jump to navigation

CONFIA EN TI diciembre 14, 2014

Posted by auroradelprado in psicología.
add a comment

FOTO GAYTTTTTTTTTTTTTTTTTTT

Está demostrado que la felicidad depende de nosotros mismos y no de nuestras circunstancias.
También se ha demostrado que cuando controlamos nuestros pensamientos somos dueños de nuestras emociones y, por tanto, a las circunstancias hay que verlas como oportunidades para desarrollar nuevas habilidades y recursos.

Lo que nos pasa no es lo importante
Es cierto. Lo importante no es lo que nos pasa, sino cómo lo percibimos, lo que pensamos acerca de lo que nos pasa, porque esto es lo que hace que nos sintamos bien o mal.
O sea, que es preciso conocer nuestros pensamientos para poder controlarlos y para ponerlos a trabajar en nuestro beneficio y no en contra de él. Lo que nos decimos a nosotros mismos es lo importante, así que nosotros somos los únicos responsables de nuestros estados de ánimo.

Los pensamientos son los responsables
Nuestros pensamientos influyen directamente en nuestras emociones, de modo que si aprendemos a controlar nuestros pensamientos seremos capaces de controlar nuestra vida.
Porque podemos sentirnos bien, aunque la realidad que vivamos sea difícil. Los humanos nos sentimos más satisfechos cuando tenemos que esforzarnos mucho para conseguir algo, que cuando lo logramos sin haber invertido apenas esfuerzo.

Afrontar la situación
Aunque la situación sea difícil, hay que afrontarla, no huir de ella, porque la solución está dentro de nosotros. Hemos de aceptar que los pensamientos causan las emociones. Por tanto, cuando las circunstancias sean difíciles, quejarse o enfadarse con la situación no resuelve nada y nos hace sentir impotentes.
Así que, por muy difíciles que sean las circunstancias, siempre habrá algo que se pueda hacer. Podemos preguntarnos: ¿Qué es lo que yo puedo hacer para mejorar la situación? Y siempre habrá algo que hacer. Hemos de sentirnos bien con nosotros mismos, porque solo hay dos opciones: o nos sentimos bien con nosotros mismos, a pesar de las circunstancias adversas, o nos dejamos llevar por estas.

Animarnos
Es fundamental animarnos. Hemos de decirnos frases positivas como: “Todo saldrá bien”, “Esto se me pasará”, “No es para tanto”, porque hay que confiar en uno mismo, controlando nuestros pensamientos y poniéndolos a nuestro servicio, para salir adelante.
También hay que aprender de las equivocaciones del pasado, e intentar que no nos vuelvan a pasar. Porque no son los acontecimientos de nuestra vida los que determinan nuestro presente o nuestro futuro, son nuestros pensamientos los causantes de que, aunque haya pasado el tiempo, nos sintamos mal.

Capacidad de elegir
Las personas tenemos la capacidad de elegir a nuestras amistades, pero ellos no son los dueños de nuestros pensamientos, y por tanto no pueden controlar nuestra vida. Siempre habrá muchas personas a las que les caemos bien, no hay que tener en cuenta a quienes les caemos mal. Porque es absolutamente imposible caerle bien a todo el mundo.
No podemos controlar lo que los demás piensan, pero sí podemos controlar lo que pensamos nosotros. Nuestra vida es nuestra y no importa lo que otros piensan.

Desconectar
No es nada saludable llevarnos el trabajo a nuestra casa. Aparte de causarnos estrés, nadie nos paga por seguir pensando en el trabajo durante las horas libres.
El estrés se ha demostrado que se da con frecuencia en el medio laboral, por el exceso de preocupaciones. Es preciso controlarlo para evitar males mayores y se puede hacer con relativa facilidad a través de la relajación, practicando la respiración diafragmática.

Aprender a adaptarse
Las circunstancias de la vida no siempre son favorables. Tenemos que adaptarnos a los acontecimientos que nos rodean. Enfadarnos, quejarnos, no sirve para nada y es negativo para quien lo hace; siempre hay que buscar lo positivo en todas las situaciones, intentar que las situaciones actúen en favor, no en contra.
Hay que actuar. La pasividad, el regodearnos en lo negativo no nos lleva a ninguna parte, porque eso nos paraliza. Siempre va haber algo que se pueda hacer y hemos de ponerlo en práctica de inmediato.

Las ilusiones son vitales
La ilusión y el entusiasmo son fundamentales en nuestra vida, ya que sin ilusión es muy difícil vivir. Por tanto, es importante tener objetivos en nuestra vida.
Realizar cosas que nos gusten, ilusionarse de nuevo, ayudará a salir de situaciones difíciles. Hay que poner los pensamientos siempre al servicio de nuestros objetivos.
Si nos damos cuenta de lo que estamos pensando, aprenderemos a controlarlo para que no nos influya negativamente. Eso significa poner nuestros pensamientos a nuestro servicio, creando y provocando pensamientos positivos.
Cuando estamos mal, podemos elegir entre tirar la toalla, intentar superar la situación, intentar controlar los pensamientos que nos producen el malestar, o adelantarnos, controlando los pensamientos negativos y poniendo en su lugar los positivos. La última opción es la mejor.

