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AMY WINEHOUSE julio 24, 2015

Posted by auroradelprado in psicología.
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AMYYYYYYYYYYY

Existen numerosos ejemplos de personas que no saben digerir, de forma natural y sana, el haber llegado a la cima de su profesión, o a las que el éxito no les produce la satisfacción que esperaban y, entonces, suelen tomar caminos erróneos que, a veces, les lleva a terminar de forma trágica, como en este caso.
El equilibrio emocional es fundamental en la vida: hay que saber afrontar las situaciones extraordinarias y aprovecharlas de forma razonable para crecer y enriquecerse a nivel personal.

Conducta autodestructiva
Amy llevaba largo tiempo maltratándose con los excesos del alcohol y las drogas. Ella, por supuesto, sabía que lo que hacía estaba mal y que le perjudicaba notablemente, pero repetía insistentemente en sus canciones que no quería rehabilitarse. Se había habituado, había aprendido una forma de vivir en la que mezclaba el glamour de sus actuaciones con otros ingredientes poco saludables, que llegaban a notarse en el escenario, como en sus últimas actuaciones.

Un gran talento
Amy tenía un enorme talento para cantar; era una de las mejores voces de su tiempo, digna ganadora de numerosos premios. Pero tener talento en un área concreta no significa que en las otras áreas también seas inteligente.
Porque Amy no fue una buena gestora de su vida. No fue lista para vivir de forma feliz el enorme privilegio de poseer una preciosa voz, ni para saber quitarse de en medio lo que le estaba perjudicando, sabiendo que ello le limitaba tanto a nivel profesional como personal.

Amy no era feliz en su vida
Una persona que tiene que recurrir al alcohol y a las drogas, generalmente, no es una persona feliz; es una persona con carencias y desequilibrios importantes que necesita evadirse para evitar el sufrimiento que ellos le producen.
Amy estaba rodeada de personas. Tenía muchos fans, amigos, una familia que la quería; incluso, el día anterior a su muerte había comido con su madre a quien confesó que quería. Pero, a pesar de todo, Amy debía sentirse muy sola en medio de su espectacular éxito.

Era cuestión de tiempo
La madre de Amy comentó a los periodistas que era cuestión de tiempo. Esto significaba que conocía perfectamente los graves problemas que tenía su hija y que también debía sufrir muchísimo cuando veía el estado lamentable al que le llevaban sus excesos.
Sus padres, probablemente, han intentado ayudarle, le habrán dado los mejores consejos, le habrán ofrecido en todo momento su apoyo incondicional. Pero si Amy no quería salir del infierno en el que estaba metida, sus esfuerzos eran una misión imposible. Para poder rehabilitarse, en primer lugar, hay que reconocer la existencia del problema y, a partir de ahí, queda un largo camino hasta la recuperación.

Dependencia y falta de control
Amy tenía una importante dependencia del alcohol y otras drogas y, en su estado, era muy difícil curarse sin ingresar en un centro de desintoxicación, con personas expertas que le cuidaran.
Su vida claramente estaba fuera de control. Su falta de habilidades era evidente y, una vez más, se demuestra que la asignatura de aprender a vivir estaba ausente. Es preciso aprender a enfrentarse a los problemas, a resolver situaciones conflictivas de forma positiva, en definitiva, a saber afrontar la vida, con optimismo, alegría y ganas de vivir.

Su peor enemiga
Se puede considerar que Amy ha sido, ella misma, su peor enemiga. A pesar de lo importante y reconocida que era en todo el mundo, ella no se valoraba, ni se quería; probablemente, no se creía lo buena cantante que era, ni el cariño que le demostraban las personas que la rodeaban.
Ella debía de vivir en su mundo particular, que necesitaba llenar de sustancias tóxicas para evadirse de la realidad que ella creía vivir. Y, por supuesto, esa realidad no le gustaba y no le hacía feliz.

Ilusión y entusiasmo
En la vida, son fundamentales la ilusión y el entusiasmo. Poner ilusión en el trabajo, generalmente, produce satisfacción y si, además, le añadimos entusiasmo, la satisfacción queda asegurada, al mismo tiempo que el bienestar y la seguridad en uno mismo. Por tanto, si lo que se hace en la vida satisface, ello será, a su vez, un incentivo para hacerlo cada vez mejor.
Pero en el caso de Amy, la satisfacción parece que brillaba por su ausencia y, debido a las circunstancias que le rodeaban, no supo, ni quiso, encontrar el camino correcto, para continuar, aquí entre nosotros, deleitándonos con su maravillosa voz y sus preciosas canciones.

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