y ella tremendamente infeliz al lado de un ser tan desconsiderado y despreciable como su marido.


Esta historia, aunque los nombres no son los auténticos, es real, por desgracia. Es un claro ejemplo de una mujer que está amando sin límites. Tiene una idea errónea de lo que significa el amor y vivir en pareja.


Vivir en pareja no significa vivir con sufrimiento. Cuando formamos pareja es para que la vida sea más agradable, más feliz, no para que nos martiricen y nos humillen constantemente. No se debe mantener una relación a cualquier precio; por nuestra propia dignidad, pero también por la de las personas que nos quieren. Nuestra obligación es estar bien en la vida. Si le preguntásemos a las madres para qué tienen hijos, la mayoría dirían que para que sean felices. Estamos aquí para procurar ser felices, no para ser unos amargados y menos dejar que otros nos amarguen la vida, ¡faltaría más!


Muchas mujeres hacen que su vida gire en torno a la de su pareja, se olvidan de ellas mismas y la mayoría de las conversaciones que tienen son acerca de su relación; tratan siempre de buscar justificación a su mal humor, a su indiferencia y a sus desaires. Normalizan comportamientos por los que pueden sentirse ofendidas. Desarrollan tal aguante que su personalidad va anulándose poco a poco, sin que ellas se den cuenta.


Amar sin límites puede parecer algo típicamente femenino, porque los hombres tienden a obsesionarse con el trabajo, los deportes, los coches, o los hobbies. Sin embargo, para las mujeres, la relación de pareja es algo muy importante: muchas se obsesionan con una persona que probablemente no sea la más adecuada.


A las mujeres nos han instruido desde nuestra infancia para amar, ayudar, recuperar y consolar a los demás. Tenemos almas de redentoras y algunas lo llevan hasta las últimas consecuencias, creyéndose las salvadoras; se dejan llevar por la naturaleza, aunque muchas veces no obtienen los resultados deseados y entonces todavía ponen más empeño para conseguirlo.


Luisa rondaba ya los cuarenta, se había casado muy joven, su novio bebía, pero ella pensó que una vez casados lo dejaría, porque ella se iba a encargar de cambiarlo. Lo que sucedió, una vez casados, fue todo lo contrario, pues el marido comenzó a beber más, los hijos suponían más responsabilidad y el alcohol le servía de consuelo. Al cabo de unos años enfermó del hígado y murió. Luisa, después de un tiempo prudencial, se enamoró de nuevo, pero al poco tiempo de formar pareja con el nuevo amor, comenzaron los problemas. Estaba fuera de casa demasiado tiempo y su comportamiento no era adecuado con los niños: finalmente se enteró de que era drogadicto. Después de un tiempo de problemas y discusiones diarias, decidió poner fin a la relación, por ella y por sus hijos.


Luisa seguía su vida, y nuevamente se volvió a enamorar ya con cuarenta años, pero los problemas no tardaron en aparecer de nuevo. Le faltaba dinero de casa, y además, echaron a su nueva pareja del trabajo acusándole de robo. Ella comenzó a investigar la vida de su novio y no tardó en descubrir que era ludópata. Cuando vino a mi consulta lo había echado de casa y en esos momentos él estaba durmiendo en la calle, en el coche, y no estaba dispuesta a admitirlo nuevamente en su casa porque no reconocía el problema que tenía y era obvio que necesitaba ayuda para recuperarse.


Este es un ejemplo claro de cómo Luisa sentía una especial predilección por los hombres problemáticos. Su instinto de redentora, de salvadora, estaba ahí latente, pero sus esfuerzos no daban resultados, y estas relaciones la hacían infeliz.


Cuando las personas aman sin límites, muchas veces no son capaces de distinguir cuándo alguien no es bueno para ellas. Se obsesionan con un hombre, a esa obsesión la denominan amor, se dejan llevar por las emociones que les hacen sentir en esos momentos, se dejan envolver en una burbuja. Creen sentirse seguras y protegidas porque muchas tienen miedo a estar solas y a sentirse abandonadas. Consideran que vivir en pareja es la mejor forma de vivir y buscan ese estado como sea.


Muchas de las mujeres que aman sin límites han sufrido carencias afectivas en su infancia, tienen miedo de que no las quieran, de sentirse ignoradas y solas. Aman desesperadamente, con la intención de que el hombre al que dan su amor les corresponda, entre otras cosas para que supla sus carencias y miedos, y les de lo que tanto les ha faltado desde su infancia, que es el cariño incondicional de alguien que nunca llegaron a tener.


Estas mujeres que en su infancia sufrieron carencias afectivas, se sienten obligadas a dar afectividad y precisamente a hombres que para ellas son seres necesitados de cariño y de su ayuda y que necesitan cambiar.