Ser feliz
Las personas pueden ser felices o infelices no por lo que les pasa, sino por cómo afrontan la vida.
Si ponemos nuestra mente a trabajar para nosotros, observaremos resultados positivos, pero si la ponemos en nuestra contra, si perdemos la confianza en nosotros mismos, nuestra vida se derrumbará.
De modo que es importante no depender de los demás, y estar bien con nosotros mismos. Si alguien nos tiene envidia, no será un problema nuestro, sino de la persona que nos tiene envidia. Poner nuestra mente a nuestro favor, porque de ello dependerá nuestra felicidad.

Anuncios

EL SÍNDROME PRENAVIDEÑO diciembre 1, 2014

Posted by auroradelprado in psicología.
add a comment

nieve

Todos los años sucede lo mismo. Dos meses antes de las fiestas navideñas, comienza el bombardeo de la publicidad con anuncios en prensa, televisión, escaparates, centros comerciales, etc. Es como una programación social, impuesta en unas fechas determinadas, donde parece obligarse a la gente a ser feliz, a estar alegre… y a comprar.

Estos mensajes de felicidad que nos llegan por todas partes, pueden provocar ansiedad en muchas personas. Y tanta alegría anunciada llega a deprimir a algunos. La demanda de que todo el mundo, al mismo tiempo, sea feliz, agobia y son bastantes los que desearían pasar de largo por la Navidad.

La tradición se impone
Pero son fechas en que lo tradicional manda y lo tradicional es, por ejemplo, que en Nochebuena se reúna toda la familia para cenar. Aquí no hay “escaqueos” que valgan; uno no se puede inventar una comida de negocios o algún congreso. ¡No cuela! Incluso a pesar de las posibles desavenencias que puedan existir entre los familiares, la cena es sagrada y va a tener lugar mal que a algunos les pese.

Y esto es, con frecuencia, fuente de “ansiedades anticipatorias”, pues las personas afectadas por el síndrome prenavideño visualizan la cena semanas o meses antes y si esta no es de su agrado, les comienza a producir angustia mucho antes de su celebración.

Los regalos navideños
Otro aspecto conflictivo de la fiesta navideña son los regalos, porque, a pesar del dicho popular de que “a caballo regalado no le mires los dientes”, hay quienes se ofenden públicamente por el regalo que reciben o por el que no llega nunca.

Todos los años, Marta compraba regalos para todos los miembros de la familia. Se esmeraba en tratar de encontrar el regalo idóneo en función de los gustos de cada uno. Pues bien, el pasado año se le ocurrió regalar a su tía y madrina, de 80 años de edad, una “mañanita” (ese tipo de toquilla o chal corto que suelen echarse por encima de los hombros en invierno algunas abuelas). Esto le ofendió enormemente, porque, según la madrina, en realidad era un modo encubierto de llamarla vieja. Gritó, muy enfadada, y arrojó el regalo, con rabia, junto al árbol de Navidad, delante de toda la familia, con la consiguiente humillación para Marta.

Las cenas con la empresa
También son tradicionales en Navidad las típicas cenas de empresa, terror de las personas tímidas sin habilidades sociales, o que padecen “fobia social” y son, por tanto, incapaces de enfrentarse a nadie y están pendientes en exceso de las opiniones ajenas. Lo pasan francamente mal; su ansiedad les produce inseguridad, bloqueo y rubor (reacción del sistema nervioso autónomo, que dilata los vasos sanguíneos de la cara). Están convencidos, erróneamente, de que todos se están dando cuenta de su vergüenza y de que van a ser objeto inminente de una crítica lacerante.

Luis estaba muy preocupado por la comida navideña de su empresa, porque él intentaba siempre no estar en grupo y, ahora, le producía una gran ansiedad solamente el hecho de imaginar que iba a estar rodeado de todos sus compañeros (y no siempre amigos), en un ambiente diferente al laboral y, por ello, impredecible de antemano.

Él presentía que se iba a sentir muy incómodo, que no sabría cómo reaccionar y que lo iban a criticar como un ser raro y antipático. Para superarlo, tuvo que acudir al psicólogo y trabajar su autoestima y habilidades sociales, exponiéndose gradual y mentalmente al típico ambiente empresarial prenavideño.

Balance del año
Asimismo, la Navidad es época propicia para hacer examen de conciencia o balance del año y, si después las expectativas no se cumplen, se genera una frustración que se traduce, como mínimo, en irritabilidad y mal humor.

Para evitarlo, es esencial que si no queda más remedio que marcarse metas, que estas sean, al menos, accesibles y acordes a nuestras posibilidades para evitarnos posteriores desengaños y desilusiones.

No obstante, y a pesar de todo lo anterior, lógicamente también hay mucha gente que está encantada con la Navidad, con los recuerdos infantiles que acarrea, con las reuniones familiares y con los regalos.

Estupendo. Pero precisamente en Navidad, los psicólogos deben acordarse especialmente de aquellas otras personas que, por innumerables razones, no lo pasan tan bien con estas fiestas.

Y, así, en las “terapias navideñas”, hay que procurar proporcionar las estrategias y recursos necesarios para que quienes padecen síndrome prenavideño sean capaces por sí mismos de hacer frente a sus dificultades y conseguir el equilibrio y el bienestar necesarios.