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AMAR POR AMAR diciembre 22, 2008

Posted by auroradelprado in Amar por amar.
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Vivir en pareja no significa vivir con sufrimiento. Cuando formamos pareja es para que la vida sea más agradable, más feliz, no para que nos martiricen y nos humillen constantemente. No se debe mantener una relación a cualquier precio; por nuestra propia dignidad, pero también por la de las personas que nos quieren. Nuestra obligación es estar bien en la vida. Si le preguntásemos a las madres para qué tienen hijos, la mayoría dirían que para que sean felices. Estamos aquí para procurar ser felices, no para ser unos amargados y menos dejar que otros nos amarguen la vida, ¡faltaría más!


Muchas mujeres hacen que su vida gire en torno a la de su pareja, se olvidan de ellas mismas y la mayoría de las conversaciones que tienen son acerca de su relación; tratan siempre de buscar justificación a su mal humor, a su indiferencia y a sus desaires. Normalizan comportamientos por los que pueden sentirse ofendidas. Desarrollan tal aguante que su personalidad va anulándose poco a poco, sin que ellas se den cuenta.


Amar sin límites puede parecer algo típicamente femenino, porque los hombres tienden a obsesionarse con el trabajo, los deportes, los coches, o los hobbies. Sin embargo, para las mujeres, la relación de pareja es algo muy importante: muchas se obsesionan con una persona que probablemente no sea la más adecuada.


A las mujeres nos han instruido desde nuestra infancia para amar, ayudar, recuperar y consolar a los demás. Tenemos almas de redentoras y algunas lo llevan hasta las últimas consecuencias, creyéndose las salvadoras; se dejan llevar por la naturaleza, aunque muchas veces no obtienen los resultados deseados y entonces todavía ponen más empeño para conseguirlo.


Luisa rondaba ya los cuarenta, se había casado muy joven, su novio bebía, pero ella pensó que una vez casados lo dejaría, porque ella se iba a encargar de cambiarlo. Lo que sucedió, una vez casados, fue todo lo contrario, pues el marido comenzó a beber más, los hijos suponían más responsabilidad y el alcohol le servía de consuelo. Al cabo de unos años enfermó del hígado y murió. Luisa, después de un tiempo prudencial, se enamoró de nuevo, pero al poco tiempo de formar pareja con el nuevo amor, comenzaron los problemas. Estaba fuera de casa demasiado tiempo y su comportamiento no era adecuado con los niños: finalmente se enteró de que era drogadicto. Después de un tiempo de problemas y discusiones diarias, decidió poner fin a la relación, por ella y por sus hijos.


Luisa seguía su vida, y nuevamente se volvió a enamorar ya con cuarenta años, pero los problemas no tardaron en aparecer de nuevo. Le faltaba dinero de casa, y además, echaron a su nueva pareja del trabajo acusándole de robo. Ella comenzó a investigar la vida de su novio y no tardó en descubrir que era ludópata. Cuando vino a mi consulta lo había echado de casa y en esos momentos él estaba durmiendo en la calle, en el coche, y no estaba dispuesta a admitirlo nuevamente en su casa porque no reconocía el problema que tenía y era obvio que necesitaba ayuda para recuperarse.


Este es un ejemplo claro de cómo Luisa sentía una especial predilección por los hombres problemáticos. Su instinto de redentora, de salvadora, estaba ahí latente, pero sus esfuerzos no daban resultados, y estas relaciones la hacían infeliz.


Cuando las personas aman sin límites, muchas veces no son capaces de distinguir cuándo alguien no es bueno para ellas. Se obsesionan con un hombre, a esa obsesión la denominan amor, se dejan llevar por las emociones que les hacen sentir en esos momentos, se dejan envolver en una burbuja. Creen sentirse seguras y protegidas porque muchas tienen miedo a estar solas y a sentirse abandonadas. Consideran que vivir en pareja es la mejor forma de vivir y buscan ese estado como sea.


Muchas de las mujeres que aman sin límites han sufrido carencias afectivas en su infancia, tienen miedo de que no las quieran, de sentirse ignoradas y solas. Aman desesperadamente, con la intención de que el hombre al que dan su amor les corresponda, entre otras cosas para que supla sus carencias y miedos, y les de lo que tanto les ha faltado desde su infancia, que es el cariño incondicional de alguien que nunca llegaron a tener.


Estas mujeres que en su infancia sufrieron carencias afectivas,se sienten obligadas a dar afectividad y precisamente a hombres que para ellas son seres necesitados de cariño y de su ayuda y que necesitan cambiar.


Generalmente, las mujeres que aman sin límites, provienen de familias desestructuradas, con problemas y, habiendo vivido en un hogar cuyos padres no eran cariñosos ni comprensivos, tratan de cambiar a los hombres que se cruzan en su camino y que quieren formar pareja con ellas. Despliegan entonces todo un arsenal de estrategias dirigidas por amor, a intentar ayudar, cambiar, y recuperar a la pareja. Están dispuestas a hacer lo que haga falta para que la relación funcione, antes de sentirse abandonadas.


Como han sufrido tanto por la falta de afectividad, tienen una enorme paciencia, tratan de obedecer, de transigir, incluso se responsabilizan de las discusiones que surjan dentro de la pareja; en definitiva, tratan de complacerle en todo momento para evitar la temida ruptura.