Generalmente, las mujeres que aman sin límites, provienen de familias desestructuradas, con problemas y, habiendo vivido en un hogar cuyos padres no eran cariñosos ni comprensivos, tratan de cambiar a los hombres que se cruzan en su camino y que quieren formar pareja con ellas. Despliegan entonces todo un arsenal de estrategias dirigidas por amor, a intentar ayudar, cambiar, y recuperar a la pareja. Están dispuestas a hacer lo que haga falta para que la relación funcione, antes de sentirse abandonadas.


Como han sufrido tanto por la falta de afectividad, tienen una enorme paciencia, tratan de obedecer, de transigir, incluso se responsabilizan de las discusiones que surjan dentro de la pareja; en definitiva, tratan de complacerle en todo momento para evitar la temida ruptura.


Algo muy significativo en ellas es la baja autoestima, se consideran ciudadanas de segunda clase, se culpabilizan por todo lo que acontece dentro de la relación, y al mismo tiempo tratan de vigilarlo todo. Son auténticas centinelas de la relación para suplir la poca seguridad que vivieron durante la infancia. Por encima de todo necesitan sentirse útiles, el mero hecho de tener un hombre al lado les hace sentirse afortunadas.


La mayoría, idealizan la relación que viven, para no ver la realidad. Tienen la tendencia de acercarse a hombres que tienen problemas, que les van a causar daño. Y al relacionarse con hombres problemáticos, se olvidan de la consideración que merecen para ellas mismas como responsables que son de su persona.


La depresión a veces hace mella, pero tratan de compensarla con la excitación que les produce una relación insegura e inestable. Para ellas, los hombres formales, que son responsables, fieles, que no suelen dar problemas, que estarían dispuestos a hacerlas felices, no les atraen en absoluto. Este tipo de hombres son sosos, aburridos, simples, no les dicen nada.


Pero a pesar de que se dan cuenta que la relación problemática no satisface sus necesidades, no se atreven a romperla, porque por encima de esas necesidades están otras todavía más fuertes, como las de sentir que están sufriendo por alguien y, al mismo tiempo, se sienten útiles, ya que se han erigido como salvadoras y tienen que cumplir el cometido que se han impuesto.


Se ha demostrado que cuando se sufren carencias afectivas durante la infancia, no aprendemos a querernos a nosotros mismos porque nadie nos enseña a querernos, y lo peor de todo es que creemos que nos lo merecemos.


El amar sin límites se puede convertir en una auténtica adicción. La búsqueda constante de estar con alguien para sentirnos bien con nosotras mismas. Pero esto tiene también la otra cara de la moneda, porque si nos centramos tanto en la relación, va a ir en detrimento de todo lo demás relacionado con nuestra vida como el trabajo, nuestras relaciones, nuestra familia, nuestros entretenimientos… Utilizan, en cierto modo, la relación de pareja para calmar los miedos, las inseguridades y la baja autoestima.


Para ellas un hombre con problemas les resulta mucho más atrayente, pues saben que tienen que hacer un buen trabajo y lo asumen como un auténtico reto. Un hombre que se está divorciando, necesita alguien con quien hablar de su problema. A un hombre que tenga mal humor le será de mucha utilidad tener al lado una persona con paciencia y comprensión. A las mujeres siempre les han atraído mucho los típicos canallas, ellas siempre van a estar ahí para ayudar. Pero un hombre formal, serio, fiel, etc., no necesita ayuda de ninguna clase. No les sirven, pues a este tipo de hombres no los pueden amar sin límites.


Tenemos que tener muy claro que la caridad empieza por uno mismo. Si no nos queremos a nosotros mismos, no podemos querer a los demás de verdad.


Hay que afrontar nuestras limitaciones, trabajarlas para tener mayor calidad de vida. Pensar en uno mismo es bueno, cuidar y enriquecer nuestra personalidad es mejor, no sólo para nosotros, sino para todas las personas que nos rodean. En numerosas ocasiones, se nos va la vida pensando en los demás constantemente, olvidándonos de la persona más importante, que en este caso eres “tú”.


La persona con la que formamos pareja, si realmente tiene problemas, debe solucionarlos ella misma. Nosotros podemos estar a su lado, pero la responsabilidad es suya no nuestra, y tampoco tenemos que permanecer obligatoriamente junto a alguien que no tome ninguna medida para poner fin al problema que tenga y que, además, nos haga la vida imposible.


Algunas mujeres han estado tan volcadas en la vida de su pareja, que han llegado a olvidar sus propias emociones. Se sienten tan anuladas como mujeres, que los incidentes que terminan en broncas, silencios interminables, o escapadas, les producen cierto desasosiego o excitación, y a veces precisan de estos problemas para volver a sentir algo como personas. Es así de triste.


