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TRAGEDIA AÉREA EN LOS ALPES marzo 29, 2015

Posted by auroradelprado in psicología.
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El pasado martes día 24 recibíamos la noticia de una tragedia aérea. Un avión se había estrellado en los Alpes franceses con 150 personas a bordo y, desde el principio, se pensó que seguramente no habría supervivientes. La conmoción fue a nivel mundial.
El jueves día 26 por la mañana, el fiscal francés Brice Robin informaba que la caja negra encontrada desvelaba que el copiloto Andreas Lubitz se había encerrado en la cabina y había activado los mandos para el descenso.
Antes del despegue, el comandante Sondenheimer le había dicho al copiloto Andreas Lubitz que no había podido ir al baño en Barcelona, a lo que el copiloto Andreas contestó que podía ir en cualquier momento.
Una vez que el comandante se ausentó para ir al baño, Andreas Lobitz se vio solo en la cabina y aprovechó entonces para bloquear la puerta blindada, antes de poner el avión en modo de descenso hacía las montañas.

Andreas actuó deliberadamente para estrellar el avión
A las 10:29 horas, el radar del tráfico aéreo detectó que el avión comenzaba a descender y tres minutos después, los controladores intentaron contactar con el avión, pero no recibieron respuesta.
El comandante, al darse cuenta de esto, intentó derribar la puerta de la cabina hasta el final.

Quién era Andreas Lubitz
Andreas Lubitz, era un copiloto formado en la escuela de vuelo Lufthansa; una persona mentalmente inestable, con problemas de depresión desde hacía tiempo, incluso hasta el punto de tener que interrumpir su formación de piloto durante seis meses por dichos problemas. A pesar de todo, consiguió la licencia y comenzó a trabajar, porque su obsesión en la vida era volar.
Estaba recibiendo tratamiento psiquiátrico por una profunda depresión hasta el mismo día de la tragedia, según confirmó un familiar. También, Andreas hacía algunas semanas había roto con su novia con la que llevaba siete años.
En la actualidad, Andreas había ocultado sus problemas. Seguía trabajando en la compañía, a pesar de estar de baja por algún problema psiquiátrico, según los partes de varios médicos encontrados en la casa del copiloto.

Depresión severa
Si realmente Andreas tenía depresión severa, probablemente tendría pocas ganas de hacer nada, por tanto, probablemente estaba tomando antidepresivos, que era lo que le daba el ánimo suficiente para ir a trabajar a pesar de sentirse mal. Pero a veces, y según manifiestan los estudios realizados, los antidepresivos pueden dar también ese valor extra, que necesita el deprimido que tenga en su mente la idea del suicidio, para llevarlo a cabo. Y de hecho está demostrado que así pasa.
A la depresión severa que padecía Andreas, acentuada por la insistencia de los médicos en que no podía volar, además de una ruptura reciente con la novia con la que pensaba casarse en breve, se le sumaba otra circunstancia negativa más y es que estaba visitando especialistas por unos problemas en su visión, lo cual sería una dificultad añadida para no poder volar en el futuro. Esto debía ser algo horrible para él por frustrar el sueño de su vida, que era volar.

La triada cognitiva
Cuando una persona padece depresión severa, surge la triada cognitiva, visión negativa de sí mismo, del mundo y del futuro. Sufren la pérdida mayor que puede padecer un ser humano, la pérdida de su propio “yo”. Y esto les origina un enorme sufrimiento.
En el caso de Andreas, al ser diagnosticado con una depresión severa, está claro que tal sufrimiento se pudo producir, de modo que el suicidio podría rondar por su cabeza y estaba esperando la circunstancia y el momento oportuno para hacerlo.
Andreas decide que el momento ha llegado, por las circunstancias favorables que encuentra al quedarse solo en la cabina, por haberse ausentado el Comandante. Activa su plan predeterminado, que tenía seguro planeado desde hacía algún tiempo.

Solo pensaba en él
Cuando Andreas Lubitz decide suicidarse, en lo único que piensa es en él, en que va a terminar de una vez por todas con el sufrimiento que está padeciendo, por saber que no podrá volar por prescripción facultativa, por los problemas de visión, para más inri, y por la ruptura con su novia con la pensaba casarse.
Los deprimidos tienen una visión distorsionada de sí mismos y del mundo. Lo ven todo negro, no ven ninguna alternativa posible. Aunque solo algunos eligen el suicidio.
Andreas Lubitz eligió el suicidio y en lo que menos pensaba en el momento de suicidarse era en las 149 personas que iban a perder la vida al mismo tiempo que él, porque en esos momentos solo le importaba la realización del plan que tan pensado tenía y que pondría fin a su enorme sufrimiento.
Aunque hubiera pensado en otras formas de suicidio, probablemente las habría desechado, porque esta forma para él era muy significativa en su vida, era como una última venganza por no poder cumplir el sueño de toda su vida.

¿Qué hay que hacer para que esto no vuelva a suceder?
Afortunadamente, es un caso excepcional, pero debemos intentar que algo parecido no vuelva a suceder nunca.
Estoy de acuerdo con el fiscal de Marsella, Brice Robin, encargado del siniestro del avión Germanwings, que ha declarado que el incidente es un caso de “homicidio involuntario” porque no cree que el copiloto Andreas Lubitz tuviera intención de matar a los pasajeros a la hora de estallar el avión. Para considerarse asesinato “debía haber sido consciente de que quería matar” explico Robin.
A raíz de este accidente, se procederá a implantar determinados cambios para mejorar la seguridad de los pasajeros. Las aerolineas de diversas partes del mundo harán que en todo momento del vuelo haya dos integrantes de la tripulación en la cabina.
También sería muy importante que tanto las compañías aéreas, como las terrestres y marítimas tuvieran más control sobre la salud tanto física como mental de pilotos, conductores de autobuses, de trenes, de cruceros etc., por la enorme responsabilidad que requiere su trabajo, al trasportar a cientos de personas constantemente.

