jump to navigation

EL ROMPEPAREJAS enero 17, 2010

Posted by auroradelprado in El rompeparejas.
Tags: , , ,
add a comment

 

 

1111111aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

 

Existen algunas personas que se sienten terriblemente atraídas por otras personas que tienen pareja estable. Este tipo de comportamiento se da tanto en hombres como en mujeres; la diferencia está en que el hombre, cuando consigue a la mujer, la abandona y, en cambio, la mujer, generalmente, se queda con el hombre al que conquista.

Como, no obstante, estos comportamientos son mucho más frecuentes en hombres que en mujeres, a ellos me referiré en este caso.

El “rompeparejas” se puede considerar un depredador; localiza a su presa generalmente en círculos próximos como puede ser en el trabajo, entre amistades próximas o incluso dentro de la familia, (me refiero a cuñadas, o novias de familiares).

Comienza acechando a la presa; el depredador es un conquistador nato. La seduce, la corteja: sabe perfectamente que a la mujer le encanta que le regalen el oído, el hecho de verse admiradas por alguien les aumenta su autoestima y les hace sentirse bien. Día a día, el depredador va envolviendo a la presa, no le importa el tiempo que necesite para conseguir lo que quiere. Él sabe que tarde o temprano la tendrá a sus pies.

El saber que la presa ha de arrebatársela a otro, le produce un morbo, un atractivo especial, y despliega todo tipo de artimañas para que la presa termine rendida en sus brazos.

Por supuesto, el depredador no se sale con la suya siempre, pero conviene estar prevenidas para evitar caer en sus redes, pues son muy persuasivos y tratan de ser convincentes con tal de conseguir lo que se proponen.

María tenía treinta-y-tantos, estaba casada y tenía un niño pequeño; comenzó a ser seducida por un compañero de trabajo con el que compartía despacho. Él empezó, como se suele decir, “tirándole los tejos”, y ella al principio se resistió, pero el depredador no respeta nada; al contrario, el que estuviese casada y tuviera un hijo eran para él meros obstáculos que tenía que salvar.

El depredador le echa el ojo a su presa y despliega todo un arsenal de recursos y estrategias para su propósito.

Después de un cierto tiempo, María sucumbió a la campaña de seducción y cortejo a la que había sido sometida por el compañero depredador. Él también estaba casado y tenía dos hijas.

Y comenzó el idilio, o el “affaire”, entre los dos; el depredador y la presa. Él comenzaba a conseguir lo que quería; todo iba por buen camino y ella estaba como en una nube, ya que un hombre estaba enamoradísimo de ella y se lo demostraba constantemente (la presa nunca sospecha nada y se cree todo “a pies juntillas”).

Empezaron a vivir una doble vida: ella sacrificando el tiempo de estar con su único hijo y su marido, para verse con el depredador que tantas muestras de “amor” le daba y él, a su vez, engañando a su mujer con pretextos de trabajo.

Así, puede pasar cierto tiempo, pero el depredador nunca se queda ahí; tiene que seguir el proceso que tiene en mente desde el principio: “arrebatar a su presa de los brazos del otro”. Para ello, comienza el período de hostigamiento, diciéndole a la presa “lo mal que se siente cada vez que piensa que por las noches está en brazos de otro que no es él; que es preciso que deje a su marido; que él no puede vivir con ese sufrimiento”, etc.

El hostigamiento por parte del depredador seguía día a día; no olvidemos que María compartía despacho con el depredador y éste se atrevía, incluso, a mandarle mensajes a María, cantando por ejemplo “libre como el mar, quiero ser libre…”. María cada vez se sentía más acorralada por el depredador.

Tanta presión ejercía éste sobre María, que ella terminó por decirle que estaba dispuesta a dejar a su marido con la condición de que él también abandonase a su mujer. El depredador respondió que, por supuesto, él también lo haría, pero ella tenía que ser la primera en dar el paso.

María así lo hizo, le confesó a su marido la infidelidad y que dejaría de vivir con él, porque tenía una relación “seria” con un compañero del trabajo.

María era feliz; había hecho lo que tanto y tanto le había pedido su compañero que hiciera para poder formalizar la relación que había surgido en el trabajo y que tan feliz le hacía.

Cuando llegó al trabajo le faltó tiempo para decirle al depredador que, por fin, lo había hecho; que había dejado a su marido y que estaba dispuesta a comenzar una nueva vida con él, y que ahora era él el que tenía que romper con su pareja.

Aquí es cuando realmente se descubre al depredador, porque éste no tiene, ni ha tenido nunca, la intención de dejar a su mujer; simplemente había conseguido lo que quería desde un principio, “arrebatar a la presa de los brazos del otro”.

Y es en ese momento cuando la presa se da cuenta del engaño del que ha sido objeto. Se siente burlada y humillada. En este caso, María se recriminaba el haberle quitado tiempo a su hijo por estar con el depredador de turno y haber dejado a su marido tan alegremente.

Lo cierto es que María se sentía francamente mal y estaba dispuesta a ir hablar con la mujer del depredador para contarle toda la historia que había tenido con su marido. ¡Quería vengarse de alguna manera!