La vida es lo más importante que tenemos. Y estamos obligados a llevarla al mejor puerto posible, por nuestra propia dignidad, pero también por la dignidad de las personas que nos han puesto aquí y que se merecen todo nuestro respeto, nuestros padres.


Tenemos que responsabilizarnos de nuestra propia vida y de nuestra felicidad porque ya tenemos edad para ello, sin depender de nadie. Formarnos, cultivarnos para sentirnos más seguras y autosuficientes, porque se sabe que cuanto menos se necesite a una pareja para ser feliz, mejor pareja serás, y te atraerán y atraerás a personas más sanas.


Schopenhauer decía: “Es prudente dejar sentir, de cuando en cuando, a las personas que podemos pasarnos muy bien sin ellas. Esto fortalece la amistad, y hasta con la mayoría de las personas no es malo deslizar de tiempo en tiempo un tonillo desdeñoso respecto a ellos, y así hacen más caso a nuestra amistad (Quien no estima, llega a ser estimado, dice un proverbio italiano). Si alguien tiene mucho valor real a nuestros ojos, es preciso ocultárselo, como si fuese un crimen. Esto no es muy grato, pero es así”.


Es importante hacernos valer. Ir de “perrito faldero” por la vida, no suele dar buenos resultados, porque los hombres no valoran a este tipo de mujeres. Todo lo contrario, las utilizan. En cuanto se dan cuenta de lo importante que es esa relación para la mujer, y que están dispuestas a aguantar todo para salvarla, comenzará el calvario.


CUANDO NOS VOLVEMOS MÁS SANAS Y EQUILIBRADAS ATRAEMOS A PAREJAS MÁS SANAS Y EQUILIBRADAS.

LA RUPTURA AMOROSA Diciembre 2, 2008

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Después de una ruptura amorosa, hay que volver a empezar. No podemos quedarnos lamentándonos, preguntándonos qué es lo que hemos hecho mal, o que nos lo merecemos, etc. Este comportamiento sólo nos lleva a sentirnos peor, más tristes y con más depresión.

Podemos considerar la ruptura como una desgracia más en nuestra vida, pero al igual que cuando hay terremotos, incendios, o inundaciones, la gente no se queda en el lugar lamentándose, llorando por lo sucedido y preguntándose por qué me ha sucedido esto a mí, y diciéndose no me lo merezco. Lo que hacen, una vez que ha pasado la catástrofe, es comenzar a buscar un nuevo sitio donde vivir una nueva vida; hay que seguir y empezar a vivir de nuevo. A pesar de las pérdidas materiales e incluso humanas, la vida sigue y nuestro deber es intentar vivirla dignamente, de la mejor manera posible. Por lo tanto, después de una ruptura amorosa, hay que volver a empezar, no podemos quedarnos pasivos ante la desgracia. Hay que actuar siempre.

La autoestima es un factor importante que nos va a ayudar a superar mejor una ruptura, porque cuando se acaba una relación no debemos pensar que es el fin; una relación no es la vida, es una parte de nuestra vida. Una separación puede ser el inicio de una vida más interesante y enriquecedora. Tampoco es correcto pensar “que me ha dejado”; esta frase suele hacer sufrir mucho a las personas, porque se creen culpables, no merecedoras del cariño del otro, pero la realidad es que nadie deja a nadie, lo que se deja es la relación, no a la persona. La persona sigue siendo igual de valiosa en todos los sentidos sin la pareja a su lado, no se deteriora ninguna capacidad, y puede ser agradable y maravillosa para otra persona en otro momento determinado de la vida.

Por lo tanto, la fórmula pasa por aprender a quererse a uno mismo, tenemos que valorarnos como personas humanas, únicas e irrepetibles, y sentirnos seguros de nosotros mismos; el que una relación nos haya salido mal no quiere decir que no sirvamos para vivir en pareja, y que el resto de nuestra vida tengamos que resignarnos a vivir solos obligatoriamente.

Muchas personas en estas circunstancias se suelen sentir abandonadas y este sentimiento produce mucho sufrimiento, ya sea hombre o mujer quien lo padezca. Realmente es un sufrimiento innecesario, porque si racionalizamos la situación, la persona que abandona es alguien que por circunstancias de la vida conociste en un lugar determinado, surgió algo entre ambos, formasteis pareja un tiempo y luego terminó la relación. Es importante recordar que a cada persona nos van muchas personas que probablemente no conozcamos en toda nuestra vida, pero que están ahí; la naturaleza es muy sabia y no le interesa que sólo nos vaya una persona de los 6600 millones de personas que pueblan este mundo. Por lo tanto, es cuestión de conocer a gente y surgirá entonces otra persona que nos atraiga para formar pareja nuevamente. Lo que es cierto es que nunca nadie nos va a decir que la pareja que elijamos es la ideal y con la que el resto de nuestra vida vamos a ser feliz. Tenemos que arriesgarnos, en la vida no hay certeza, más bien hay incertidumbre. ¡Es lo que hay!