Algo muy significativo en ellas es la baja autoestima, se consideran ciudadanas de segunda clase, se culpabilizan por todo lo que acontece dentro de la relación, y al mismo tiempo tratan de vigilarlo todo. Son auténticas centinelas de la relación para suplir la poca seguridad que vivieron durante la infancia. Por encima de todo necesitan sentirse útiles, el mero hecho de tener un hombre al lado les hace sentirse afortunadas.


La mayoría, idealizan la relación que viven, para no ver la realidad. Tienen la tendencia de acercarse a hombres que tienen problemas, que les van a causar daño. Y al relacionarse con hombres problemáticos, se olvidan de la consideración que merecen para ellas mismas como responsables que son de su persona.


La depresión a veces hace mella, pero tratan de compensarla con la excitación que les produce una relación insegura e inestable. Para ellas, los hombres formales, que son responsables, fieles, que no suelen dar problemas, que estarían dispuestos a hacerlas felices, no les atraen en absoluto. Este tipo de hombres son sosos, aburridos, simples, no les dicen nada.


Pero a pesar de que se dan cuenta que la relación problemática no satisface sus necesidades, no se atreven a romperla, porque por encima de esas necesidades están otras todavía más fuertes, como las de sentir que están sufriendo por alguien y, al mismo tiempo, se sienten útiles, ya que se han erigido como salvadoras y tienen que cumplir el cometido que se han impuesto.


Se ha demostrado que cuando se sufren carencias afectivas durante la infancia, no aprendemos a querernos a nosotros mismos porque nadie nos enseña a querernos, y lo peor de todo es que creemos que nos lo merecemos.


El amar sin límites se puede convertir en una auténtica adicción. La búsqueda constante de estar con alguien para sentirnos bien con nosotras mismas. Pero esto tiene también la otra cara de la moneda, porque si nos centramos tanto en la relación, va a ir en detrimento de todo lo demás relacionado con nuestra vida como el trabajo, nuestras relaciones, nuestra familia, nuestros entretenimientos… Utilizan, en cierto modo, la relación de pareja para calmar los miedos, las inseguridades y la baja autoestima.


Para ellas un hombre con problemas les resulta mucho más atrayente, pues saben que tienen que hacer un buen trabajo y lo asumen como un auténtico reto. Un hombre que se está divorciando, necesita alguien con quien hablar de su problema. A un hombre que tenga mal humor le será de mucha utilidad tener al lado una persona con paciencia y comprensión. A las mujeres siempre les han atraído mucho los típicos canallas, ellas siempre van a estar ahí para ayudar. Pero un hombre formal, serio, fiel, etc., no necesita ayuda de ninguna clase. No les sirven, pues a este tipo de hombres no los pueden amar sin límites.


Tenemos que tener muy claro que la caridad empieza por uno mismo. Si no nos queremos a nosotros mismos, no podemos querer a los demás de verdad.


Hay que afrontar nuestras limitaciones, trabajarlas para tener mayor calidad de vida. Pensar en uno mismo es bueno, cuidar y enriquecer nuestra personalidad es mejor, no sólo para nosotros, sino para todas las personas que nos rodean. En numerosas ocasiones, se nos va la vida pensando en los demás constantemente, olvidándonos de la persona más importante, que en este caso eres “tú”.


La persona con la que formamos pareja, si realmente tiene problemas, debe solucionarlos ella misma. Nosotros podemos estar a su lado, pero la responsabilidad es suya no nuestra, y tampoco tenemos que permanecer obligatoriamente junto a alguien que no tome ninguna medida para poner fin al problema que tenga y que, además, nos haga la vida imposible.


Algunas mujeres han estado tan volcadas en la vida de su pareja, que han llegado a olvidar sus propias emociones. Se sienten tan anuladas como mujeres, que los incidentes que terminan en broncas, silencios interminables, o escapadas, les producen cierto desasosiego o excitación, y a veces precisan de estos problemas para volver a sentir algo como personas. Es así de triste.


La vida es lo más importante que tenemos. Y estamos obligados a llevarla al mejor puerto posible, por nuestra propia dignidad, pero también por la dignidad de las personas que nos han puesto aquí y que se merecen todo nuestro respeto, nuestros padres.


Tenemos que responsabilizarnos de nuestra propia vida y de nuestra felicidad porque ya tenemos edad para ello, sin depender de nadie. Formarnos, cultivarnos para sentirnos más seguras y autosuficientes, porque se sabe que cuanto menos se necesite a una pareja para ser feliz, mejor pareja serás, y te atraerán y atraerás a personas más sanas.


Schopenhauer decía: “Es prudente dejar sentir, de cuando en cuando, a las personas que podemos pasarnos muy bien sin ellas. Esto fortalece la amistad, y hasta con la mayoría de las personas no es malo deslizar de tiempo en tiempo un tonillo desdeñoso respecto a ellos, y así hacen más caso a nuestra amistad (Quien no estima, llega a ser estimado, dice un proverbio italiano). Si alguien tiene mucho valor real a nuestros ojos, es preciso ocultárselo, como si fuese un crimen. Esto no es muy grato, pero es así”.


Es importante hacernos valer. Ir de “perrito faldero” por la vida, no suele dar buenos resultados, porque los hombres no valoran a este tipo de mujeres. Todo lo contrario, las utilizan. En cuanto se dan cuenta de lo importante que es esa relación para la mujer, y que están dispuestas a aguantar todo para salvarla, comenzará el calvario.


CUANDO NOS VOLVEMOS MÁS SANAS Y EQUILIBRADAS ATRAEMOS A PAREJAS MÁS SANAS Y EQUILIBRADAS.

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