Luisa, también treintañera, casada, con dos hijos, vivía en un chalet adosado. Al lado vivía un vecino divorciado con un hijo de la edad de los de Luisa. Los fines de semana venía el niño y jugaba con los hijos de Luisa.

Luisa y su vecino se conocían de vista, pero a causa de los niños llegaron a entablar una amistad; ella trabajaba de 6 de la tarde a 1 de la noche, por lo que durante todo el día permanecía en casa. El vecino depredador comenzó su acoso hacia la víctima; la piropeaba siempre, cosa que su marido había dejado de hacer. Solían entablar conversaciones durante largos periodos de tiempo; ella se sentía muy a gusto a su lado; se sentía de nuevo viva, estaban surgiendo sentimientos que tenía adormecidos; él se encargaba de halagar en todo momento a Luisa, pues esto forma parte del plan del depredador.

El vecino de Luisa tenía un trabajo autónomo. El no tener horarios fijos, le permitía estar pendiente de Luisa prácticamente durante todo el día, a veces, incluso, Luisa pasaba a casa del depredador y le ayudaba en sus tareas.

La amistad crecía, invitándose mutuamente también a comer y haciendo partícipe de esa amistad al marido de Luisa, que no sospechaba que al lado de su casa vivía un depredador.

El depredador solía comentarle a Luisa que tenía sueños eróticos con ella y que disfrutaba mucho; ella se ruborizaba, pero se sentía halagada. La estrategia del depredador comenzaba a dar sus frutos.

Uno de los días en que Luisa pasó a casa de su vecino, él la terminó de seducir tan convincentemente, que ella cayó completamente en sus brazos haciendo el amor con el depredador. Éste había conseguido dar pasos de gigante, había conseguido prácticamente la primera parte del plan.

A partir de ese momento, Luisa se sentía fatal, había engañado a su marido con su vecino y comenzó a tener remordimientos por su comportamiento.

No dudó en decirle a su vecino depredador, lo mal que se sentía por haber sido infiel a su marido. Al depredador se le ponían, así, las cosas más fáciles, comenzando rápidamente con la segunda parte del plan, pidiéndole que dejara a su marido, pues si se había acostado con él era porque ya no sentía lo mismo por aquél.

Luisa, después de pensárselo, no dudó en hablar con su marido, para romper la relación, sin comentar ningún detalle más.

Cuando el depredador se enteró por Luisa de que había roto con su marido, y que ella quería refugiarse en su regazo para encontrar aquello que le había hecho sentir, éste le dejó muy claro que él no quería ningún compromiso ni con ella ni con nadie y que no contara con él, porque quería vivir su vida sin ataduras de ninguna clase.

En estos ejemplos, se ve claramente la actuación del depredador. Es importante saber que este prototipo es universal y que puede surgir en cualquier ambiente; el depredador repetirá comportamientos, ya que en cierto modo se condiciona; se siente satisfecho cuando consigue el propósito que persigue, y ese “placer” que siente cuando ve finalizado el trabajo emprendido, y que tanto tiempo le ha llevado, le hace sentirse tan bien, que buscará siempre un nueva presa con pareja, para comenzar el cortejo y la seducción e iniciar de nuevo el mismo plan. Es cómo una especie de adicción a “romper parejas”.

A este depredador se le puede considerar, en cierto modo, como un “psicópata”, ya que carece de capacidad de empatía; no es capaz de ponerse en el lugar de sus presas; no le importa el sufrimiento que puede llegar a causar con su comportamiento; carece de buenos sentimientos, pues actúa con premeditación y alevosía, porque sabe, en todo momento, cómo va acabar la historia que ha comenzado. Es un “auténtico depredador de presas”.

CÓMO EVITAR QUE EL “ROMPEPAREJAS” NOS SEPARE DE NUESTRA PAREJA.

-En primer lugar, y como regla general, hemos de hacernos respetar desde el primer momento; esto hará que los “rompeparejas” nos valoren más y que nos tomen en serio, tratándonos como una compañera más.

-Debemos expresar siempre, con firmeza y decisión, los límites en cuanto a amistad se refiere.

-Es muy importante no caer en los halagos, en esos estímulos que a la mayoría de la gente nos gustan y especialmente a las mujeres. Hemos de tener en cuenta que en la mayoría de las situaciones, dichos halagos, tienen casi siempre una finalidad muy concreta por parte del depredador.

-La acosada debe comprender que en una pareja estable, que lleva conviviendo bastante tiempo, se producen menos halagos y elogios mutuos, pero que esto no quiere decir, ni mucho menos, que uno no quiera al otro igual o más que al comienzo de la relación.

-En estos casos, la madurez emocional es vital. El que la tiene, puede descubrir más fácilmente al “rompeparejas”, porque discrimina mejor entre los oasis imaginarios y su propia realidad.

-Es fundamental “valorar” la relación que tenemos para poder defenderla de cualquiera que intente desestabilizarla. Si nos dejamos llevar, este hecho nos pasará factura.

-Debemos ser responsables de nuestros sentimientos. Hemos de reflexionar sobre lo que tenemos: si realmente lo queremos, y si no nos importa tirar por la borda todo lo que hemos conseguido hasta ahora.

-No debemos engañarnos a nosotros mismos y comprender también que la pareja ideal no existe.

Anuncios