Conocí a un matrimonio que por circunstancias de trabajo cambiaban de ciudad cada dos o tres años, tenían 4 hijos adolescentes, estos se echaban novias en la ciudad donde vivían; las circunstancias les obligaban. Estuvieron en Galicia unos años, y allí se sintieron atraídos por las chicas del lugar, al cabo de un tiempo trasladaron al padre a otra ciudad, comenzaron a formar parejas con las chicas de la nueva ciudad. Esto es así, el mundo entero está lleno de gente buena e interesante y en cualquier parte surge la atracción entre las personas, porque es biología pura y dura; la naturaleza nos utiliza generalmente para sus propios fines: hacer que la especie siga hacia delante. La naturaleza, en la mayoría de las ocasiones, necesita esa estratagema para lograr sus fines; por desinteresada e ideal que pueda parecer la admiración por una persona amada, el objetivo final es en realidad la creación de un nuevo ser determinado en su naturaleza, y lo que lo prueba así es que el amor no se contenta con un sentimiento recíproco, sino que exige la posesión misma, lo esencial, es decir, el goce físico. El que cierto hijo sea engendrado, ése es el fin único y verdadero de toda novela de amor, aunque los enamorados no lo sospechen.

Está demostrado que la ruptura de una pareja supone una pérdida emocional. Los efectos son similares a la muerte de un ser querido. Al principio duele intensamente, parece que no nos vamos a recuperar nunca, pero lo cierto es que el dolor y la tristeza poco a poco se van extinguiendo, y con el tiempo el recuerdo deja de hacernos daño.

La ruptura, por lo tanto, supone hacer un duelo por la pérdida que se ha sufrido. El tiempo de superación depende de la persona, pero se estima de un año a año y medio. A la persona que no desea la ruptura de la relación, le costará aceptar la separación de la persona que ha querido, y deberá comenzar a pensar en su pareja como un recuerdo, pero sin añorarlo, porque esto le hará daño.

El duelo no se puede alargar para el resto de la vida, porque no se puede añorar persistentemente a alguien que ya no nos quiere y que además no se lo merece, porque esa persona ha decidido seguir su vida sin la nuestra. La mayoría de las parejas ponen mucho de su personalidad en la otra persona, y cuando uno de ellos decide irse por el motivo que sea, la otra persona se suele sentir sola, desvalida, se encuentra perdida, no entiende nada y tiene que intentar, en medio de todo el caos que está viviendo, recuperar todo aquello que había puesto generosamente en la otra persona; tiene que comenzar a aprender a vivir sin la pareja, y sobre todo volver a ser uno mismo.

Pero lo que es cierto es que el tiempo del duelo es absolutamente necesario; durante este tiempo no es recomendable iniciar una nueva relación, porque se necesita un tiempo de recuperación, de reflexión, para empezar algo nuevo, lo primero es estar bien con uno mismo en todos los sentidos. Por lo tanto, no es bueno precipitarse con la primera persona que se cruce en nuestro camino, porque normalmente será un nuevo fracaso en nuestra vida.

Existe una trampa en la que caen muchas personas, que es la frase que repiten muy a menudo: “le sigo o la sigo queriendo, a pesar de todo”. Tratan de convencerse de que a pesar de todo, le siguen queriendo. Nadie puede seguir queriendo a alguien que te ha hecho sufrir, que no te ha valorado, que ha pasado de ti y que para esa persona ya eres historia. Estas personas, en realidad, siguen queriendo a la persona de la que se enamoraron al principio, pero esa persona ya no existe; ahora ha cambiado, es otra diferente y ya no siente lo mismo.

Algunas personas se sienten heridas en su orgullo y deciden por su cuenta luchar para recuperar su relación a cualquier precio; no es que sigan queriendo a su pareja, lo cierto es que no soportan el cambio. Necesitan que alguien les siga queriendo porque la mayoría de las personas no soportan estar solas, se les cae el mundo encima.

Uno de los errores que se comete muy a menudo es buscar a alguien a quien gustar, en lugar de buscar a alguien que te guste, y algunas personas hasta pueden fingir no ser ellas mismas pensando que de esa manera pueden gustar más. Esta forma de actuar tan artificial, les hace sentirse inseguras y con miedos a repetir anteriores historias desagradables, produciéndoles temor a un nuevo fracaso.

Por eso, algunas tiran la toalla y deciden que no necesitan a nadie y tratan de refugiarse en otras actividades para ocultar de esa manera su insatisfacción y su soledad autoimpuesta. Pero es importante que las personas reconozcan que no son responsables de que las quieran, pero sí son responsables de mostrarse tal y como son, de manifestar lo que les gusta y lo que les disgusta. La seguridad en uno mismo es una de las cualidades más atrayentes y las personas con las que comuniquemos lo percibirán como algo positivo y valioso.