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EL CISNE NEGRO “LA DANZA DE LA VIDA” marzo 18, 2015

Posted by auroradelprado in psicología.
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Hay casos en que la influencia de los padres resulta negativa, en particular, cuando están frustrados por no haber llegado a ser lo que querían.

Entonces, tratan de compensar su fracaso haciendo que alguno de sus hijos llegue adonde ellos no pudieron, lo que se convierte en sus vidas en una verdadera obsesión, que, a su vez, transmiten a sus hijos, haciéndoles víctimas de su frustración.

La protagonista es víctima de su propia madre
Nina (interpretada por la actriz Natalie Portman), que es bailarina en una importante compañía de ballet, influida claramente por su madre, hace de su profesión la única razón de vivir, lo que la lleva a tratar de conseguir la perfección, que, a menudo, va unida a la obsesión.

La relación con su madre es tremendamente tensa, porque esta la sigue tratando como a una niña e intenta controlar su vida por completo, ya que, en definitiva, la vive como si fuera la suya propia.

Nina no es feliz porque no está viviendo su vida, sino la que quiere su madre. Hay una lucha latente entre la niña y la mujer que es, la cual, por ejemplo, reprime su impulso sexual, manifestado en ocasiones hacia el director del ballet, liberándolo a través de la masturbación.

La rivalidad agrava el problema
Nina, a pesar de ser una excelente bailarina, tiene dificultades en la interacción con sus compañeras debido a la fuerte competencia por llegar a conseguir el puesto principal en el ballet, y eso le ocasiona un mayor sufrimiento.

En particular, la rivalidad de Nina con su compañera Lily (interpretada por Mila Kunis) cobra una enorme importancia, cuando se trata de conseguir el elusivo premio del estreno de “El lago de los cisnes” y comienza una guerra entre las participantes en la que vale absolutamente todo, para llegar donde se proponen.

Cuando existe rivalidad, todo vale
Los medios que se utilizan en casos de rivalidad profesional, generalmente, no son los más apropiados, pero es una guerra en la que todo sirve y, así, Lily arranca a Nina de los brazos de su absorbente madre, con el disgusto de esta, para llevarla a su terreno, donde tratará de obstaculizar que consiga el puesto de primera bailarina.

Para ello, se sirve del alcohol y de las drogas, dejando, finalmente, a Nina completamente anulada y perjudicándola para conseguir su meta. Así, el sufrimiento de la víctima se potencia y la tensión aumenta.

La tragedia de haber sido y dejar de ser
El guionista de la película, John McLaughlin, también expone la enorme tragedia que supone haber sido y, después, dejar de ser. La anterior primera bailarina del ballet es ya cuarentona y un buen día el director decide prescindir de ella, anunciándolo en público durante una fiesta, mientras comienzan los ensayos para elegir a otra.

En esta situación, que se suele dar con frecuencia en numerosos trabajos, se suma el escarnio público a la dificultad de aceptar el final de la propia carrera y, en este caso, la bailarina jubilada lo vive de forma trágica: sufre un gravísimo accidente y es ingresada en un hospital.

Cuando termina una fase de sus vidas, hay personas que no ven alternativas y no saben adaptarse a las circunstancias.

La obsesión por la perfección puede desequilibrar la mente
Este tema, asimismo, lo toca maravillosamente bien John McLaughlin. Por fin, y a pesar de todos los obstáculos, Nina consigue el puesto de primera bailarina en el futuro estreno del ballet.

Pero esto que, en principio, tendría que hacerla inmensamente feliz, porque ella cree que es lo que más desea en la vida, inducida por su madre, en realidad, le produce un exceso de autoexigencia, de responsabilidad y un enorme miedo a no ser perfecta, lo cual le obliga a ensayar constantemente, sin descanso, produciéndole un agotamiento nervioso y una confusión mental que la incapacita para distinguir entre realidad y ficción.

La incapacidad para distinguir realidad y ficción
Este tipo de incapacidad puede producir un desdoblamiento de personalidad en el que se ven y se hacen cosas totalmente irreales. Y, así, Nina vive un enfrentamiento con su rival, Lily, en el que Nina mata a su compañera, aunque, en realidad, el enfrentamiento es con ella misma que es la que termina de verdad matándose.

Otro desdoblamiento que ocurre durante la representación es que, en su obsesión por la perfección, se ve trasformada en un auténtico cisne negro, viviéndolo como tal.

Conclusiones

Esta genial película nos transmite, pues, varios mensajes, como el de la conveniencia de ser cautos con las frustraciones de cada cual: nadie debe intentar vivir en los hijos la vida que no se pudo dar a sí mismo, porque esto puede llegar a convertirlos en unos desgraciados y los hijos se traen al mundo, principalmente, para que sean felices.

Otro mensaje es el del respeto que debería primar en todas las profesiones, de modo que consiga el mejor puesto el que más vale, no el que llegue allí después de pisar a todos los demás.

En tercer lugar, la importancia de asumir que un día se puede dejar de ser lo que se es ahora, porque la suerte o las circunstancias cambien. Y que esto hay que afrontarlo como algo normal y pensar que hay muchas más alternativas en la vida para seguir siendo feliz.

Y que la búsqueda excesiva de la perfección conlleva muchísimo sufrimiento y, en casos extremos como el de esta película, un desequilibrio mental. La perfección no existe; somos humanos. Aceptémoslo