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UN AZOTE A TIEMPO ¿ES BUENO? septiembre 19, 2014

Posted by auroradelprado in psicología.
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AZOTE

En ocasiones, nos hemos planteado si dar un azote a tiempo es bueno o, por el contrario, puede ser perjudicial para el niño.

Muchas personas todavía creen que un azote a tiempo sirve para educar a su hijo, incluso hay personas que piensan que si ellos fueron educados de esa manera y no les ha ido mal, el método es válido
Hay personas que dicen que el azote lo utilizan como último recurso; lo cierto es que parece ser una forma de exteriorizar las frustraciones de los propios padres, o educadores.

Algunos dicen que sólo les dan un azote muy de tarde en tarde y que eso no les puede perjudicar; pero, si el castigo físico resulta antieducativo, aunque lo utilicemos “sólo de vez en cuando” también perjudica.
Se ha demostrado que un azote es menos efectivo que cualquier método no violento, un azote ni educa, ni modifica el mal comportamiento de un niño. Es una forma de imponerse y de descargar la rabia sobre alguien infeiror en edad y fuerza y que, además, no puede defenderse.

Todo deja huella
Tenemos que tener en cuenta que todas las experiencias, desde la edad más temprana hasta la más adulta, dejan huellas permanentes en nuestras características físicas y mentales y en el desarrollo de nuestro cerebro.
Parece ser que el 60 por ciento del cerebro es neutro, el 35 por ciento puede inducir refuerzo positivo y el 5 por ciento refuerzo negativo: el cerebro tiene estructuras especializadas para la percepción de estímulos placenteros y desagradables y la representación de las percepciones placenteras es más extensa que la que percibe el castigo y el dolor.

Además, las zonas cerebrales relacionadas con la percepción del castigo están conectadas con las regiones que inducen agresividad. Por esta razón una educación basada en la severidad excesiva puede provocar como resultado rebeldía, hostilidad y agresividad.
La conducta violenta aumenta la agresividad emocional y su realización repetida supone un aprendizaje falto de inhibiciones inteligentes.

Educar con placer
Es preferible educar mediante el placer, es decir con refuerzo positivo, que utilizando el castigo. La educación no se impone por la fuerza, sino por el diálogo, el razonamiento o el uso de refuerzos positivos y negativos.

La organización “Save the children” advierte que, cuando se pega a los niños, estos se sienten rechazados, bloqueados y no queridos. Además, se les trasmite la idea de que la violencia es un método válido de resolver conflictos.
Por tanto, no debemos extrañarnos que los niños se peguen entre sí, porque nosotros les hemos enseñado (si les pegamos en el hogar, o en el colegio) que ésta es la forma más adecuada de resolver los conflictos.

Disciplina no quiere decir castigo; hacer que los hijos sean responsables de sus acciones exige un poco más de tiempo, pero vale la pena hacerlo.
Hemos de utilizar con nuestros hijos una disciplina razonada, enseñándoles qué es lo mejor, y lo más eficaz, así como la forma más satisfactoria de convivir en familia y también con el resto del mundo.

Hijos responsables

La forma para que nuestros hijos sean responsables, es delegarles responsabilidades. Desde pequeños debemos ir asignándoles tareas de acuerdo con su edad; el sentirse útiles va a hacerles sentirse más satisfechos y favorecerá las relaciones agradables en la familia.

Podemos pensar que el castigo puede resultar más rápido, pero no ayuda a los hijos a desarrollar el tipo de conciencia que los hará más responsables.
Una conciencia sana resulta de ser responsable y de aprender a seguir reglas, ya que es la forma satisfactoria de comportarse en la vida, tanto si uno tiene cinco años como si se tienen cincuenta.
Esto es lo que le debemos inculcar a nuestros hijos: todos hemos de seguir unas normas y saber que hay límites.Aceptar las normas y los límites es un aprendizaje necesario. A los niños hay que enseñarles que existen reglas y límites y, aunque les cueste aceptarlas por su inexperiencia en la vida, tienen que aprender que para convivir bien hay que respetarlos.

Y los adultos debemos enseñar a los niños que la realidad de la vida implica un determinado comportamiento en nuestra interacción con los demás, y que, a veces, hay que ser tolerante a la frustración, en el sentido de que no podemos hacer siempre lo que queremos, ni tener todo lo que deseamos.