Da mucha seguridad y alegría agradar a alguien, por supuesto, pero es mucho más importante que la persona elegida te agrade.

La ruptura en sí ya es lamentable, pero además hay que añadir los cambios que se originan en la vida a raíz de una separación, la incertidumbre que nos cae como una losa, la soledad, la baja autoestima, pero irremediablemente hay que continuar, dejar atrás las costumbres y rutinas anteriores y comenzar una nueva vida. No podemos meter la cabeza debajo del ala: ya no somos niños, hemos de madurar y comenzar a actuar lo antes posible y no sumirnos en el dolor.

Lo positivo que tienen las crisis es que nos dan la posibilidad de cambiar, de encontrar algo nuevo, algo mejor, de volver a empezar. Cuando nacemos comenzamos a caminar en el camino de la vida. Al principio lo hacemos con nuestra familia, luego decidimos seguir el camino nosotros solos; de repente, conocemos a alguien que quiere acompañarnos en ese camino y nos sentimos felices porque nos agrada la compañía, y el sentimiento es mutuo, pero si al cabo de cierto tiempo, el camino no es agradable para alguno de los dos, pues se decide seguir por separado. Pero el camino de la vida continúa y podemos seguir el camino solos, no pasa nada; o si volvemos a encontrar a alguien bueno y agradable que quiera acompañarnos, pues lo haremos en compañía.

Es importante hacer cosas que nos gustan, favorece el sistema inmunológico y hace que nos sintamos mejor, recordar algo que siempre nos ha gustado y volver a hacerlo.

No encerrarse en casa, hay que salir, relacionarse y mostrarse como uno es. Mejorará nuestro equilibrio emocional.

Volcarse en las demás parcelas de la vida, los amigos, el trabajo, la familia, las aficiones… Hay que cultivarlas todas para cuando una nos falle poder refugiarnos en las demás y así nunca nos sentiremos solos.

No hay que convertir al que se ha ido en el hombre o en la mujer ideal. Tenemos que aprender a ver la realidad, quitarnos la venda de los ojos, hay que desilusionarse y dejar de quererle de una vez.

Si tu pareja no reconocía tus valores y tus actitudes, probablemente te equivocaste al hacer tu elección, porque la persona que no te valora, no te quiere y si no te quiere tu tampoco debes quererle de pareja; la relación requiere reciprocidad.

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EL TRABAJO NO LO ES TODO Octubre 24, 2008

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Desde que somos pequeños nos dan cosas. Cuando crecemos, todavía queremos más cosas. Cuando nos hacemos mayores, buscamos un trabajo para seguir comprando más cosas. Vivimos en una época de consumismo donde parece ser más importante “el tener” que “el ser”. No nos planteamos que la mayoría de las compras que hacemos no son realmente necesarias, simplemente compramos porque algo nos gusta, pero la realidad es que podríamos pasar sin ello perfectamente.

 

Compramos una casa en la que colocamos nuestras cosas. Compramos un coche para llevar las pertenencias de un sitio a otro. Como adquirimos demasiadas cosas, nuestra casa se hace pequeña, por tanto compramos una mayor. Así seguimos comprando más y más cosas. La sociedad nos incita constantemente a la compra de todo tipo de objetos, a través de los medios que tenemos a nuestro alcance; si observamos a nuestro alrededor nos daremos cuenta de que existen constantes anuncios tentándonos a consumir. Algunos nos hacen creer que si los compramos haremos negocio con ello, -no olvidemos que el criterio del buen negociante es beneficiarse económicamente, pero también hacer creer al comprador que él también va a hacer negocio. 

 

También compramos otro coche nuevo porque el anterior ya es viejo, y así sucesivamente. Para algunas personas, el coche se convierte en la prolongación de su personalidad; se creen que si se compran un coche caro, inaccesible para la mayoría de la gente, esto les va a proporcionar prestigio, y serán más respetados dentro de la sociedad, incluso más valorados; a estas personas yo las considero unas ilusas. Porque, en realidad, nunca se van a sentir satisfechas completamente con las cosas materiales.

 

La adicción al trabajo justifica la adicción a tener más y más cosas, la mayoría de las cuales no necesitamos. Muchos matrimonios trabajan a tiempo completo los dos, o uno de ellos llega a tener dos trabajos; a veces, no por necesidad real, sino porque necesitan los dos sueldos para pagar una segunda casa en la playa, o un nivel de vida que está por encima de sus posibilidades, y esto implica restarle tiempo a sus hijos con el posible deterioro en su educación, porque la educación de los hijos no consiste en poco tiempo y calidad, sino que consiste en dedicarles mucho tiempo y de calidad.

