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QUÉ GENERA FELICIDAD agosto 2, 2014

Posted by auroradelprado in psicología.
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Algunas circunstancias de la vida generan felicidad, pero también es cierto que cambiar tales circunstancias suele ser poco práctico y difícil.

El dinero
“El dinero no da la felicidad” según un proverbio. Sophie Tucker cantante y actriz de Estados Unidos comentaba: “He sido rica y he sido pobre. Es mejor ser rica”.
Estas dos citas que parecen contradictorias, son ciertas y existen evidencias avaladas por datos sobre cómo la riqueza y la pobreza afectan a la felicidad. Los investigadores comparan el bienestar subjetivo medio de las personas que viven en las naciones ricas con respecto a las de las naciones pobres.
Se realizó un estudio internacional, en el que participaron decenas de miles de adultos. Se demostró que Sophie Tucker tenía razón, el poder adquisitivo nacional general y la satisfacción media con la vida correlacionan positivamente.
Pero, cuando el producto nacional bruto supera los ocho mil dólares por persona, la correlación desaparece y la riqueza de más no aporta mayor satisfacción en la vida. Por tanto, los ricos suizos son más felices que los pobres búlgaros, pero, sin embargo, no importa que uno sea Irlandés, italiano, noruego o estadounidense.
Se ha demostrado que en la felicidad influye la importancia que una persona le da al dinero, más que el dinero en sí. El materialismo no parece ser bueno, quienes valoran el dinero más que otros objetivos están menos satisfechos con sus ingresos y con su vida en general.

El matrimonio
Para algunas personas el matrimonio es una auténtica prisión y otras lo consideran como la panacea de la felicidad. Los datos obtenidos apoyan más la segunda opción que la primera. Al contrario que el dinero, que ejerce un efecto pequeño en la felicidad, el matrimonio se ha demostrado que está intrínsecamente relacionado con la felicidad.
El Centro Nacional de Análisis de Opinión realizó un estudio con 35.000 estadounidenses a lo largo de los últimos treinta años: el 40% de las personas casadas dijeron que eran “muy felices”, mientras que sólo el 24% de las personas solteras, divorciadas, separadas y viudas afirmaron serlo. Vivir en pareja, sin estar casados, se asocia a una mayor felicidad en culturas individualistas como la nuestra, pero con una menor felicidad en culturas colectivas como Japón y China.
Esta ventaja de felicidad en las personas casadas, se produce independientemente de la edad y el nivel de ingresos, y se da por igual en hombres como en mujeres.
El filósofo Kierkegaard comentaba irónicamente: “mejor bien colgado que mal casado”. Tenía razón porque un matrimonio infeliz destroza el bienestar y entre las personas que decían en el estudio que su matrimonio era “no muy feliz”, el nivel de felicidad era menor que el de los solteros o divorciados.
Los investigadores han concluido que las personas que ya son felices tiene más posibilidades de contraer matrimonio y permanecer casadas, y las personas que son sociables generan mayor felicidad y más probabilidades de casarse. Las personas depresivas, irritables, con falta de habilidades sociales se convierten en parejas menos deseadas.

Vida Social
Las personas muy felices se diferencian tanto de la media como de las personas infelices, porque tienen una vida social satisfactoria. Generalmente, están menos tiempo solas y la mayoría del tiempo lo pasan haciendo vida social. Por tanto, se demuestra que la sociabilidad elevada en las personas felices, aumenta su probabilidad de casarse y que una vida social rica y el matrimonio hacen a las personas más felices.

Emociones positivas y negativas
El hecho de vivir muchas desgracias, no implica que no se puedan vivir también muchas alegrías. Se ha demostrado que no hay una relación recíproca entre emociones positivas y negativas.
Norman Bradburn, profesor de la Universidad de Chicago, inició un estudio a miles de estadounidenses sobre la satisfacción de la vida, preguntando sobre la frecuencia de las emociones agradables y desagradables. Él pensaba que las personas que experimentaban muchas emociones negativas tendrían muy poca emotividad positiva, y al contrario. Pero los resultados del estudio no fueron así, ni mucho menos.
El estudio demostró que solo existe una correlación negativa moderada entre emociones positivas y negativas. Esto quiere decir, que si se tiene una gran cantidad de emotividad negativa en la vida se tendrá menor emotividad positiva que la media, pero no se está, por ello, condenado a una vida sin alegrías. De la misma forma, aunque en la vida haya muchas emociones positivas, sólo nos protegerán de las emociones negativas moderadamente.

Diferencias entre hombres y mujeres
Las mujeres sufren el doble de depresión que los hombres y, en general presentan más emociones negativas. Sin embargo, los investigadores también descubrieron que las mujeres también experimentan mucha más emotividad positiva, con mayor frecuencia y de forma más intensa que los hombres.
Los hombres son más duros, la vida emocional de las mujeres es más extrema que la de los hombres.
Las mayores alegrías son consecuencia del alivio de nuestros peores temores. El éxito de las montañas rusas, del “puenting”, de las películas de terror e incluso del sorprendente descenso de las enfermedades mentales en épocas de guerra, dan prueba de ello.

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