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VALORA TU PERSONA marzo 31, 2010

Posted by auroradelprado in Valora tu persona.
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DESNUDAS

La perfección humana no existe. La mayoría de las  personas saben perfectamente cuáles son sus defectos y aprenden a vivir con ellos tratando de mejorarlos, porque todo se puede mejorar. Pero como, además de los defectos, tenemos también cosas positivas, es importante magnificar lo bueno y minimizar lo malo, ya que si nos fijamos más en lo que tenemos bien, lo que no está tan bien parecerá más pequeño; es como si decreciera.

Por otra parte, no hay que elevar esos defectillos que todos tenemos a la categoría de obsesiones o de complejos, entre otras cosas porque hacerlo lleva a que la persona se desequilibre emocionalmente y se bloquee, no permitiéndole ser ella misma, limitándola y deteriorando al mismo tiempo sus relaciones con los demás, sus habilidades sociales.

Por ejemplo, algunas personas son tan ingenuas, tan inocentes, que van pregonando a los cuatro vientos sus defectos, sin darse cuenta de las consecuencias lamentables que ese tipo de sinceridad suele tener; yo la suelo llamar “sincericidio”.

María, 24 años, al salir de la ducha observó a través del espejo que en sus muslos comenzaban a aparecer signos evidentes de celulitis. Empezó a preocuparse y en el trabajo, cuando estaba reunida con sus compañeras, se le ocurrió contarles lo que le obsesionaba. No tenía ninguna obligación de expresar a nadie su malestar por la celulitis, pero en su ingenuidad, hizo partícipes del mismo a todas sus compañeras de oficina. En numerosas ocasiones, lamentablemente, contar los propios defectos a los demás trae como consecuencia que te identifiquen con tales defectos.

La naturaleza humana generalmente es así. Muchas personas se sienten reconfortadas con los defectos de los demás, y aunque saben que ellas también los poseen, no tienen reparos en hablar de los problemas de los demás, sintiéndose así de alguna manera a salvo.

En este caso, María se ha arriesgado a que un día en el que haya una reunión de todo el personal de la empresa, a alguna de sus compañeras se le ocurra preguntar por su celulitis, o hablar delante de todos de su complejo. Esta situación incómoda molestará a María y entonces se arrepentirá de haber confesado su problema y aprenderá que, aunque no todas sus amigas sean imprudentes, siempre habrá algunas que no calculan el daño que pueden hacer sus comentarios inapropiados, ridiculizando y humillando a la persona aludida.

Por tanto, hemos de tener cuidado a quién damos información sobre nuestra persona, y en particular sobre nuestra imagen, porque muchas veces lo que contamos a otros, esperando que nos comprendan, puede ser utilizado en contra nuestra, desestabilizándonos y creándonos desasosiego.

Hoy día, las personas son mucho más exigentes con la imagen que las generaciones pasadas. Creemos que es algo muy importante y casi todas las personas suelen cuidarla. Entre otras cosas es como nuestra tarjeta de visita de cara a los demás: “una imagen vale más que mil palabras”. La imagen dice muchísimo de una persona: si es ordenada, si es alegre, si es tímida o atrevida, etc., y ello incrementa la preocupación por nuestro aspecto físico, en particular, en el caso de las mujeres. No olvidemos que, desde siempre, las mujeres son “las deseadas” y los hombres “los deseantes”. Y, así, la mujer, por lo general, se arregla mucho más que el hombre, se preocupa mucho más por la dieta y está dispuesta a hacer sacrificios enormes para mejorar su aspecto físico, todo esto está potenciado por los medios de comunicación considerablemente.

Un estudio australiano que se realizó en el año 2008, en mujeres entre 13 y 28 años, demostró que el 86% de ellas se mostraban descontentas con su aspecto y se planteaban cualquier opción, incluida la cirugía, para cambiar de aspecto.

Entre las mujeres que están en desacuerdo con su físico, hay algunas que se quejan constantemente sobre lo que para ellas son imperfecciones de su cuerpo, y esto acaba con la líbido de la mayoría de los hombres. Se preocupan en exceso porque sus muslos son demasiado gruesos, o por sus estrías, o por el típico rollito que se instala precisamente en sus cinturas, o por los puntos negros en la nariz, o por sus enormes traseros o pequeños pechos, etc., pero no saben que cuando un hombre está interesado por  una mujer va a ver en ella, siempre, sus características físicas más deseables y que, para él, las imperfecciones que ella tenga no existen. Cuando a un hombre le gusta una mujer, y aquí la naturaleza tiene mucho que ver, la dopamina, y otro tipo de hormonas como la oxitocina, lo mantendrán tan drogado que cualquier defecto de ella le pasará desapercibido, como por arte de magia.

Por otro lado, los hombres valoran mucho la seguridad en una mujer, por tanto, lo que suele desencantarles no es el tamaño de alguna de las partes de su cuerpo, o sus contornos, sino el grado de inseguridad de la mujer sobre la percepción que posee de su propio cuerpo. Una mujer que va hablando de sus complejos, en realidad, está echando tierra sobre su propio tejado y pierde totalmente atractivo e interés para el hombre. Y es que todos debemos valorar primero nuestra persona, porque si no lo hacemos, no podemos tampoco esperar que los demás nos valoren. Si nosotros no nos queremos, no podemos esperar que los demás nos quieran. Es así de simple.

Y  no olvidemos que, al mismo tiempo, debemos resaltar siempre la Calidad Humana, que está por encima de las diferencias, de la belleza, de la riqueza, e incluso de la inteligencia.

Así que, por tu bien, ¡¡VALÓRATE!!