 

Muchas ideas modernas convierten a la gente en esclavos, cuando no tienen por qué serlo. Tenemos que liberarnos del concepto de tener, porque “No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita”. Actualmente, vivimos en un mundo en el que desde que nos levantamos hasta la hora de acostarnos nos bombardean con una serie de mensajes de cosas que nos hacen creer que son necesarias para vivir bien, y lo peor de todo es que la mayoría de la gente nos lo creemos, y como se suele decir, “picamos”; y muchas veces no nos hacen vivir mejor sino todo lo contrario, lo que nos hacen es complicarnos la vida, que ya de por sí es complicada.

 

Una vez que nos metemos en la vorágine del consumismo puro y duro es muy difícil  salir de él; sólo unos pocos que se pueden contar con los dedos de una mano, son los valientes, los que un día deciden que se salen de este tipo de vida, se lían la manta a la cabeza y cambian completamente de vida. Recuerdo a un señor de Madrid que se levantó como todas las mañanas para ir a su trabajo, cogió el coche, y al cabo de unas horas apareció en Málaga; no tenía ni idea de por qué había llegado hasta allí. Su subconsciente le había obligado a cambiar la ruta diaria y lo había desplazado a otro lugar. En este caso, este señor debió reflexionar y, de manera inconsciente, decidió alejarse de la fuente aversiva de su vida desviándose de su ruta habitual para poner tierra de por medio sin una intención determinada.

 

Un mundo interior de crecimiento personal, que reemplace al mundo externo de crecimiento material, contribuirá a conseguir una mayor satisfacción y bienestar. El crecimiento personal comienza desde el nacimiento y termina cuando morimos en condiciones normales; por lo tanto, cada día evolucionamos como personas, y esta capacidad de evolucionar deberíamos aprovecharla para enriquecernos por dentro.

 

Nuestra capacidad de aprender no la perdemos nunca, está siempre ahí. Es cierto que para aprender cualquier cosa es necesario el esfuerzo, y hay mucha gente que se resiste a tener que hacer cualquier tipo de cosa que  requiera esfuerzo, pero la verdad es que merece la pena porque el resultado es satisfactorio generalmente, y la mayoría de las veces el crecer como personas, el adquirir conocimientos, formas de resolver conflictos adecuadamente, manejar nuestras emociones , el llevarnos bien con los demás, nos hace sentirnos mejores personas; y sabemos que la calidad humana está por encima de las diferencias, de la riqueza, de la belleza, incluso de la inteligencia.

 

Tenemos que poner menos énfasis en la necesidad de trabajar y en la obsesión por las cosas. Es necesario trabajar para vivir, pero no al nivel que mucha gente cree.

 

Eduardo tiene treinta y dos años y trabaja intensamente. Hace poco tiempo perdió a su padre en una accidente de coche. Su padre hacía una buena facturación en la empresa.  Eduardo, a raíz de la muerte de su padre, se hizo cargo de la empresa, pero se impuso facturar por encima de lo que su padre hacía. El subir el listón tan alto, le supuso tener que trabajar con mayor intensidad, por lo tanto toda su vida giraba en torno al trabajo. Tenía pareja, madre, hermanos y amigos, pero todo eso pasó a un segundo plano alejándose cada vez más de su pareja, familia y amigos.

 

Eduardo se convirtió en un auténtico adicto al trabajo, sólo le satisfacía todo lo relacionado con el trabajo; facturar cada vez más y más era su auténtica ilusión. Sabemos que la adicción al trabajo tiene consecuencias negativas. Por este motivo, Eduardo fue perdiendo el interés sexual por su pareja; ella se había dado cuenta de que a raíz de la muerte del padre la relación había dado un giro de 180 grados. Intentó por todos los medios  recuperar a Eduardo, incluso se fue a vivir con él para salvar la relación, pero todo seguía igual: él, obsesionado con el trabajo en todo momento, y ella relegada a una mera compañera de piso. Después de muchos intentos y de darse cuenta de que la misión de devolver el interés sexual y sentimental a su pareja era imposible, lo dejó por fin, totalmente decepcionada, y con la autoestima por los suelos.

 

Eduardo también es muy aficionado a los coches; es de los que le echan el ojo a uno y no paran hasta conseguirlo. Van a verlo a la exposición, se preocupan de informarse de todos los detalles y se pasan un tiempo entusiasmados e ilusionados con la idea de tener el coche que se han propuesto. Como suele ser caro, pasa un tiempo hasta que se deciden a comprarlo y lo curioso es que cuando lo compran, esa ilusión y ese entusiasmo se viene abajo, porque ya han conseguido el capricho, pero se dan cuenta de que eso tampoco le hace felices. Eduardo decía que cuando veía el coche maravilloso aparcado en su puerta se sentía como un globo desinflado.