Normas y límites
En un hogar donde se establecen normas y límites, éstos se cumplirán sin problemas, de la forma más natural, siempre que entre los miembros de la familia haya buenas relaciones, porque éstas son la clave para el funcionamiento de dichas normas y límites.
Es importante que los hijos sepan que las normas se establecen para hacer mejor y más agradable la convivencia, no por imposición y sin ningún criterio. Por este motivo, es fundamental que a la hora de establecer normas y límites los hagamos partícipes a ellos, es decir, que tomemos las decisiones de acuerdo con los hijos, razonándoles en todo momento el por qué de las mismas.
Hay que empezar cuanto antes a inculcar en las mentes de los niños los principios de tolerancia, empatía, compasión conciencia de igualdad, para tener una buena convivencia con los demás.

Cuidado con las etiquetas
Los padres, a menudo, somos los responsables de que nuestros hijos tengan una mala imagen de sí mismos. Por ejemplo, cuando les decimos, “eres un inútil”, “no vas a llegar a nada”, o “eres un aunténtico vago”, los niños se lo creen “a pies juntillas”. Al utilizar el verbo “ser”, les estamos etiquetando, no les damos opción a que piensen que es algo pasajero.
Por tanto, hemos de tener cuidado. En lugar de utilizar el verbo “ser”, es mejor utilizar el verbo “estar”; por ejemplo, “estás vagueando últimamente”, o “estás un poco rebelde”, porque el verbo “estar”, les da opción a cambiar, ya que implica un estado eventual y, por tanto, ese comportamiento se puede modificar.
Tenemos que educar a nuestros hijos formándoles, no destruyéndoles con una actitud crítica y negativa.
Es cierto que es nuestro deber de padres corregir comportamientos inadecuados y señalar los errores. Cuando hayan sido desobedientes e irresponsables, hemos de hacerselo saber, pero sin perder los nervios, ni utilizando la violencia, sino de una forma respetuosa, pero firme y segura. Desde la calma, desde la tranquilidad, siempre vamos a actuar mejor que desde la impulsividad.

Hijos respetuosos
Para ganar el respeto de nuestros hijos, debemos ser, primero, respetuosos con ellos.
Tenemos que observar la forma en que hablamos a los hijos, cuando intentamos todos los días corregirles y enseñarles. Los modales en la mesa, por ejemplo.¿Qué es lo que oye el niño? Muchos están acostumbrados a oir todo el tiempo, !quita los codos de la mesa!, ¡siéntate bien!, ¡eres un guarro comiendo! Hay una forma amable y respetuosa de ayudar a los hijos a que aprendan modales en la mesa.

Tenemos que deshacernos de las palabras irrespetuosas que la mayoría tiene en el vocabulario diario. Descartemos las palabras insultantes, humillantes y sarcásticas, así eliminaremos también los gritos y las expresiones de voz altisonante. Los niños se creen todo lo que los padres les decimos y se sentirán heridos y frustrados, desarrollando irritabilidad y agresividad, y perjudicando notablemente su autoimagen y su autoestima.

Generalmente, si los padres o educadores no prestan atención al comportamiento de los niños este se extingue, y si por el contrario se les presta atención el comportamiento se refuerza.
Aunque es verdad que, muy frecuentemente, hacemos lo contrario. Por ejemplo, los padres para controlar el comportamiento de sus hijos, resulta que cuando se portan mal, están todo el día pendiente de ellos, avisándolos, indicándoles lo que tienen que hacer, diciéndoles lo que conseguirán si hacen las cosas, en definitiva, reforzándoles el mal comportamiento y, sin embargo, cuando están jugando tranquilamente, haciendo los deberes, entonces no les dicen nada, ¿para qué?, si se están portando bien.
Es importante que cada vez que sorprendamos a nuestro hijo haciendo algo bien, debemos hacerle sentir satisfecho de sí mismo, porque eso le induce a volver a comportarse positivamente.
El niño que tiene una buena opinión de sí mismo desea tener un buen comportamiento.
Cuanto más se elogie a los hijos por hacer algo bien, aunque no sea perfecto, antes aprenderán a apreciarse a sí mismos.
Un elogio todos los días, mantendrá alejada de los niños la mala autoimagen y una pobre autoestima.
Por tanto, “Trata a tus hijos como te gustaría que te tratasen a ti”.

TIPOS DE VIDA septiembre 18, 2014

Posted by auroradelprado in psicología.
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ASERTIVIDAD

Se ha demostrado que existen tres tipos de vidas felices: la vida placentera, la vida de compromiso y la vida significativa.

La vida placentera
Este tipo de vida tiene mucha emoción positiva y podemos adquirir habilidades para amplificarla. La vida placentera consiste en experimentar placeres.
Pero la vida placentera tiene inconvenientes, porque la experiencia de la emoción positiva es hereditaria en un 50% y eso no se puede cambiar mucho. En segundo lugar, a la emoción positiva uno se acostumbra muy rápido. Es como cuando comemos algo delicioso, como un helado; al principio sentimos el 100% de placer, pero a los pocos minutos gran parte de dicho placer ha desaparecido.

