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RAZAS noviembre 27, 2009

Posted by auroradelprado in Razas.
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RAZAS

En la actualidad compartimos nuestras vidas con personas de otros países, diferentes por el físico, por el idioma o por la cultura. La mayoría de las personas acepta esta convivencia con normalidad, sin darle mayor importancia; también nosotros hemos emigrado a lo largo de nuestra historia a diferentes países por distintos motivos, unas veces políticos y otras veces por necesidades económicas, por lo tanto no deberíamos olvidar que también muchos españoles fueron emigrantes.

Pero, sin embargo, hay una minoría a la que parece que sí le molesta que vengan extranjeros a nuestro país y usurpen los puestos de trabajo, ya que, según ellos, se los están quitando a nuestra gente. No obstante, tenemos que comprender que ellos no están aquí por gusto, sino por necesidad y nuestro deber es tratarles con humanidad; no olvidemos que la calidad humana está por encima de las diferencias, de la riqueza, de la belleza y hasta de la inteligencia.

Desde que nos conciben, estamos condicionados, condicionados por el sexo. Nadie elige el sexo con el que quiere vivir; no podemos elegir ser hombre o ser mujer. También estamos condicionados por el color de la piel: no podemos elegir ser blancos, negros o amarillos. Y condicionados por la familia en la que nacemos y por la educación que nos dan, tampoco la elegimos. Y, finalmente, condicionados por el sitio donde nacemos. Todo ello queda fuera de nuestro alcance.

Un famoso escritor recibió un premio importante por uno de sus libros y al final de la ceremonia un paisano suyo se le acercó emocionado para decirle que él también era de la ciudad donde aquél había nacido, pero el escritor le respondió “Lo siento, pero en eso yo no tuve nada que ver, no intervine en absoluto”.

Algunas personas creen que los genes responsables del color de la piel, de la forma del cabello, de la forma de los ojos, de la estatura, etc., se distribuyen al libre albedrío a lo largo y ancho de la tierra que habitamos.

Pero sabemos que la frecuencia responsable del color oscuro de la piel crece gradualmente cuando nos desplazamos desde el sur de la Europa Mediterránea, a lo largo del Nilo, o a través del Sahara hasta África central.

También sabemos que la incidencia de los pliegues epicánticos de los párpados (repliegues cutáneos gruesos sobre los ojos), aumenta gradualmente del oeste al este a través de Asía, mientras que la frecuencia del cabello ondulado se incrementa en dirección opuesta, hacia Europa.

Estas distribuciones se denominan “Clinas” y han de entenderse no como resultado de la “mezcla racial”, sino de la evolución.

Antiguamente se creía que las razas actuales habían existido ya en el pasado. Los biólogos anteriores a la teoría de la evolución, creían que las especies no estaban relacionadas entre sí y que cada especie tenía su naturaleza inmutable fijada por Dios.

En la actualidad, el concepto que tenemos de raza lo basamos en los caracteres externos y superficiales, como el color de la piel, la forma del cabello, el color de los ojos, etc. Pero tenemos que tener en cuenta que estos caracteres no dejan huella en los cráneos, ni en los huesos fósiles, que son los que nos indican cómo era el homo sapiens arcaico.

Por lo tanto, es muy difícil saber qué razas existían hace 50.000 años y no podemos comparar las razas actuales con las de nuestros antepasados, porque, probablemente, la mayor parte de nuestros antepasados no fueran ni negros, ni blancos, ni asiáticos, ni nada parecido.

Se han realizado estudios relacionando las diferencias de las distintas razas con la temperatura, la humedad y otros factores climatológicos.

La nariz larga y estrecha de los europeos está relacionada con la necesidad de calentar el aire, que suele ser frío y húmedo, antes de que llegue a los pulmones.

Sin embargo, las personas de los países cálidos suelen tener una nariz corta y pequeña, porque no necesitan calentar el aire que llega a sus pulmones, ya que está lo suficientemente caliente.

Los esquimales suelen ser gordos como una consecuencia de su adaptación al frío extremo, ya que una figura redondeada y gruesa supone un máximo de masa con un mínimo de superficie corporal, facilitando tanto la producción del calor como su conservación, mientras que la máxima pérdida de calor se produce en una figura alta y delgada, es decir, cuando hay un mínimo de masa corporal en una superficie grande. Esta teoría explica, por qué son tan altos y delgados los africanos que viven en regiones de intenso calor seco, como Kenia.

Asimismo, el color de la piel parece debido a procesos adaptativos. Las pieles más oscuras son más frecuentes en zonas subtropicales y tropicales. Sabemos que el color oscuro de la piel está provocado por la melanina. Cuando la piel está bien pigmentada se protege de la penetración de la radiación ultravioleta. En los países donde no hace calor y el sol la mayoría de las veces brilla por su ausencia, las personas no necesitan tener la piel bien pigmentada de melanina, de hecho son bastante blancos.

Esta radiación puede ser beneficiosa o perjudicial dependiendo del tiempo de exposición. Sin una mínima exposición ultravioleta, el cuerpo humano no puede sintetizar la hormona calciferol (vitamina D3) y la carencia de ésta inhibe la absorción del calcio, produciendo raquitismo e impidiendo el crecimiento de los huesos.

Por otro lado, si la exposición a la radiación solar es exagerada puede provocar cáncer de piel. Esto explica el aumento de melanina entre los africanos, por la protección que les supone contra los rayos directos del sol.

Hay, no obstante, algunas distribuciones anómalas del color de la piel, por ejemplo, entre asiáticos y esquimales emigrantes que mantienen la misma pigmentación vivan donde vivan, cuya explicación, según Marvin Harris, puede deberse a los efectos de la “selección cultural”, más que a los de selección natural. En efecto, si algunas poblaciones adoptaron el patrón estético de “lo negro es hermoso” y otras de “lo blanco es hermoso”,  una vez iniciado este proceso de selección cultural, tendría un efecto en el incremento de porcentajes de negros o blancos muy superiores a los que se obtendrían por la selección natural.

En cualquier caso, ninguna población posee un paquete de caracteres inmutables (que se transmiten sin variación) como se defendía en el concepto tradicional de “raza”, ni está compuesta de individuos “pura sangre”. Y, además, la antropología no cree que la voluntad de los individuos pueda modificar las creencias y las prácticas culturales que estén profundamente condicionadas y, de hecho, viene a decir que: “Para cambiar el mundo hay que tratar primero de comprenderlo”.

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