  

El introducir objetivos materiales más modestos haría mucho bien a nuestro medio ambiente y nos daría la oportunidad de disfrutar de un estilo de vida con más tiempo de ocio. Es importante aprender a disfrutar de las cosas cotidianas de la vida, cosas que no valoramos adecuadamente. Disfrutar de compartir con la familia y con amigos, de pasear por el campo apreciando la belleza del paisaje, de practicar algún tipo de deporte con amigos, de leer un buen libro, de ir a un museo, de bailar y cantar –que es sanísimo, aunque lo hagamos mal-. El filósofo R. Tagore decía “que si en el bosque sólo cantaran lo pájaros que lo hacen bien, sería un bosque muy triste”.

 

El tiempo que se pasa fuera del trabajo puede ser una oportunidad para aprender cosas nuevas y para crecer como persona.

 

No debemos reducir nuestra vida al trabajo exclusivamente; esta opción no es sana. Por supuesto que el trabajo forma parte de nuestra vida; necesitamos cubrir nuestras necesidades primarias para poder vivir y, por lo tanto, precisamos el dinero que nos proporciona el trabajo. Pero yo siempre digo metafóricamente, que no hay que ser manzana, sino que hay que ser mandarina: la mandarina tiene muchos gajos, uno es la pareja, otro es la familia, otro es el trabajo, otro son los hobbies, otro los amigos…, por lo tanto si un gajo nos falla siempre podemos agarrarnos a los demás, porque nuestra vida debe estar parcelada, y nosotros debemos cultivar cada una de estas parcelas, por nuestro bien y por nuestro equilibrio emocional fundamentalmente.

 

Todas las cosas que nos rodean, -coches, casas, aparatos de música, trabajos-, no son más que medios y nada más que eso. No son la fuente de nuestra felicidad.

 

El verdadero éxito no se debe medir por lo que tenemos o por lo que hacemos para vivir. Las únicas cosas importantes se refieren a lo bien que vivimos: lo que aprendemos, lo que nos reímos y divertimos, y el amor que manifestamos por el mundo que nos rodea. ¡Esta es la verdadera esencia de la vida! Lo que nos vamos a llevar a la otra vida, es la vida que llevamos.

 

Trabajar menos, simplemente porque es más sano. Muchos ejecutivos se lamentan de haber perdido muchos años de su vida luchando por conseguir sus objetivos. Sienten amargura por los muchos sacrificios que han tenido que realizar durante tantos años. Estos hombres no estaban desarrollando los diversos aspectos necesarios para llevar una vida más equilibrada. Una señora de mi pueblo, que había emigrado en su juventud a Bélgica, me decía este verano, lamentándose de lo mucho que había trabajado en su vida: “mi marido y yo emigramos para hacernos ricos, y en vez de ricos nos hicimos viejos”. Esta mujer se sentía claramente insatisfecha con la vida que había llevado en un país con una cultura diferente, un idioma distinto, otras costumbres, para terminar viuda en el lugar del que emigró, cultivando un pequeño huerto. Eso sí, le quedaba el consuelo de la pensión que recibía cada mes del país donde había dejado sus mejores años.

 

Paradójicamente, la mayoría de los ejecutivos están insatisfechos con sus trabajos, pero cada vez pasan más tiempo trabajando. Si se vuelca toda la vida en el trabajo, se corre el peligro de que la personalidad desaparezca hasta que no quede nada.

 

No hay que dejar que el trabajo se convierta en lo único que tiene sentido en la vida. Hay que tener aficiones y desarrollar intereses distintos de los laborales, que tengan tanta importancia o más que el trabajo.

 

El mejor lugar para demostrar la valía es la vida personal.

 

 

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Un teléfono para el maltratador Julio 12, 2008

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Para el año que viene entrará en funcionamiento un teléfono para el maltratador. La iniciativa parte del Ministerio de Igualdad, y la idea es que el teléfono sirva al maltratador para canalizar su agresividad, y para informarse de cómo modificar el comportamiento violento hacia la mujer. Afirman también que el maltratador es el único responsable de dicho comportamiento.

Por supuesto que respeto todas estas afirmaciones, pero no las comparto. Los maltratadores no nacen por generación espontánea; este comportamiento es aprendido dentro de la propia familia, que es donde se forman los futuros maltratadores. Tenemos constancia de que los factores familiares influyen notablemente en el desarrollo de este tipo de personalidad agresiva. Las prácticas de crianza inadecuadas como son el autoritarismo y la permisividad resultan dos métodos nefastos en la educación de un niño.

Los maltratadores no van a desaparecer con el endurecimiento de las penas, ni aumentando las medidas de alejamiento. Estas medidas, evidentemente, son necesarias y muy importantes porque hay que proteger a las víctimas siempre, pero no son suficientes para erradicar el problema, porque éste, insisto, se origina en el seno de la familia. Por lo tanto, hoy por hoy ya hay una serie de maltratadores que están en camino, que se están formando y que actuarán en su momento.

