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EL SÍNDROME PRENAVIDEÑO diciembre 1, 2014

Posted by auroradelprado in psicología.
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nieve

Todos los años sucede lo mismo. Dos meses antes de las fiestas navideñas, comienza el bombardeo de la publicidad con anuncios en prensa, televisión, escaparates, centros comerciales, etc. Es como una programación social, impuesta en unas fechas determinadas, donde parece obligarse a la gente a ser feliz, a estar alegre… y a comprar.

Estos mensajes de felicidad que nos llegan por todas partes, pueden provocar ansiedad en muchas personas. Y tanta alegría anunciada llega a deprimir a algunos. La demanda de que todo el mundo, al mismo tiempo, sea feliz, agobia y son bastantes los que desearían pasar de largo por la Navidad.

La tradición se impone
Pero son fechas en que lo tradicional manda y lo tradicional es, por ejemplo, que en Nochebuena se reúna toda la familia para cenar. Aquí no hay “escaqueos” que valgan; uno no se puede inventar una comida de negocios o algún congreso. ¡No cuela! Incluso a pesar de las posibles desavenencias que puedan existir entre los familiares, la cena es sagrada y va a tener lugar mal que a algunos les pese.

Y esto es, con frecuencia, fuente de “ansiedades anticipatorias”, pues las personas afectadas por el síndrome prenavideño visualizan la cena semanas o meses antes y si esta no es de su agrado, les comienza a producir angustia mucho antes de su celebración.

Los regalos navideños
Otro aspecto conflictivo de la fiesta navideña son los regalos, porque, a pesar del dicho popular de que “a caballo regalado no le mires los dientes”, hay quienes se ofenden públicamente por el regalo que reciben o por el que no llega nunca.

Todos los años, Marta compraba regalos para todos los miembros de la familia. Se esmeraba en tratar de encontrar el regalo idóneo en función de los gustos de cada uno. Pues bien, el pasado año se le ocurrió regalar a su tía y madrina, de 80 años de edad, una “mañanita” (ese tipo de toquilla o chal corto que suelen echarse por encima de los hombros en invierno algunas abuelas). Esto le ofendió enormemente, porque, según la madrina, en realidad era un modo encubierto de llamarla vieja. Gritó, muy enfadada, y arrojó el regalo, con rabia, junto al árbol de Navidad, delante de toda la familia, con la consiguiente humillación para Marta.

Las cenas con la empresa
También son tradicionales en Navidad las típicas cenas de empresa, terror de las personas tímidas sin habilidades sociales, o que padecen “fobia social” y son, por tanto, incapaces de enfrentarse a nadie y están pendientes en exceso de las opiniones ajenas. Lo pasan francamente mal; su ansiedad les produce inseguridad, bloqueo y rubor (reacción del sistema nervioso autónomo, que dilata los vasos sanguíneos de la cara). Están convencidos, erróneamente, de que todos se están dando cuenta de su vergüenza y de que van a ser objeto inminente de una crítica lacerante.

Luis estaba muy preocupado por la comida navideña de su empresa, porque él intentaba siempre no estar en grupo y, ahora, le producía una gran ansiedad solamente el hecho de imaginar que iba a estar rodeado de todos sus compañeros (y no siempre amigos), en un ambiente diferente al laboral y, por ello, impredecible de antemano.

Él presentía que se iba a sentir muy incómodo, que no sabría cómo reaccionar y que lo iban a criticar como un ser raro y antipático. Para superarlo, tuvo que acudir al psicólogo y trabajar su autoestima y habilidades sociales, exponiéndose gradual y mentalmente al típico ambiente empresarial prenavideño.

Balance del año
Asimismo, la Navidad es época propicia para hacer examen de conciencia o balance del año y, si después las expectativas no se cumplen, se genera una frustración que se traduce, como mínimo, en irritabilidad y mal humor.

Para evitarlo, es esencial que si no queda más remedio que marcarse metas, que estas sean, al menos, accesibles y acordes a nuestras posibilidades para evitarnos posteriores desengaños y desilusiones.

No obstante, y a pesar de todo lo anterior, lógicamente también hay mucha gente que está encantada con la Navidad, con los recuerdos infantiles que acarrea, con las reuniones familiares y con los regalos.

Estupendo. Pero precisamente en Navidad, los psicólogos deben acordarse especialmente de aquellas otras personas que, por innumerables razones, no lo pasan tan bien con estas fiestas.

Y, así, en las “terapias navideñas”, hay que procurar proporcionar las estrategias y recursos necesarios para que quienes padecen síndrome prenavideño sean capaces por sí mismos de hacer frente a sus dificultades y conseguir el equilibrio y el bienestar necesarios.

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