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LO SEXUAL NO SE REDUCE A LO GENITAL enero 7, 2009

Posted by auroradelprado in Lo sexual no se reduce a lo genital.
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El modelo universal sexual es masculino y la rebelión de la mujer está en no aceptar ese modelo.
Detrás de las campañas referentes a lo sexual no suele haber ningún profesional de la sexología. Esto se demuestra porque dichas campañas suelen ser reduccionistas, limitando las relaciones sexuales a la mera penetración, que ha sido y sigue siendo el modelo sexual universal masculino de toda la vida.

Las campañas que proponen el uso del condón, aunque su finalidad es positiva, ya que intentan prevenir, evitar los embarazos no deseados y combatir las enfermedades de transmisión sexual, sin querer, también están induciendo a los jóvenes a la práctica coital como única manera de mantener relaciones sexuales placenteras.

También los métodos de planificación familiar se basan en proporcionar métodos anticonceptivos como la píldora, o el dispositivo intrauterino, que los aconsejan como los más eficaces presuponiendo el coito como única práctica de relación sexual. Pero existen otras formas de mantener relaciones sexuales aconceptivas, que son mucho más eficaces y sobre todo más baratas.
Es importante diferenciar lo que es mera información sexual de lo que es Educación Sexual. Muchos creen que hacer educación sexual es informar sobre la prevención (sida, embarazos…), pero con esta fórmula se refuerza cada vez más la idea de que sexo es sinónimo de coito.

Los que han querido construir la universalización del modelo del goce masculino, extendiendo ese modelo a las mujeres, lo hacen aceptando la pauta de un cuerpo femenino genitalizado. La rebelión de las mujeres está en no aceptar el modelo sexual de universalización masculino, el modelo genital; no sólo porque sea masculino, sino porque es insuficiente para el goce femenino.
Las mujeres se han dado cuenta de que si no se rompía el modelo genital no gozaban, porque ese modelo no se adecua al cuerpo de la mujer. El clítoris pone de relieve que la mujer no es genital, porque su cuerpo es metagenital, pero la construcción histórica de lo masculino es el acomodo genital.

Los científicos lo corroboran. Entre ellos:
Alfred Kinsey, médico y sexólogo de prestigio universal, afirmaba “que el clítoris desempeña un papel importante, si no único, en la respuesta orgásmica de la mujer, y que el orgasmo vaginal es una imposibilidad biológica”.
Mary Jane Sherfeyen su libro “Naturaleza y evolución de la sexualidad femenina” dice: que los orgasmos vaginales son infrecuentes, debido a las carencias de terminaciones de nervios sensitivos en el cuerpo principal de la vagina, aunque algunas mujeres confunden con facilidad un orgasmo vaginal con uno clitoral.

El clítoris es el órgano sexual y la vagina es, principalmente, el órgano de la reproducción.
Existe un nutrido número de hombres y de mujeres que aceptan la ecuación orgasmo vaginal = normalidad. De aquí la incidencia cada vez mayor de sentimientos de culpa, de temor de resentimiento en mujeres, por lo demás sanas, que se sienten incapaces de alcanzar el ilusivo premio. También nos encontramos frente al formidable obstáculo de un gran bloque de opiniones profesionales y públicas porque la gente, a su vez, quiere que el orgasmo vaginal exista y no el clitoral.

La vagina constituye el receptáculo para el pene y el semen, también sirve como canal para el parto, pero no para participar en la creación o alivio de la tensión sexual.
La estimulación accidental de la zona clitoral produce a menudo sensaciones eróticas. La estimulación del tercio inferior de la vagina, tal como la producida por tampones, puntas de irrigadores, etc, no produce sensaciones eróticas similares, aun cuando estos procedimientos se ejecuten en la segunda mitad del ciclo.
Un tampón vaginal mal colocado toca el tercio inferior, y aunque el contacto con la mucosa del tercio inferior sea leve, nunca origina sensaciones eróticas, sino que produce irritación. Si el contacto es prolongado, causa dolor.

Según el informe Hite “Estudio de la sexualidad femenina”, corrobora que: “Se ha demostrado que sólo el 30% aproximadamente de las mujeres comprendidas en este estudio podían sentir el orgasmo con regularidad a través del coito. En otras palabras: la mayoría de las mujeres no tienen orgasmo con regularidad como resultado del coito. Para la mayoría de las mujeres tener orgasmo durante el coito y como resultado de éste exclusivamente, es una experiencia excepcional, no habitual.