Por lo tanto, ¿qué podemos hacer? Si dentro de la sociedad surgen este tipo de personas, algo debemos estar haciendo muy mal. En nuestra sociedad, por desgracia, aunque estemos en el siglo XXI, todavía existe mucho machismo y desigualdad. Es muy habitual aún la imagen del hombre autoritario, que es el que toma siempre las decisiones en el hogar y critica y humilla a la mujer delante de los hijos y de otras personas. Ésta no se puede rebelar en ningún momento, porque él le recrimina con el “no empecemos”, o “no me provoques”, y la mujer aguanta y no se atreve a contradecirle; es más, cuando la humilla y la desvaloriza, baja la cabeza.

Estos comportamientos que se siguen dando en algunas familias, son observados y aprendidos por los hijos. Creen erróneamente que el hombre debe tratar con superioridad a la mujer, que la puede humillar, incluso pegar si se le provoca. Incluso las hijas también aprenden que la mujer no debe rebelarse contra su pareja, que es mejor callar y aguantar; y estos modelos se transmiten de generación en generación.

Está demostrado que es a edades tempranas donde los niños aprenden a reproducir los estereotipos sobre los roles de género que observan en el hombre y en la mujer. También sabemos que los hijos de padres maltratadores son futuros agresores en potencia con sus parejas. Según indican estudios realizados en E.E.U.U., Inglaterra, Escocia, Francia y Holanda, la violencia es un comportamiento aprendido, y el 81% de los hombres maltratadores fueron testigos o víctimas de malos tratos en su niñez.

Por lo tanto, es fundamental la educación; la familia es la primera escuela para el niño, es donde se trasmiten los valores, los comportamientos y las actitudes. Los padres son el ejemplo continuado para los hijos, y el modelo de familia que aprendan será el que lleven a su futura familia.

Es importante concienciar a los padres para que se relacionen en un plano de igualdad, con respeto y consideración, desterrando de la convivencia la violencia física y psicológica, porque nadie tiene derecho a ejercerla contra nadie. Así, los niños crecerán en armonía, sin aprender que un sexo es superior al otro.

Todos nacemos con la capacidad de compasión, abnegación, generosidad y empatía, pero necesitamos potenciarlas con una buena educación dentro de la familia, que constituye el entorno más favorable para ello.

Hay que hacer hincapié en la conciencia de igualdad dentro de la familia, pero también en la escuela, no fomentando la discriminación entre los sexos. Y es a partir de una buena educación donde podríamos intentar erradicar de una vez por todas los malos tratos de nuestra sociedad.

Con respecto al “Teléfono para maltratadores”, sinceramente dudo mucho de su eficacia, porque los maltratadores generalmente no se consideran como tales; si actúan con violencia es porque según ellos se les provoca, ellos creen que es la forma correcta de actuar.

Tienen una visión distorsionada sobre su pareja, la cosifican. Para ellos es una cosa suya y por lo tanto pueden hacer con ella lo que quieran, carecen de empatía; esta capacidad no la han desarrollado en su infancia, por lo tanto son incapaces de ponerse en el lugar de la mujer. Ellos las maltratan porque piensan que se lo merecen; incluso creen que les hacen un favor porque así las corrigen; les están enseñando a hacer las cosas como ellos quieren que se hagan y piensan que así aprenderán para la próxima vez.

Los maltratadores, al haber tenido, en general, una mala infancia son personas resentidas, frustradas, e infelices; todo esto se traduce en agresividad contra su propia pareja, que parece ser la fuente de todos sus males. Después de producirse un episodio violento, el maltratador suele sentir un gran alivio de la tensión acumulada, y este alivio suele hacer de reforzador de dicho comportamiento violento, haciendo que se vuelva a repetir por la sensación de bienestar que le ha suscitado.

Esta forma de relacionarse con la mujer, generalmente aprendida en su familia de origen, creen que es la única forma posible de relacionarse en pareja. Por lo tanto, los maltratadores necesitan en primer lugar asumir que tienen un problema; que no es mental sino aprendido, que deben someterse a un programa de “Reeducación de Maltratadores”, y que pueden aprender a ser responsables porque es fundamental modificar dicho comportamiento. Pero también es imprescindible que desaprendan esa serie de roles machistas que muchos hombres todavía llevan consigo de sus ancestros, modificando las distorsiones erróneas, aprendiendo a manejar la ira, y a resolver los conflictos y a comunicarse de forma no violenta, y que aprendan en definitiva que existe otra forma de relacionarse en pareja de forma pacífica sin maltrato ni físico ni psicológico.

La buena noticia es que los maltratadores que se someten a un programa de rehabilitación en el 70% de los casos no se ha producido reincidencia.