La vida de compromiso
Es la vida de trabajo, la de criar a los hijos, la vida en pareja, y la del tiempo libre. En este tipo de vida, el tiempo se puede detener, sin que nos demos cuenta; de esto ya hablaba Aristóteles.

Luis, a los 30 años, ya había triunfado en dos de las tres áreas de la vida. En el área del trabajo, a los 20 años era corredor de bolsa y a los 25 ya era multimillonario y gerente de una empresa. La segunda área era el juego, era campeón de bridge. Pero en la tercera área de la vida, el amor, Luis era un fracaso total. No era divertido, era introvertido, no era capaz de expresar emoción positiva. Durante algunos años hizo terapia pensando que algún trauma sexual, de alguna manera había encerrado dentro de él su emoción positiva. Pero resultó que no tenía ningún trauma sexual, Luis simplemente no había desarrollado la afectividad positiva.

Sin embargo, no era una persona infeliz, porque Luis, como la mayoría de la gente, era capaz de fluir (cuando el tiempo se detiene porque estás haciendo algo que te gusta). Cuando abrían la bolsa a las 9.30 de la mañana el tiempo se detenía para Luis y no comenzaba de nuevo, hasta que la campana anunciaba el final. Lo mismo le sucedía con el juego, desde la primera parte del torneo hasta 10 días después en que terminaba, el tiempo se detenía para él.
A esto es a lo que se refiere Nike Csikszentmihalyi. Lo denomina flujo y es algo diferente al placer.

En el placer se sabe lo que está pasando, es pensamiento y sentimiento. Pero como dice Nike cuando estás en flujo no sientes nada, eres como un todo con la música. El tiempo se detiene, hay concentración intensa, y esta es la característica de lo que se considera la buena vida. Sabemos que hay una receta para conseguirla, es importante conocer, cuáles son nuestras mayores fortalezas, cultivarlas y utilizarlas a menudo.

La vida significativa
Esta es, tradicionalmente, la más importante de las felicidades. Y en este contexto, de la misma manera que el flujo, consiste en conocer tus fortalezas y utilizarlas. Sentir “pertenecer a” y “en servicio de” es algo más grande que nosotros, es algo que nos trasciende.
Se demostró que la vida significativa, era la que proporcionaba mayor satisfacción y felicidad. Se le pidió a un grupo de personas que hicieran algo altruista y a otro grupo algo placentero y se compararon los resultados. Y lo que encontraron es que cuando se hace algo placentero, como comer en un buen restaurante, o darse un buen masaje, la sensación de felicidad dura mucho menos que cuando se hace algo filantrópico para ayudar a otras personas, porque la sensación de satisfacción y felicidad dura y dura y, al mismo tiempo, ayudar a los demás nos hace sentir mejores personas.
Se ha demostrado que la búsqueda del placer casi no contribuye a la satisfacción de la vida. La búsqueda de una vida significativa es la más potente. La búsqueda de compromiso también es muy fuerte. EL placer importa si ya tienes tanto compromiso como significación; ahí, el placer es la guinda de la tarta. Lo que quiere decir que para tener una vida plena, si tienes las tres, la suma es más grande que sus componentes. Por el contrario, si no tienes ninguna de las tres, y tu vida está vacía, la suma es menor que sus componentes.

La psicología siempre ha tratado de encontrar lo que no funciona en la persona y ha tratado de hacer a las personas infelices menos infelices.
Pero eso ha hecho que no prestáramos atención a mejorar a la gente normal, nos hemos olvidado de hacer más felices, más productivas, a las personas relativamente normales.
Nadie pensaba en desarrollar intervenciones positivas, para hacer más felices a las personas. Pero surgió la Psicología Positiva con Martin Seligman, la cual determinó que sus objetivos son los siguientes:
La psicología debe ocuparse tanto de las debilidades humanas como de sus fortalezas.
Debe interesarse en mejorar las cosas de la vida.
Y debe estar dispuesta en hacer que la vida de las personas normales sea más satisfactoria, detectando los genios y estimulando sus talentos.

La vida vale la pena
La psicología debe comprometerse en hacer entender que la vida vale la pena. Se han creado pruebas objetivas para medir distintas formas de felicidad.
Se ha demostrado que podíamos descubrir causalidad en los estados positivos, que una de las causas de la felicidad es la relación entre la actividad del hemisferio izquierdo y del hemisferio derecho.

