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AFECTIVIDAD PARA EL DESARROLLO INFANTIL noviembre 7, 2014

Posted by auroradelprado in psicología.
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MURO BEBÉUUUUUU

Querer tener en los brazos a los bebés, cuidarles, prestarles atención, acariciarles, besarles, supondrá trasmitirles seguridad y serenidad a criaturas indefensas y delicadas. Estas demostraciones afectivas son fundamentales para el desarrollo del niño. Su carencia influye negativamente en su desarrollo, produciendo retrasos en su crecimiento y desequilibrios en su estructuración general, repercutiendo tanto en el cuerpo como en la mente, manifestándose generalmente en la edad adulta.

Confianza básica o desconfianza básica
Un informe del Centro clínico oficial de programas infantiles de EEUU nos propone el ejemplo de dos madres: a la primera, su bebé de tres meses la despierta a las tres de la mañana, se levanta tranquila, coge al bebe en sus brazos, le habla cariñosamente, y a continuación, le dá de mamar. El bebé se alimenta felizmente mirando a la madre, ésta le mira con afecto, demostrándole lo bien que se siente al tenerle en sus brazos. A continuación, el bebé, reconfortado y satisfecho se duerme, la madre lo vuelve a poner en la cuna y continúa descansando.

Por el contrario, la segunda madre también es despertada a las tres de la mañana por su bebé de tres meses, pero ésta se levanta molesta y de mal humor, se dirige hacia el bebé cogiéndolo bruscamente; el bebé percibe en esos momentos la tensión y la irritabilidad de la madre, por tanto, cuando la madre le da el pecho el niño se niega a mamar. La madre se enfada aún más volviendo a poner al niño en la cuna, recriminándole el porqué la ha hecho levantar para eso. El niño, como es natural , seguirá llorando desconsoladamente.

Estas dos escenas de dos madres diferentes si se continúan repitiendo en la vida del bebé, producen en éste sentimientos muy diferentes sobre sí mismo y sobre las personas que le rodean. El bebé de la primera madre percibe que las personas que le rodean le quieren, le reconfortan y satisfacen adecuadamente sus necesidades, proporcionándole seguridad; mientras que el bebé de la segunda madre, aprende que las personas que le rodean no responden a sus necesidades, no puede contar con ellos porque no le entienden cuando reclama su atención.

Es en la cuna donde comienza el aprendizaje de la inteligencia emocional. Los padres, sin saberlo, desde tan temprana edad pueden trasmitir sensación de seguridad, efectividad y afectividad, o lo contrario, es lo que Erik Erikson, psicólogo, denomina “confianza básica” o “desconfianza básica”.

La falta de atención, de amor y de contacto social provoca importantes alteraciones
Se ha demostrado que los niños criados en orfanatos, al faltarles atención, amor y contacto social, sufren importantes alteraciones que repercuten en el cerebro, porque si no hay estímulos sensoriales suficientes, el desarrollo neuronal se reduce considerablemente, y la muerte y desaparición de neuronas que están sin conectar aumenta.

Por tanto, esto provoca una importante deficiencia funcional y mental del recién nacido que repercutirá a lo largo de su vida. La riqueza sensorial del medio ambiente se ha demostrado que beneficia el desarrollo de la corteza cerebral.

La continuidad del contacto corporal constituye un importante mecanismo tranquilizador
Está comprobado que los niños se desarrollan más satisfactoriamente cuando la madre juega con ellos, los acaricia, les hace sentir su amor. Generalmente cuando los niños son pequeños las madres suelen dejarlos gran parte del día en el cochecito o en la cuna, cogiéndoles solamente para darles la comida o bañarles. Según el profesor Harlow, experto en apego, el bebé es físicamente inmaduro, para que, al cogerlo, y abrazarlo sea capaz de reaccionar hacia su madre con afectividad, pero esto no significa que no lo necesite.

Se realizó un estudio que demostró la diferencia en el desarrollo de los niños americanos y los de Uganda. La madre americana deja al niño la mayor parte del tiempo en la cuna o en el coche. La madre ugandesa lo lleva sobre sus espaldas. El bebé ugandés demuestra ansiedad cuando lo separan de la madre a los seis meses, dos o cuatro meses antes que el americano.

Esto podría significar que las madres ugandesas deterioran la seguridad infantil al llevar con ellas a sus hijos. Pero por otro lado, se sabe que los primeros meses son de vital importancia y que si un niño demuestra tan pronto su ansiedad quiere decir que la madre se ha convertido en algo fundamental durante un periodo tan crítico.

El bebé ugandés está con su madre continuamente, representa para él una parte esencial. Su ausencia le provoca un cambio y, por tanto, le produce ansiedad. El niño americano no llega a sentir esto hasta los diez u once meses. Posiblemente, el que el niño ugandés haya contado con la presencia de su madre en los primeros meses de vida, le ha hecho desarrollar una sensación de seguridad interior mayor que en el niño americano. Se demostró también que el niño ugandés aprende a caminar más pronto que el americano.

La observación directa en niños ha evidenciado que, incluso ciertas funciones como la respiración y la digestión, se desorganizan fácilmente en ocasiones volviéndose a restablecer el buen funcionamiento con la presencia de la madre cuando sostiene y acaricia al bebé.

Los bebés necesitan sentirse queridos y seguros constantemente. Todos los niños del mundo tienen derecho a una buena madre.