Muchos hombres prefieren creer en un “Punto G”, más bien imaginario, en el interior de la vagina, que intentar hacer algo que las mujeres aseguran que les produce mayor placer, es decir, la estimulación del clítoris. De hecho, hace poco se ha demostrado que el llamado “Punto G” no existe en sentido anatómico: no me sorprendió teniendo en cuenta mis investigaciones con mujeres.
Las mujeres actuales, en general, no creen tener algún defecto terrible si no tienen un orgasmo durante “el acto” porque saben que pueden alcanzarlo sin problemas de otras formas.

El sistema clitoridiano es semejante al pene, pero es interno, mientras que el pene es externo. Obligar al cuerpo femenino a adaptarse a la estimulación vaginal para que tenga un orgasmo durante el coito, como el hombre, distorsiona la identidad sexual de la mujer y la presiona para que finja el orgasmo. No hay razón para que las dos personas tengan que alcanzar el orgasmo al mismo tiempo. El sexo puede ser igual de placentero, e incluso más, cuando se produce una relación sincera y erótica. Necesitamos redefinir el sexo, no convertir en un problema médico a las mujeres.
Para Albert Ellis, uno de los psicoterapeutas más influyente del siglo XX: “Las mujeres pueden tener orgasmos de muchas formas distintas, especialmente si se manipula la región del clítoris, no la vagina. La vagina es relativamente insensible al estímulo sexual, porque si fueran sensibles al estímulo sexual, las mujeres no serían capaces de tener niños, ya que el parto sería dolorosísimo, mucho más de lo que es ahora, siendo una zona relativamente insensible”.
Pero, por suerte, tienen un clítoris que es muy sensible y puede darle orgasmos, pueden causárselos ellas mismas o sus parejas y también si piensan algo excitante.

Los griegos distinguían entre Doxa y Episteme: la Doxa es la opinión de la calle, Episteme es el lado científico. En todas las ciencias hay mitos, como en sexología. Por ser una ciencia que engloba prácticamente la esencia del ser humano, y por tener tantas implicaciones sobre nuestras vidas se suele opinar creando mitos que no se ajustan a la realidad. Son numerosísimos los ejemplos que distorsionan las teorías reales debido a una desinformación y una falta de interés científico en lo sexual.

Reconozco que es muy difícil enseñar educación sexual. Hay que reemplazar muchas opiniones que están arraigadas dentro de nuestra cultura y que llevan tanto tiempo que al final han cristalizado como verdades.
Culturalmente las relaciones sexuales hombre-mujer se han reducido a la genitalización; es lo que nos han transmitido. Está científicamente demostrado que, para las mujeres, las relaciones sexuales sin penetración pueden ser igual, o incluso más placenteras que las relaciones que implican penetración, debido a que las zonas excitables se hallan en los órganos externos, y por lo tanto, para su estimulación no es necesario la penetración.
La educación sexual, aparte de prevenciones, ofrece unos valores como: la fecundidad con racionalidad, el placer humanizado, y la sexuación como diversificación.

Pero es preciso ir más a la raíz. A un valor que sirve de tronco a los anteriores y les confiere todo su sentido. Porque antes del ejercicio de la fecundación o la vivencia del placer, un sujeto se hace a sí mismo como hombre o como mujer de forma evolutiva y a través de unos procesos.
La sexuación consiste en uno de esos procesos biográficos, y no solo biológicos, a través del  cual los individuos se van sexuando, es decir se van configurando como masculinos o femeninos, identificándose con un sexo preponderante en relación al otro y viceversa.
La prevención no tendría por qué sustituir o anular lo importante. De esta forma la educación sexual como inducción al estudio y conocimiento del hecho de los sexos, y no del sexo, o de lo que se ha generalizado como tal, puede perfectamente formar parte en el conjunto del proyecto educativo.

Para conseguir un desarrollo óptimo de la sexualidad, hemos de procurar que la sexualidad se acepte como una dimensión positiva de nuestra personalidad que integra posibilidades de placer, ternura, comunicación, afecto, y procreación.
En sexología hay cuatro conceptos fundamentales que siempre hay que tener en cuenta, que son: el respeto, la tolerancia, la ética y la responsabilidad.