Diferencia de las personas infelices del resto
Se han estudiado a las personas extremadamente felices y se ha comprobado que hay una diferencia esencial. No son más religiosas, no tienen más dinero, no son más guapas, ni experimentan más acontecimientos buenos y menos malos.
La única diferencia que se ha encontrado es que son extremadamente sociales. No pasan mucho tiempo solas. Tienen una relación romántica y tienen muchos amigos.

FETICHISMO septiembre 1, 2014

Posted by auroradelprado in psicología.
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FETICHE AAAA

Se considera una parafilia y se caracteriza por una serie de impulsos sexuales intensos y recurrentes que implican objetos no animados, denominados fetiches.

El fetichismo se suele subdividir en dos grandes grupos. El primer grupo, es aquél en el cual el individuo se centra en una parte concreta del cuerpo, el pecho, las nalgas, los pies o el pelo, con respecto a la totalidad del cuerpo. Se denomina parcialismo.
El segundo tipo de fetiche se caracteriza por la obsesión hacia los objetos inanimados. Los fetiches más habituales suelen ser los sujetadores, la ropa interior femenina, las medias, los zapatos, las botas u otras prendas de vestir.

Cuándo comienza el trastorno
Generalmente, comienza en la adolescencia, cuando aparecen los caracteres sexuales secundarios, pero también pueden haber tenido un especial significado durante la infancia.
La mayoría de las conductas parafílicas provienen de familias que han sido muy restrictivas en el terreno sexual. Cuando se reprime de forma exagerada la sexualidad, esta se puede convertir en obsesión; la represión genera obsesión.
Cuando el trastorno se establece, se hace crónico. La mayoría de los fetichistas son hombres. Sienten un impulso compulsivo por poseer o acercarse hacia los objetos fetiche, llegando incluso a actuar de forma extraña, robando de forma repetitiva prendas fetiche, o persiguiendo a las mujeres que llevan el objeto fetiche. Algunos llegan a almacenar gran cantidad de prendas.

El objeto es clave para la excitación
El fetiche es necesario, tiene un enorme valor, preferentemente, para la excitación sexual. Si el objeto le falta, el individuo puede tener problemas en la erección.
El sujeto con fetichismo se masturba frecuentemente, mientras sujeta, acaricia o huele el objeto fetichista. Se ha demostrado que el umbral de excitación sexual del fetichista se consigue con demasiada facilidad, llegando éste a eyacular simplemente ante la visión o el tacto del objeto fetiche.
En el metro de Japón existen máquinas expendedoras de braguitas usadas, ya que este objeto es un fetiche muy común en los hombres fetichistas.
Mario, también estaba obsesionado con este tipo de fetiche; se escondía en el cuarto de baño para disfrutar con dicho objeto, ya que él mismo reconocía que no era muy normal lo que hacía, aunque no lo pudiera evitar, debido al impulso compulsivo del que era objeto, al igual que los demás fetichistas.

El fetichismo es un condicionamiento
Rachaman y Hodgson, realizaron un experimento ingenioso de condicionamiento, en el que utilizaron como estímulos condicionados botas de mujer y como estímulos incondicionados imágenes de desnudos de mujeres.
El estudio demostró, que fueron capaces de convertir en fetichistas a sujetos heterosexuales normales.
Se repitió el estudio sustituyendo las botas de mujer por objetos y figuras geométricas, los resultados sorprendentemente fueron idénticos. Aunque en este caso es difícil explicar el contenido sexual simbólico de un poliedro.
Por tanto, una vez que se produce la asociación de excitación sexual con el fetiche, se fija y se aumenta por las asociaciones simbólicas, repetidas durante la fantasía y masturbación.

Llega a ser un problema
Este tipo de trastorno, a veces, suele producir malestar significativo a nivel social, laboral o en otras áreas relacionadas con la vida del individuo. La mayoría de estas conductas ocurren en la intimidad, en numerosas ocasiones las personas que lo rodean no saben que con quien conviven tiene este tipo de trastorno, porque la persona se avergüenza.
La prevalencia suele ser elevada en la población general. Los casos que llegan a las consultas representan la punta del iceberg.

Tratamiento
Estos trastornos parafílicos, tienen tratamiento psicológico. Todo lo que se aprende se puede desaprender.
En primer lugar, la persona en cuestión debe asumir que tiene un problema y que necesita ayuda para resolverlo y es cuando realmente se realiza terapia, cuando el sujeto la necesita, porque se da cuenta que el problema le está influyendo negativamente en su vida y él mismo no sabe abordar la situación.
A partir de ahí, iniciará un proceso, no demasiado largo, para volver a recuperar la tranquilidad y el bienestar en su vida.